Una nueva coalición política con vocación transformadora debe surgir del estallido social

DECLARACIÓN PÚBLICA

Sobre la sentencia de la Corte de Apelaciones de Santiago que declara arbitraria la exclusión del MDP de la Mesa Nacional del Frente Amplio, y nuestra decisión de retirarnos de una coalición que ya no existe.

El Movimiento Democrático Popular (MDP) es un movimiento constituido tras las elecciones primarias del Frente Amplio de 2017, buscando articular a independientes y sectores de izquierda adherentes al programa de Alberto Mayol, precandidato presidencial en esas primarias, quién obtuvo sobre los 100 mil votos.

Siendo parte del Frente Amplio desde sus inicios, formalizamos nuestra incorporación a su Mesa Nacional, máxima instancia de decisión política del conglomerado, a fines de agosto de 2017.

Nuestra exclusión de la Mesa Nacional del Frente Amplio

A principios de 2019 comunicamos a la Mesa Nacional una posible situación de corrupción que podía involucrar a un grupo de ex militantes del PPD que buscaban ingresar a nuestro movimiento. La MN no solo omitió pronunciarse al respecto, tomando una riesgosa decisión ética para una coalición que buscaba diferenciarse de las prácticas de la derecha y la ex Nueva Mayoría, sino que, con fecha 10 de mayo, se nos excluyó de ese espacio, negándosenos nuestros derechos políticos como organización integrante del FA. No solo eso, consideramos entonces esta decisión como una forma indirecta en que sectores del FA buscaron aislar políticamente a Alberto Mayol, quién había manifestado una postura crítica al derrotero de la coalición durante los dos años transcurridos de su institucionalización parlamentaria.

La defensa de los principios políticos del Frente Amplio

Los primeros días de junio interpusimos un recurso de protección ante la Corte de Apelaciones de Santiago, ya que consideramos que la MN había actuado de manera ilegal y con arbitrariedad. Y aunque ocho de las hasta ese momento 10 organizaciones integrantes del FA votaron a favor de excluirnos de la Mesa, entendimos que esta era otra expresión de un proceso de concentración del poder, de hegemonismo y de exclusión que iba a terminar afectando a varias de ellas, dañando tanto la pluralidad del FA como su proyección como coalición política.

Con este recurso judicial intentábamos no solo defender nuestra propia posición, sino también sostener uno de los principios constitutivos del FA: La unidad en la diversidad de las fuerzas del cambio, con vocación participativa, democrática y plural.

Desde el principio, nuestra participación en el FA surgió de la decisión de aportar a la constitución de una nueva coalición política, social y cultural que se constituyera en el eje de articulación, en el agente político, de un nuevo bloque histórico en el país, que iniciara las transformaciones democráticas y anti neoliberales que el movimiento social venía exigiendo con fuerza, desde que se iniciara el desacople de la economía nacional de los grandes grupos económicos, se abrieran las profundas fisuras sociales que fracturan todo nuestro territorio, y el neoliberalismo entrara en una fase de declinación y estancamiento.

Desde el principio también, fuimos conscientes que la composición social de varias de las organizaciones emergentes del FA reproducía el encapsulamiento y la falta de contacto con la realidad de las mayorías del país que afectaba a las dos coaliciones políticas que habían administrado el país los últimos 30 años, por lo que era fundamental incorporar también la perspectiva de las y los trabajadores, sectores populares y movimientos sociales en el FA, para que pudiera transformarse en una efectiva alianza pluriclasista y pudiera avanzar en el cambio en la matriz productiva en medio de la emergencia climática y ambiental, el establecimiento de derechos sociales universales y una serie de necesarias reformas democráticas.

La Corte de Apelaciones nos dio la razón

Con fecha 8 de enero de 2020, la Sexta Sala de la Iltma. Corte de Apelaciones de Santiago acogió el recurso de protección que presentamos contra la decisión de la Mesa Nacional del Frente Amplio, dándonos la razón.

La sentencia señala que nuestra exclusión de la MN fue una discriminación arbitraria, sin sustento racional, ni apegada a los propios estándares que el mismo FA se había dado, imponiéndonos condiciones distintas al resto y vulnerando nuestras garantías constitucionales de igualdad ante la ley. Por esto, el tribunal ordena a la MN volver a calificar nuestro ingreso.

Queríamos establecer un hecho, y lo establecimos, al punto que la Mesa nacional no apeló la sentencia de la Corte de Apelaciones, reconociendo haber actuado arbitrariamente.

Pero la MN del FA no ha entendido nada

De acuerdo a nuestras expectativas, la Mesa Nacional del Frente Amplio volvería a incurrir en la misma práctica arbitraria, irracional y ad hoc al dar cumplimiento a la orden dada por el tribunal.

Esto lo formalizaron el 22 de enero recién pasado, argumentando personalismos y hostilidad de nuestra parte, que harían dudoso que actuáramos privilegiando el FA, y que “partidos políticos en expansión, por un lado, y un movimiento en constante debilitamiento, por otro lado, no pueden participar de la dirección de una coalición en las mismas condiciones”.

Creemos que la actuación del diputado Gabriel Boric el 15 de noviembre es un buen ejemplo de personalismo, que la actitud de quienes firmaron el acuerdo hacia otras fuerzas políticas del FA que no aceptaron “cocinar” con ellos, es una buena muestra de hostilidad, y que quebrar al FA ciertamente no es privilegiar la coalición. Adicionalmente, Convergencia Social, tras la firma del acuerdo, demuestra que un partido en constante debilitamiento sí puede participar en una coalición en similares condiciones al resto, por lo que nuevamente se nos imponen condiciones distintas al resto.

Sin embargo, aunque después de nuestra expulsión de la MN nos mantuvimos en los espacios comunales para nosotros ya no tiene ningún sentido participar en el Frente Amplio. Este no solo no es el mismo, en términos de su configuración, sino que ya no existe, en términos sustantivos, como proyecto.

Es más, creemos que la vulneración de los principios programáticos del FA, expresados en el Programa de Muchos, constituye, en el mejor de los casos, una deshonestidad, y en el peor, una traición al electorado frenteamplista y al pueblo chileno, comenzando por la relativización del primer punto del programa del Frente Amplio: La Asamblea Constituyente para una nueva constitución.

“Cómo construimos esa nueva constitución es tan importante como el contenido final de esta. Dice tanto de nosotras y nosotros como el resultado final”, señala el Programa de Muchos, y el camino escogido por los cuatro partidos a los que hoy se ha reducido el Frente Amplio diverge del que ha escogido nuestro propio pueblo.

El Frente Amplio al que apostamos como proyecto ya no existe

La diferencia entre una y otra decisión arbitraria de la Mesa Nacional, estriba en que en mayo de 2019, gracias a su diversidad, el Frente Amplio era una entidad política viva, que representaba distintos sectores y sensibilidades de nuestra sociedad, que integraba a independientes y articulaba 11 organizaciones políticas más o menos comprometidas con un proyecto democrático y anti-neoliberal, y que se proyectaba como una potente tercera fuerza política en el país, con una proyección que crecía en forma inversamente proporcional a la decadencia de la ex Nueva Mayoría y la derecha.

En enero de 2020, el Frente Amplio es apenas una marca electoral, una entidad política con muerte cerebral, vaciada de contenido transformador, carente de la altura moral que marcó su nacimiento, donde la diversidad y la vocación participativa, democrática y plural fueron mutiladas por cuatro de sus partidos y

ofrecidas en sacrificio al partido transversal del Orden, precisamente en la coyuntura política más importante de los últimos 30 años y donde el FA tendría que haber demostrado su compromiso real con las más amplias mayorías y con la superación del neoliberalismo y la democratización de nuestro país.

La parlamentarización del FA, a la vez de invisibilizar a las organizaciones sin representación parlamentaria y descartar a los independientes, lo entrampó en las disputas superestructurales, pensando que la acumulación y la correlación de fuerzas se restringe a los espacios construidos por la oligarquía y olvidando que cualquier proceso de transformación pasa por la movilización, politización y organización de las mayorías, lo que implica un esfuerzo por la construcción de recursos de poder político en los límites y también fuera de los circuitos institucionales establecidos.

Particularmente, cualquier proceso de transformación en Chile pasa por atender los intereses y preocupaciones del sector social mayoritario del país, que son sus trabajadoras y trabajadores. Estos fueron permanentemente relegados, al absurdo de que las y los dirigentes sindicales del Frente Amplio tuvieran que hacer lobby con sus propios parlamentarios.

Este proceso de coopción institucional provocó que el Frente Amplio progresivamente perdiera su vínculo con las organizaciones del movimiento social, al punto no solo de darles la espalda, después de respaldarlas públicamente, al concurrir Revolución Democrática, Comunes, el Partido Liberal y el diputado Boric a la firma del acuerdo de gobernabilidad y nueva constitución en la medida de lo posible, sino de terminar entregando a las miles y miles de personas movilizadas por derechos sociales a lo largo de todo el país a las nuevas leyes de criminalización de la protesta, que ya desde el gobierno de Piñera I y Bachelet II se venían imponiendo y han terminado por consagrarse como el núcleo duro de política legislativa de este gobierno, representando los intereses de la oligarquía, que defenderá sus privilegios como lo ha hecho históricamente en el país.

El problema no son todas las votaciones y negociaciones en el parlamento. Precisamente fue un triunfo para el FA que en su primera elección obtuviera 20 diputadas y diputados y un senador. El tema es que algunas votaciones y negociaciones son más relevantes que otras. Algunas, son fundamentales. Precisamente, aquellas donde demostramos que tenemos una perspectiva distinta de sociedad respecto a los sectores neoliberales, y que son además aquellas que nos definen como oposición frente a las políticas impulsadas por la derecha cavernaria.

Este hito fue y será siempre inaceptable, y marca la muerte del Frente Amplio como proyecto político viable y creíble.

Mismas prácticas, mismos vicios

En la etapa actual del proceso de transición entre un bloque histórico en descomposición y un nuevo bloque histórico en construcción, ni las organizaciones emergentes de la derecha lograron escapar al secuestro programático de la UDI, ni las organizaciones emergentes de la centro-izquierda a las prácticas clientelares de la ex concertación.

Al igual que le sucedió a la izquierda tradicional durante gran parte del siglo XX, el

esfuerzo de unidad que significó el FA, en función de avanzar en transformaciones democráticas y antineoliberales, se diluyó en un esfuerzo de concentración política y diferenciación clientelar marcado por los ciclos electorales, perdiendo su direccionalidad estratégica. Por eso le ha sido tan fácil a RD y Comunes incorporar paquetes completos de militantes provenientes de la ex concertación (PS, PPD), ya que cada uno de ellos trae una cartera de adherentes que ha sido puesta sobre la mesa para reconvertirse en frente amplistas de última hora, que no comparten principios programáticos comunes sino intereses de corto plazo, donde el FA es (o era) solo una tabla de salvación ante la crisis y deslegitimación de sus partidos de origen.

La sustitución de la voluntad transformadora por una vocación administrativa, burocrática, de mero control u operación en los espacios de poder institucionales, también ha llevado a que en la interna de algunos partidos los privilegios asociados al cargo parlamentario hayan sido utilizados para instalar protegidos en desmedro de liderazgos locales (por ejemplo, de cara a las elecciones municipales) y afianzar espacios de poder orgánico, transformando a militantes en funcionarios y desplazando el funcionamiento democrático de las localidades por la administración de redes cuyo centro son las y los parlamentarios.

Aceptar estas prácticas ciertamente pone en juego la propia credibilidad, legitimidad y distancia ética de las organizaciones que quedan en el FA, respecto a los modos de hacer política de la ex Nueva Mayoría, de los que se supone el Frente Amplio era crítico.

De esta forma, quienes prometían llegar a renovar una forma de hacer política moribunda, deslegitimada y corrupta, han demostrado ser solamente más de lo mismo.

Una nueva coalición política con vocación transformadora debe surgir del estallido social

En Chile la fractura político social e institucional dejó inmovilizados a todos los partidos políticos que aún no comprenden ni dimensionan los acontecimientos post 18 de Octubre. Los partidos progresistas y de izquierda no fuimos la excepción.

El país completo se desplazó de la lógica de articulación político-institucional entre izquierda-centro-derecha, a una lógica de articulación político-social entre pueblo y oligarquía, mayorías abusadas versus minorías abusadoras. Es por esto que la agenda política está siendo marcada por las y los estudiantes secundarios, por las feministas, por el movimiento No + AFPs, por los movimientos socio-ambientales como Modatima o No Alto Maipo, entre muchos otros, y en general por la población movilizada en las ciudades y comunas del país, incluyendo a la primera línea, siendo en conjunto con la extensión de los cabildos, asambleas y coordinaciones territoriales, la expresión del mayor proceso de politización popular que ha vivido nuestro país en toda su historia.

En este contexto, asentado jurídicamente el hecho de que la Mesa Nacional del FA actuó de manera arbitraria y poco democrática, que consistentemente sus parlamentarias y parlamentarios han actuado de manera errática, cuando no derechamente como custodios del modelo, y que Revolución Democrática, Comunes, el Partido Liberal y Convergencia Social decidieron restringir el Frente Amplio al fortalecimiento y consolidación excluyente de sus propias orgánicas, no tiene sentido para nosotras y nosotros insistir en ser parte del velorio del Programa de Muchos y del proyecto frenteamplista democrático y anti-neoliberal.

Creemos que la transición hacia un nuevo bloque histórico requiere una amplia alianza de clases, movimientos sociales y partidos políticos que viabilicen una nueva institucionalidad democrática y un cambio profundo de la matriz productiva del país. Si se persiste en mantener la opresión neoliberal, el destino de cualquier gobierno, ya está escrito: continuar la espiral de violencia contra las y los trabajadores. Esa nueva alianza se debe sustentar en un proyecto político compartido, que le dé sentido a las distintas formas de lucha y de acumulación de fuerzas que impulse nuestro pueblo.

Esta fase de transición, cuando se están dando importantes procesos de politización y auto organización en la base misma de nuestra sociedad, implica que todo el espectro político será impactado por estos procesos. Nos situamos equidistantes de una izquierda paralizada, que se omite de los procesos impulsados por el propio pueblo, y no aspira a disputar los contenidos de la lucha política, así como de todos aquellos sectores políticos, que por un cálculo estrecho de poder terminan alineándose con los poderes fácticos de siempre.

Como Movimiento Democrático Popular nuestra prioridad es seguir participando en las movilizaciones sociales, los movimientos sociales y en los procesos democráticos de base que se están desarrollando en todo el país, y construir un instrumento político que contribuya a fortalecerlos y potenciarlos. Es por esto que apoyaremos todo acuerdo que facilite la participación democrática vinculante y soberana de las mayorías, y cuestionaremos y combatiremos todo lo que afirme, apuntale y perpetúe la situación de abuso y corrupción que nos ha llevado a la situación límite en que se encuentra nuestro país. Todo aquello que busque restringir, limitar, contener o domesticar la participación democrática vinculante y soberana de las mayorías, sobre todo en un momento histórico crítico en que la resolución urgente de nuestras demandas políticas, económicas, sociales, socioambientales y culturales, debe abordarse en pleno despliegue de un punto de inflexión civilizatorio, provocado tanto por el desarrollo tecnológico como por la emergencia climática que nos afecta.

Esperamos encontrarnos en las luchas actuales y las que vendrán con todas y todos los militantes de los partidos con quienes formamos el Frente Amplio en comunales y frentes, ya que siempre distinguiremos y reconoceremos el trabajo y compromiso de aquellos que luchan junto a las mayorías, sobre todo en estos momentos que tenemos por adversario a un gobierno que le ha declarado la guerra a nuestro propio pueblo, y que en su delirio criminal ensombrece nuestro país cada día con más muerte, represión y violaciones a los derechos humanos.

Santiago, 29 de enero de 2020.

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