El cinismo – recordemos, no es equivalente a hipocresía, sino lo contrario, pues el primero corresponde a desfachatez y, el segundo, fingimiento, disimulo, falsedad – del abogado defensor de Cristián Labbé, Cristián Espejo, “llega a un grado heroico”, como decía el historiador Francisco Antonio Encina, al sostener, ante la Corte de Apelaciones de San Miguel, que su defendido sólo cumplía labores de profesor de gimnasia, asignadas por el ejército, en unas cabañas ad hoc, expropiadas por el jefe de la DINA, Manuel Contreras. Al abogado Espejo sólo le faltó decir que su defendido nunca había pisado el regimiento de Tejas Verdes, lugar donde se reclutaron muchos agentes de esa temible institución.

En colmo del cinismo, el abogado “prorrumpe en llanto”, tal vez para impresionar a la Corte, y solicita que la fianza sea reducida de $200.000 a $50.000, pretextando que el coronel Labbé es un pobre jubilado, actualmente cesante, pues también fue despedido de la Universidad Finis Terra, donde impartía la cátedra de ciencia política – sepa Dios qué tonterías e insensateces transmitiría a sus alumnos -.

Tanta pena da la situación de miseria de este gran docente de la Universidad de los “millonarios” de Cristo que no sería mala idea convocar a una colecta nacional para pagar la fianza, a estas alturas por un monto de $500.000, según dictamen de la Corte de Apelaciones de San Miguel. ¡Cuánta razón tiene el presidente de la Unión Demócrata Independiente, pues es verdad que en Chile no hay igualdad ante la ley, ya que a los pobres militares, que sólo hicieron caricias a los “terroristas” marxistas, se les juzga con saña y no se les aplica la ley de amnistía y la prescripción!

En Chile, la cárcel es solamente para los “rotos”, en consecuencia, nunca irá estos lugares ni los caballeros, ni los curas pedófilos, ni los milicos, ni los cómplices pasivos; para estos últimos personajes de la vida nacional, si es que alguna vez son condenadas a algunos días de pena aflictiva, hay cárceles-hoteles – Punta Peuco -, conventos en las altas cumbres – donde se almuerzan niñitos muertos -.

Un caballero nunca comete delitos, sino pequeños errores, y lo máximo que les podría ocurrir sería verse reconvenidos por el geronte mayor de la casta.

Volviendo al caso del ex alcalde de Providencia, según su abogado, es cierto que su defendido estuvo en la planta de la DINA, pues también incluía a los numerosos guardaespaldas del tirano Augusto Pinochet, sin embargo, “antes de pertenecer a la guardia del presidente” – palabra muy respetuosa para dirigirse a un dictador -, el entonces teniente sólo se limitó a hacer clases de gimnasia a los oficiales, a fin de que pudieran mostrarse esbeltos y bellos hombres.

Cuando el periodista pregunta al abogado Espejo, en una de las entrevistas de Prensa, sobre el asalto a las oficinas de Javier Rebolledo, autor del libro El despertar de los cuervos, se hace el desentendido y, posteriormente, se dedica a desacreditar a las víctimas, que han dado su testimonio en contra de Labbé.

Así como Pinochet pidió joyas, destinando su valor a la “reconstrucción nacional” y posteriormente, sus seguidores aportaron dinero para cubrir los gastos de su residencia en Londres, bien podría ahora la derecha hacer otro tanto en favor del ex coronel Cristián Labbé, que “tantos servicios ha prestado a la causa de la libertad de Chile”.

23/10/2014