Pacto por un Nuevo Chile

1. EL «ESTALLIDO»Y LAS DEMANDAS

Rodolfo Parada, Foto de Esteban Garay

Es claro que detrás de las demandas sociales urgentes (pensiones, salud, educación….), lo que el pueblo está pidiendo es un cambio de sistema, lo que significa :

1) SALIR DE LA POLÍTICA ULTRALIBERAL en la que todo es un negocio (pensiones, salud, educación, vivienda, agua, riquezas naturales, etc.). El Estado debe garantizar los derechos básicos de la ciudadanía y recuperar su rol de regulador de la economía real y financiera

2) RENOVAR LA DEMOCRACIA a través de una participación constante de la ciudadanía. Ya no es suficiente votar cada cierto número de años, se trata de articular la expresión directa y participativa con las Instituciones representativas (evaluación de los elegidos, mandato revocatorio, paridad de género, peticiones vinculantes, plebiscitos, referendums…)

3) INSTAURAR UNA VERDADERA POLÍTICA ECOLÓGICA que preserve y defienda nuestros recursos naturales (bosques, mar, montaña, fauna, ríos, etc.) reconciliando las respuestas a las necesidades humanas (agricultura, equipamiento, energía, transportes…) con la protección del planeta y la mejor coexistencia con la biodiversidad y el medio ambiente

4) HACER RESPETAR LOS DERECHOS HUMANOS en un país que ya tiene un importante pasivo histórico originado en la dictadura militar. A la secuela de muertes, desparecidos y torturas que se confirmaron decenas de años después, se añade ahora una brutalidad represiva inimaginable para las jóvenes generaciones que la viven en directo y viralizan a través de las redes sociales.

Piñera fue elegido para «tiempos mejores» y no para declararle la guerra y asesinar a su pueblo, autorizando a Carabineros y militares a cometer crímenes contra los derechos humanos dejando un saldo catastrófico de personas mutiladas, asesinadas, torturadas y vejadas sexualmente,

Se reclama vivir en un país con justicia y sin derecho a la impunidad.

Todas estas demandas de orden sistémico no pueden ser satisfechas sin un cambio efectivo de la Constitución de 1980.

 

2. EL GERMEN DE UN CAMBIO CULTURAL

Este oleaje reivindicativo está haciendo cambiar una cuestión de fondo muy importante a tener en cuenta en los acontecimientos por venir : es la toma de conciencia colectiva de que todo está ligado, la educación, la propiedad del agua, el patriarcado extendido en toda la sociedad, la corrupción de civiles y uniformados, los privilegios de la clase política nacional, etc. Se constata que todo confluye  a un punto común : la avaricia de los que pertenecen al 1%, la violencia de un sistema que funciona bien para los más ricos, la inmoralidad de una economía de mercado fuera de control, etc., en suma, las injusticias de una vida en sociedad determinada por el egoísmo y la codicia.

Esta toma de conciencia conduce al redescubrimiento colectivo de los principios de fraternidad y  solidaridad que se expresan en cada manifestación. Su significado cultural es poderoso : constatar que uno más uno sumamos mucho más que dos, rompe con el modelo ultraliberal individualista, competitivo y consumerista, crea nuevos mecanismos de socialización y genera nuevas formas de expresión.

Estamos frente a múltiples experiencias de amor fraterno («sólo el amor con su ciencia») que unen con mucha fuerza en la creatividad, la alegría, la lucha y el compromiso. La eclosión espontánea de encuentros, conferencias, conciertos que acompañan todas las marchas, coreografías, carnavales, orquestas, coros, slogans, defensores de primera línea, barras de fútbol, ciclistas, etc., son una afirmación de este espíritu. Y no otra cosa significa también la espontaneidad con la que se realizan los cabildos llamados a jugar un gran rol en el próximo período

Este vigor cultural colectivo, transversal, de largo aliento, es lo que le da FUERZA Y PERMANENCIA a un movimiento que va haciendo converger todas las luchas ; sería un error no reconocerlo ni respetarlo porque es el cemento que debería hacerlo durar en el tiempo.

 

3. LAS RESPUESTAS

El Presidente y el gobierno han demostrado fehacientemente que no tienen la voluntad de inflexionar las políticas ultraliberales en curso.

De hecho no han presentado ninguna reforma estructural que responda a las demandas, y sus respuestas no han sido sino mezquinas medidas de carácter paramétrico (porcentajes mayores o menores para cada ítem de la agenda social, puntos más o menos en pensiones, salud..), cuidando de preservar los intereses privados en las AFP,  educación, salud, aguas, litio, etc…

Sin embargo, han presentado siete proyectos de carácter represivo (antisaqueos, antiencapuchados, subversión del orden público…) resignificando delitos para impedir las movilizaciones, desgastar su fuerza y criminalizar el descontento ciudadano.

Pero, en el fondo ¿qué otra cosa podrían proponer ? ¿Cómo podrían atacarse a problemas de carácter sistémico un presidente y un gobierno que en cada acción, voto y acuerdo transparentan su obediencia a los grandes intereses financieros que dominan el país?

 

4. LA CONTRADICCION DEL MOMENTO

Por un lado hay entonces un pueblo determinado, que «despertó», que está con rabia, que lucha contra el sistema y sus desigualdades, que está cansado de los abusos, de la corrupción y de la impunidad. Por otro, un gobierno que persiste en medidas paramétricas y en la criminalización del descontento.

Esta contradicción esencial es la que tiene que encontrar una solución para salir de la actual crisis, entendiendo que hay que hacerlo de acuerdo a las reglas de la democracia que nos rige.

Los manifestantes no ponen en peligro la democracia, no tienen ni el poder ni la voluntad de hacerlo. Por el contrario, lo que la gente quiere es más y mejor democracia ; los excesos de algunos pocos no representan el sentir de los millones en las calles.

Si hay un peligro para la democracia, este viene de parte de un Presidente que piensa en la represión y en el recurso militar como las soluciones más efectivas a todos los problemas.

 

5. ¿QUÉ CONTINUIDAD DARLE A UNA VICTORIA?

Está claro que la solución a la crisis no puede provenir del Presidente ni del Gobierno ni del Congreso. Su deslegitimación ante la ciudadanía los inhabilita para seguir buscando soluciones, además trabajando en circuito cerrado.

Recordemos que producto de la explosión social (con su marcha del 25 de octubre 2019 con más de 2 millones de personas en las calles), pero sin diálogo con los trabajadores organizados (en torno a Unidad Social) y de espaldas al acuerdo político del 12 de noviembre (firmado por todos los partidos políticos de oposición, PC, PR, PS, PPD, RD, DC, etc.), el Gobierno y algunos partidos de oposición se plegaron al llamado del Presidente a firmar el Acuerdo por la Paz el 15 de noviembre 2019, evitando su derrumbe a cambio de llamar a un Plebiscito sobre una Nueva Constitución.

Para los manifestantes, este proceso, en el que no tuvieron ni voz ni voto, se vivió como una gran violencia de parte de la «clase política». Se confiscó su palabra y se instrumentalizó su descontento poniendo bajo tutela las protestas y menospreciando a las víctimas. La foto de los «hombres de Estado» firmando el Acuerdo, fue viralizada como foto de la vergüenza.

Fue un alto precio el pagado para abrir la posibilidad histórica de redactar una Nueva Constitución escrita por primera vez por el 100% de la ciudadanía. Porque además el Acuerdo no trajo la Paz, por el contrario, extendió la represión, no aseguró el «total respeto de los derechos humanos» ni mucho menos obligó al gobierno a satisfacer las urgentes demandas sociales de los trabajadores y estudiantes.

¿A quién puede sorprenderle entonces que el descontento siga manifestándose en las calles?

 

6. LA FRAGILIDAD DE LOS ACTORES

El problema de la actual situación es que no hay actores con la fuerza suficiente como para señalar rumbos que cohesionen al país y lo saquen de la crisis.

El presidente y el gobierno, aplicando una política insensible a la situación de los más vulnerables y de sectores importantes de la clase media, han fracturado al país de manera profunda. Se agrega que la impopularidad abismal del Presidente proviene de una apreciación irreversible : se lo considera una persona sin aptitudes ni estatura de gobernante y sin ninguna empatía con el pueblo de Chile.

Una gran parte del actual parlamento aparece desconectado del pueblo pero con pretensiones de ser el filtro de los demandantes. El rol de «legisladores» que reciben «insumos» de parte de las organizaciones sociales corresponde a una postura falaz que no tiene legitimidad.

Conjuntamente, el comportamiento errático de parlamentarios de oposición (no votar iniciativas concernientes a derechos humanos) y la corrupción de ciertos elegidos de todo borde, demuestra la incapacidad del parlamento para fiscalizar los abusos.

El actual parlamento es visto como una casta de privilegiados, parte de la élite responsable de lo que sucede.

En el campo político, el oficialismo aparece dividido y sin estrategia aparte la preservación del poder. Por su parte, la oposición sufre de su fragmentación dejándola sin fuerza ni mayoría sólida para desarrollar iniciativas e imponer soluciones por diversos medios legales.

Piñera y el oficialismo pueden apostar a que el movimiento social pierda aliento, pero todo indica que los indignados muestran una determinación a prueba de represión y crímenes. Frente a la indiferencia y el desprecio, se corre el riesgo de acciones fuertes para ser tomados en cuenta.

Con todo, el presidente Piñera y el actual Parlamento son en este momento los eslabones más débiles del sistema institucional chileno, con el agravante que Sebastián Piñera (incluso para sectores del oficialismo) es el más sustituible de todos los Presidentes que ha tenido Chile en 30 años de democracia.

 

7. POR UNA INSTANCIA DIALOGANTE

A mi juicio, la solución a la crisis no puede venir sino a través de un diálogo entre todas las fuerzas en presencia.

En el terreno político, desde el Partido Comunista a la UDI, pasando por el Frente Amplio y Renovación Nacional. En todos hay gente talentosa y muchos jóvenes que sabrían poner el interés del País por sobre sus intereses partidistas.

Pero una reunión entre puros partidos políticos (incluso todos ahora) sería repetir una experiencia que ya vimos no desanudó la crisis a pesar de un acuerdo importante sobre una Nueva Constitución.

Se trataría ahora de crear una instancia de diálogo que facilite el encuentro con los manifestantes, el mundo sindical y político, y la gran masa de Independientes que buscan representatividad. Sería la única fórmula capaz de garantizar la paz y el orden público con su efecto positivo para la estabilidad económica del país. Poner en pie esta instancia dialogante es una deuda que tienen todos los políticos con Chile.

Sólo se deberían excluir los extremos, los que encuentran que el Plebiscito hay que tirarlo a la basura si no tiene la opción Asamblea Constituyente, y los que quieren a toda costa preservar la actual Constitución y apelan al autoritarismo.

Buscar soluciones y dar ideas sabiendo que nadie obtendrá satisfacción al 100% de sus planteamientos, será el precio a pagar para salvar al país de una desventura  humana y económica facilitando nuestro ingreso al siglo XXI de acuerdo a los nuevos paradigmas mundiales y con la entereza de un pueblo digno.

 

8. PACTO POR UN NUEVO CHILE

El camino hacia la Nueva Constitución es largo y de resultado incierto.

El espacio democrático abierto es poco estable. Aún no existen definiciones claras sobre la composición de la Convención Constitucional (cupos para pueblos originarios, paridad de género, discapacitados, diversidad sexual…) y ya varios firmantes del Acuerdo invocan el estado de «violencia y anarquía» en el país para impedir la realización del Plebiscito.

Esta inestabilidad se ve acrecentada por  la ausencia decisional de los protagonistas del «estallido», los estudiantes y los trabajadores, que no tienen atisbos de la «poderosa» agenda social y no aceptan de buen grado la confiscación de sus protestas así como algunas decisiones subsecuentes de la Mesa Técnica. Hay desconfianza, recelo, escepticismo.

No obstante, ya hay una conquista mayor : se ha decidido darle la palabra al pueblo a partir del Plebiscito.

De lo que se trataría ahora es de ir más lejos para que se entienda que todos serán tomados en cuenta formalmente desde el Plebiscito de entrada. El desafío es dar confianza, trazar perspectivas, dar una visión en el tiempo, y no simplemente reaccionar frente a acontecimientos que podrían ser tan imprevisibles como graves. Esto se conseguiría si se le diera al Plebiscito del 26 de abril un carácter referendario progresivo según sus resultados.

La instancia de diálogo evocada más arriba, digamos «Pacto por un nuevo Chile» para darle un significante, tendría tres objetivos operacionales :.

è que acuerde con el gobierno la mejor manera de garantizar la paz y la seguridad del país hasta nuevas elecciones de Presidente y Parlamento. Una agenda social consistente y la recuperación del orden público serían sus pilares.

En todas las democracias existe el derecho a expresar el descontento. La primera seguridad está en el respeto a manifestar sin desencadenar operativos represivos (menos aún previsionales) ante manifestaciones pacíficas.

Por su parte, los manifestantes reforzarán sus equipos de seguridad para aislar a los grupos minoritarios de gente que perturben el orden público. Carabineros, bajo el control estricto de sus protocolos, tendrá toda la autoridad para neutralizar los desmanes y la violencia de estos grupos dentro del respeto a los DDHH.

è que en caso de mayoría relativa (50% +1) por el Apruebo / Convención Constitucional el 26 de abril (lo que significaría una confirmación de la voluntad de cambio de la ciudadanía), se legitime que La Convención Constitucional tenga carácter soberano. Se eliminaría así la tutela sobre el proceso constituyente ejercida por un Parlamento que la ciudadanía rechaza

è que en caso de una mayoría importante (superior al 60%) del Apruebo / Convención Constitucional el 26 de abril, el Pacto encuentre la solución institucional para convocar a elecciones anticipadas de Presidente y de la totalidad del Congreso.

Esta perspectiva es coherente. Si hay un acuerdo nacional con el oficialismo, este debería hacerse sobre la base de una consolidación de la democracia, para lo cual el actual presidente y el actual Congreso son un obstáculo. Sobre todo que un triunfo de esta magnitud pondría al país en efervescencia en la perspectiva de las elecciones de los Constituyentes.

Nada impide que dentro de un marco constitucional se pueda llamar a elecciones anticipadas manteniendo nuestro sistema democrático

Un Pacto con estas características indicaría que esta vez sí la protesta social ha sido escuchada, que hay razones reales para recuperar la confianza y tener esperanzas, lo que disminuiría fuertemente la tensión social.

Un Pacto con estas características sin duda provocaría un tsunami de votantes, con tasas de participación fuera de los radares, refrendando el ejercicio democrático.

Un Pacto con estas características contribuiría a relegitimar el sistema institucional y a «sanear» la política

Un Pacto con estas características podría asegurar la continuidad o la alternancia para todas las fuerzas políticas (incluso para un oficialismo lastrado por Piñera) consolidando la democracia y la paz para el País.

 

-El autor, Rodolfo Parada Lillo, es ingeniero civil (USACH) y Doctor en Sociología (Sorbona), es el director artístico del grupo Quilapayún residente en Europa.

Artículo publicado en Análisis. Puedes guardar el enlace permanente para futuras consultas.

Política de comentarios

  • Por favor, sé breve.
  • Los comentarios no relacionados con el tema del artículo no serán publicados.
  • Si deseas publicar tus textos, por favor envíalos a nuestro correo redaccion@piensachile.com y nos pondremos con contacto contigo.