Eusebio Leal, hasta siempre

En tiempo en que nuestro país Chile, parece estar cayendo a pedazos, se nos presenta el desafío de concebir propuestas concretas, pero con mirada larga, de solución a los miles de problemas que enfrenta nuestra sociedad. En las condiciones increíblemente duras creadas por un bloqueo imperialista que ya dura 60 años, hombres como Eusebio Leal se han convertido en maestros para aquellos que quieren construir una sociedad más justa, más humana, mas nuestra, incluidos nosotros, los habitantes de esta larga y angosta faja de territorio. Como escribe ese gran Latinoamericano, José Martí, «Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!«

 

Si acepta una recomendación, vea y escuche con atención lo que dice el entrevistado, Eusebio Leal, antes de leer los artículos que otros han escrito sobre él.

 

Eusebio ya vivía en la eternidad

Eusebio Leal y Silvio Rodríguez (1984)

Con su partida nos quedamos más huérfanos de mujeres y hombres patriotas y revolucionarios que no sienten ni actúan por esquemas prefabricados, hombres y mujeres de caracteres disímiles, aunque de humanidades coherentes, en quienes las ideas no son pretexto de penitencia (propia y ajena) sino de emancipación y conocimiento.

Lamentablemente cada vez son menos. Conforman una estirpe de la que todas las ortodoxias desconfían. Son vidas que no están signadas por el afán de supremacía sino por el ecumenismo y la inclusión.

Haydee, Aida y Adita, Alfredo, Armando, Eusebio y muchos nombres propios que en sus a veces ignorados frentes no vieron el mundo en blanco y negro sino en tonalidades capaces de nutrir la infinita paleta de la gran causa humana.

Debiéramos pensar en la falta que nos hacen personas como Eusebio. Debiéramos pensar en si estamos formando a mujeres y hombres que den continuidad a su trabajo y al trabajo de otros colosos que se nos han ido. Debiéramos pensar si estamos alentando espíritus rebeldes, indagadores, que peleen su derecho a crear y a servir a su prójimo, como lo hizo Eusebio.

Pensar en eso y actuar en consecuencia es la única forma de hacer en algo reparable una pérdida tan grande. Pensar en eso y actuar en consecuencia es lo único que nos hace dignos de nombrarlo.

Silvio Rodríguez

*Fuente: Segunda Cita

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Eusebio Leal, hasta siempre

La partida de Eusebio Leal deja una enorme pérdida para la cultura y la Revolución cubanas. Hombre de corazón noble, abierto a lo diferente, capaz de apreciar los matices y el valor de la unidad en la diversidad, con cualidades creativas verdaderamente excepcionales, no dio tregua a los enemigos de Cuba. Fue un combatiente decisivo en la defensa, no solo del patrimonio cultural tangible de La Habana y de todo el país, sino de la identidad nacional. Íntimo conocedor del pensamiento de Martí y de Fidel, supo extraer de ellos el método para volcar las más valiosas esencias de la historia nacional y latinocaribeña en los nuevos valores e ideas que hoy sustentan la construcción cubana del socialismo.

Activo diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, todavía resuenan en los oídos de muchos cubanos y cubanas la apasionada defensa de la ley de los símbolos patrios que hizo ante ella. De esos raros hombres de elaborado pensamiento y gran capacidad de acción, unidos a una extraordinaria sensibilidad al dolor del prójimo, Eusebio nació en un hogar muy humilde del proletario municipio de Centro Habana. De niño sufrió severas privaciones materiales. Años después recordaría, todavía con dolor, cómo esperaba con añoranza unos soldaditos de plomo los días de Reyes que su querida madre no podía proporcionarle.  En medio de aquellas estrecheces tampoco consiguió terminar la educación básica. De modo que solo a fuerza de un gran sacrificio personal y gracias la Revolución pudo ingresar a los nuevos cursos nocturnos para trabajadores de la Universidad de La Habana, donde más tarde concluiría estudios doctorales en ciencias históricas.  Trabajador incansable, ya en esa época había transitado de recaudador de impuestos del gobierno de la ciudad a defensor ardoroso del patrimonio cultural y discípulo del venerable historiador Emilio Roig de Leuchsenring, director de la Oficina del Historiador de La Habana.  Él sería el sustituto de Roig en esa responsabilidad y con su desbordante imaginación y, a veces, sus propias manos, restauró el Palacio de los Capitanes Generales, para convertirlo en Museo de la Ciudad en 1968.

Una tarde de 1971 tuve el privilegio enorme de que me diera un recorrido por las salas del museo, donde pude apreciar sus concepciones sobre la identidad como fenómeno dialéctico, cuyo corazón, en aquellas instalaciones, lo formaban los espacios dedicados a las luchas independentistas contra el colonialismo español pero también los simbólicos restos del águila imperialista derribados del monumento a las víctimas del acorazado Maine, cuya explosión y hundimiento en el puerto de La Habana fueron tomadas como pretexto por el gobierno de Estados Unidos para su intervención militar en Cuba de 1898. A partir de allí nos unió la amistad y la fecunda cooperación entre el museo y la revista Bohemia, que yo dirigía.

De aquel museo fue irradiando una febril actividad para crear conciencia sobre los valores arquitectónicos de la capital, pero también sobre los hechos y figuras imprescindibles de la historia patria: Varela, Martí, Maceo, Céspedes. Es la época en que conduce el magnífico programa “Andar La Habana”, de las conferencias multitudinarias en el Anfiteatro de La Habana.  En 1981 Eusebio recibe de Fidel la encomienda del rescate del centro histórico de La Habana. Muy pronto comienzan los trabajos de restauración de las Plazas de Armas, de la Catedral y de la Plaza Vieja, así como de calles de gran valor histórico como San Ignacio, Mercaderes y Obrapía y el Convento de San Francisco. En la actualidad deben añadirse el Teatro Martí y el gigantesco rescate del Capitolio Nacional.   En 1982 el centro histórico y el sistema de fortificaciones son inscriptos por la UNESCO en el registro del Patrimonio Mundial. Restaurar todo este magno conjunto arquitectónico será tarea de Eusebio hasta el día de su muerte, obra en la que dejó un avance muy notable y formó un conjunto de cuadros técnicos capacitados y compenetrados con sus concepciones y estilo de trabajo.

También miles de obreros calificados en oficios antes perdidos. Realizó en la zona una labor social de gran envergadura pues para él la restauración no era solo de las piedras sino de las almas. Instaura allí valiosos programas para proteger a las personas de la tercera edad, a los niños con discapacidad, a las mujeres embarazadas, para dotar de vivienda digna -un gran reto me dijo en una ocasión- a los residentes, que ha supuesto hasta ahora la rehabilitación de 4 mil y la edificación de 2 mil viviendas nuevas.

Eusebio gozó de la amistad y del apoyo de Fidel y de Raúl. Silvio Rodríguez ha dicho de él y de otros que ya no están: “Conforman una estirpe de la que todas las ortodoxias desconfían. Son vidas que no están signadas por el afán de supremacía sino por el ecumenismo y la inclusión”. Personas así necesita mucho la Revolución. El pueblo colgó sábanas blancas en las calles habaneras para honrar al muerto. Tal vez nada lo defina tan exactamente como esta dedicatoria de Fidel: Al más leal de los leales.

Angel Guerra
Twitter:@aguerraguerra

*Fuente: AlaiNet

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Eusebio Leal Spengler, el historiador

La información sobre el reciente deceso del historiador cubano Eusebio Leal Spengler ha impactado al mundo de las artes y la cultura, obviamente en su país natal así ha ocurrido y en muy diversas otras latitudes.

Eusebio en sus dominios como historiador de la Ciudad Habana fue un cubano de excelencia, sus virtudes como tal merecieron reconocimiento internacional.

Como se sabe, la capital cubana ha cumplido 500 años desde su fundación, urbe que destaca por su belleza, por su historia, y la cordialidad y alegría de sus habitantes.

Parte de la inmensa obra que desarrolló el notable historiador fue la restauración de centenarios edificios y lugares de la ciudad. Fue ésa su esencial tarea. Recuperó para el uso y disfrute de compatriotas y visitantes de otras naciones, espacios muy diversos en el área de lo que se entiende por patrimonio cultural de los pueblos.

Eusebio Leal nos ha dejado físicamente a sus 77 años. Su obra y su recuerdo permanecerán en su pueblo, y en nacionales de otras latitudes que tuvimos el honor de conocerlo directamente.

Fue por el año 1991 … que tuve oportunidad de visitar la capital de Cuba. En esa ocasión conocí al Historiador de la Ciudad.

Me encontraba de visita en la Universidad de La Habana, por invitación que se me había cursado en mi condición de dirigente internacional docente – Secretario para América Latina y el Caribe, de la histórica Federación Internacional Sindical de la Enseñanza, FISE, fundada en París en 1946 -.  En la circunstancia se hallaba también en el lugar el recordado historiador.

La experiencia que narro se refiere a la gentileza de Eusebio de invitarme durante una tarde por distintos lugares de inmenso valor histórico-patrimonial  de la capital cubana. Me explicó tantas cosas. Sus palabras, sus indicaciones fueron para mí un verdadero caudal de datos y de extraordinarias enseñanzas. Aprendí entonces que nuestras ciudades han de tener historiadores.

Eusebio Leal ha fallecido este viernes 31 de julio, producto de una enfermedad.

A él se debe la restauración de muy importantes sitios de Ciudad Habana, lugares que han sido declarados por UNESCO Patrimonio cultural de la Humanidad.

Este recuerdo, reconocimiento y gratitud es a un ilustre ser humano de una vastísima cultura.

Carlos Poblete Ávila,

Profesor de Estado.

 

Chile, Agosto 1 de 2020.

 

 

 

 

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