Hiroshima y Nagasaki: la sangre facturada

 

Los estallidos de Hiroshima y Nagasaki más que por razones militares estratégicas fueron impulsados por los intereses comerciales de las multinacionales del Complejo Militar Industrial norteamericano, en especial las armamentistas, que cuentan con un lobby militar permanente en la Casa Blanca. La carrera armamentista (nuclear, convencional y espacial), cuyo presupuesto hoy supera el billón de dólares, tuvo su punto de partida en Hiroshima y Nagasaki. Cómo se articuló y quienes son los que lucran con el «negocio nuclear».

Los estallidos de Hiroshima y Nagasaki -así lo demuestran las investigaciones independientes- más que por razones militares estratégicas fueron impulsados por los intereses de las corporaciones del Complejo Militar Industrial norteamericano, en especial las armamentistas, que cuentan con un lobby militar permanente en la Casa Blanca.

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki no fueron arrojadas para «evitar más muertes» ni para precipitar la «rendición» del Japón: fueron lanzadas para iniciar la carrera armamentista (y consecuentemente el incremento sideral de la tasa de ganancias de las corporaciones del Complejo Militar Industrial que financiaron el proyecto de bombardeo), y lanzar un alerta amedrentador a la Unión Soviética, la otra potencia con capacidad nuclear.

El genocidio aterrador de Hiroshima y Nagasaki le sirvió a los bancos y corporaciones (amparados por el Estado Nacional norteamericano) para instalar la carrera armamentista y la carrera espacial debajo de los acuerdos de «coexistencia pacífica» que mantenía al poder nuclear como efecto «disuasivo».

El marco nuclear de la «coexistencia pacífica» (además de alimentar el negocio de las corporaciones aeroespaciales) sirvió de cáscara para desarrollar la confrontación por «áreas de influencia» entre EEUU y la URSS durante la Guerra Fría, mediante la cual la «industria de la guerra» (convencional y nuclear) facturó ganancias en armamento cuyo presupuesto mundial hoy supera el billón de dólares.

En términos prácticos, y en números, la masacre nuclear de Hiroshima y Nagasaki sirvió a las trasnacionales y bancos para instalar la industria y la financiación del armamentismo (nuclear y convencional) tomado como «efecto disuasivo» para «evitar que sucedan» otras tragedias similares.

La carrera armamentista (nuclear y convencional) alimenta los contratos y las ganancias de los consorcios agrupados en ese monstruo llamado Complejo Militar Industrial norteamericano.

En su último informe Project on Government Oversight (POGO, Proyecto de Supervisión Gubernamental), un grupo con sede en Washington que vigila el gasto militar, señaló que, entre enero de 1997 y mayo de 2004, sólo 20 grandes proveedores recibieron más del 40 por ciento de los 244.000 millones de dólares en contratos del gobierno federal estadounidense.

Entre los consorcios que se benefician en primer lugar de esta práctica se cuentan Lockheed Martin, la gigante aeroespacial Boeing, Northrop Grumman, contratista de la Fuerza Aérea, Raytheon, y General Dynamics.

Boeing, fabricó los bombarderos que transportaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki, e integró el «lobby militar» que promovió e impulsó el proyecto compuesto entre otros por, Carnegie, Dupont, Westinghouse, Union Carbide, Tenesee Eastman, Kellogg, y Monsanto.

*Fuente: IAR Noticias

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