“La energía que destinan las mujeres a la subsistencia de ellas y sus familias es impresionante; no hay salud mental que soporte vivir en esas condiciones”

Logró un doctorado en Inglaterra visibilizando la vida de 20 madres solteras de La Pintana. Acompaña dos residencias piloto de protección, una de niñas y otra de niños, donde es evidente que el nivel de vulneración de las niñas es mucho mayor, lo que obliga a tratar a la infancia vulnerada con perspectiva de género. Denuncia el aumento de la explotación sexual comercial y aplaude a Las Tesis. “Es clave que las políticas sociales se creen desde abajo para arriba y no al revés. Las mujeres que viven en situación de pobreza son las verdaderas expertas en su vida. Desde ellas deben surgir las soluciones a sus problemas cotidianos”, afirma.

Por Ximena Torres Cautivo

Claudine Litvak Cooper (39), desde su condición de mujer del siglo 21, comprende perfectamente que es una privilegiada. Sicóloga de la Universidad Diego Portales, doctora en estudios políticos y sociales de la Universidad de Bristol, lidiando con la crianza de tres hijos y el trabajo como jefa

del área de desarrollo del Hogar de Cristo, logró obtener su grado académico en Inglaterra.

Su tesis para obtener el PhD lleva como título “Lone Mothers Living in Poverty in Chile: Hearing their voices”, “Madres solteras viviendo en pobreza en Chile: Escuchando sus voces”. Voces que corresponden a las de 20 jefas de familia de La Pintana, que tienen en común la vulnerabilidad y la pobreza, a las que entrevistó en largas visitas durante varios meses, recogiendo en sus historias el esfuerzo cotidiano de sobrevivencia que hacen para sacar adelante a sus hijos.

Claudine cuenta: “Cuando mis supervisoras académicas en Bristol, que habían oído sus voces leyendo mi tesis, se enteraron por los medios del estallido social en Chile, entendieron de inmediato a qué se debía. No hubo que decirles que la base de todo era la profunda desigualdad de nuestro país, más aún en el caso de las mujeres. Ellas me preguntaban cómo han permitido llegar a ese nivel de desigualdad, y tienen razón, porque efectivamente los chilenos hemos normalizado situaciones impresentables”.

¿A qué te refieres exactamente?

-A que con un sueldo mínimo de 300 mil pesos no se puede vivir dignamente. Las mujeres a las que entrevisté en La Pintana trabajan de las nueve de la mañana a las seis de la tarde, nueve horas, y para llegar a ese trabajo tardan una hora y media de ida y otra de vuelta, suma otras tres horas. Además deben ir a reuniones de apoderados, mantener limpias sus casas, cocinarles a sus niños, llevarlos al control de salud, organizar su cuidado, ganarse unos pesos extras haciendo trabajos informales. Es imposible que no terminen reventadas. Y se les culpa de no tener cotizaciones previsionales regulares, de presentar “lagunas”. Las mujeres usan todo lo que ganan en sus niños, a diferencia de los hombres que hacen inversiones o tienen gastos más personales. En todo orden de cosas, las mujeres partimos de un piso más bajo, empezando por la diferencia de sueldos.

Claudine hace ver la perversión de ciertos conceptos de la sicología y de la sociología, en teoría “protectores”, como “resiliencia” y “feminización de la pobreza”. El primero si bien puede servir para reducir la vulnerabilidad de las personas en situación de pobreza, también puede ser a costa de su propio bienestar en el largo plazo. Y el segundo, que se instaló en la Conferencia Mundial de la Mujer de Beijing como diagnóstico para América Latina durante los años 90, se ha traducido en “que las políticas neoliberales les exijan mucho más a las mujeres jefas de hogar en pobreza. A ellas se les pide que no sólo cuiden a hijos y familiares mayores, sino que además trabajen, que coticen, que cumplan. El nivel de energía que destinan estas mujeres a la subsistencia de ellas y sus familias es impresionante. Viven con un nivel de angustia y desgaste tremendo; no hay salud mental que soporte vivir en esas condiciones”, sostiene Claudine.

La sicóloga es crítica de las políticas públicas orientadas a los más vulnerables, “porque nacen de una desconfianza basal en las personas. Los montos de los bonos de transferencia que se otorgan son bajísimos, cuestión que es consecuencia de la desconfianza, y tienen un escaso impacto, porque además no estamos seguros de que lleguen a donde deben hacerlo y sean lo que se requiere”.

¿Qué políticas sociales se requeriría para mejorar la vida de mujeres en pobreza?

-Es clave que las políticas sociales se creen desde abajo para arriba y no al revés. Las mujeres que viven en situación de pobreza son las verdaderas expertas en su vida. Desde ellas deben surgir las soluciones a sus problemas cotidianos. Los jardines infantiles, por ejemplo, deben ser mucho más flexibles, adecuándose a sus horarios. Una mujer que vive en La Pintana y trabaja como nana en Las Condes, obviamente no tiene cómo compatibilizar trabajo y crianza de los hijos por los horarios en que funcionan los jardines y salas cuna. Las políticas públicas deben conversar entre ellas y tener lógica.

NO A SICOLOGIZAR LA POBREZA

Claudine es la segunda de las cuatro hijas de un corredor de propiedades y una nutricionista pionera en ese campo en Chile, la conocida y en su época mediática Dawn Cooper. Estudió sicología “sin una racionalidad de base”, pero siempre tuvo una clara inquietud social. Egresada, inició una carrera como sicóloga clínica infanto adolescente, se especializó en el tema en la Universidad Católica y trabajó en un programa de prevención de explotación sexual comercial en las poblaciones El Volcán y El Castillo en Puente Alto, sectores altamente vulnerables. “Ahí establecí una relación muy cercana con una madre y su hija, que entonces tenía 12 años. La niña había padecido múltiples abusos, graves y de todo tipo, la mamá era muy hermética. Aún mantengo relación con ambas. La chica hoy tiene 24 años. Pero esa experiencia cercana con ellas me hizo concluir que no hay sicoterapia que pueda frente a problemas estructurales tan profundos. Descubrí que la clínica no era lo mío si quería trabajar en pobreza. Creo que no sirve ´sicologizar´ la pobreza, porque ella es el problema y los problemas sicológicos que genera son su consecuencia”.

Casada desde hace 13 años con el sociólogo Felipe Estay, junto a él y a otros jóvenes universitarios, en 2006, crearon Moviliza, agrupación que se dedica a mejorar la calidad de vida de las personas en situación de calle. “Fuimos pioneros por pura intuición, porque partimos arrendando una casa en Macul para dar una vivienda a 6 personas, en una iniciativa muy parecida a lo que es hoy el programa Vivienda Primero”. Hoy, Felipe, su marido y padre de sus tres hijos -Crescente (10), Beltrán (7) y Rebeca (3)-, es el director ejecutivo de Moviliza, luego de haber emprendido en pareja la aventura de hacer estudios de posgrado en Inglaterra durante 4 años. “Nos fuimos con nuestro hijo mayor y allá nació el segundo. La idea era dar un giro, formarnos y aportar en el diseño de políticas públicas para apoyar en soluciones en materia de superación de la pobreza”.

¿Qué aprendiste de la vida en Bristol, la ciudad donde estudiaste?

-Que esa es una sociedad mucho más integrada en lo social. Mi hijo mayor iba a un colegio donde tenía como compañeros al hijo de un gerente general y al de una persona que hacía aseo. Yo trabajé en una ONG que apoyaba a mujeres latinoamericanas viviendo en pobreza, donde la mayoría no hablaba inglés. En todo el mundo, la situación de las personas que están al final de la cola del sistema es parecida; la gran diferencia es que allá los hijos sí tienen más posibilidades que las madres, como acceso a salud y educación de calidad, los que les permite pararse frente a la vida en un mejor pie.

-Y en lo más personal, ¿cuál fue tu aprendizaje?

-La experiencia de tener guagua allá, sola, lejos de mis hermanas, de mi mamá, de mi médico, me empoderó. Acá, cuando nació mi primer hijo, como que otros decidían por mí, yo no me cuestioné nada. Allá me preguntaban si quería o no usar anestesia, por ejemplo, o si lo quería tener en la casa. Tuve que hacerme cargo y el parto de Beltrán resultó muy bonito, súper consciente. Me empoderó como mujer.

De regreso en Chile, Claudine hizo asesorías, pero su principal tarea fue avanzar en la investigación para su tesis de doctorado. En eso estaba, cuando en 2017 supo que en Hogar de Cristo buscaban una sicóloga como jefa de desarrollo. “Nunca imaginé la complejidad institucional que tenía el Hogar. La cantidad de investigación y trabajo que se hacía, además de la tarea en terreno con las personas. Ya llevo tres años y estoy satisfecha con lo que hemos hecho: modelos técnicos, varias publicaciones, como los dos textos ´Del Dicho al Derecho´, el de residencias de protección y el de las escuelas y programas de reingreso. El objetivo es lograr incidir en las políticas públicas con estos trabajos, que no son sólo diagnósticos, sino que proponen caminos avanzados y probados a los tomadores de decisiones. Son un aporte concreto”.

MAFIAS DE EXPLOTACIÓN SEXUAL

La sicóloga creó el modelo técnico y ha sido parte del seguimiento de una experiencia muy importante: la operación de dos residencias piloto de protección para adolescentes con problemas diversos y complejos. Una para hombres y otra para mujeres, lo que ha dejado en evidencia que la perspectiva de género marca diferencias claves en el manejo de estos dispositivos. Ahora, la Dirección Social del Hogar de Cristo trabaja en un nuevo documento que dará cuenta de esas diferencias. “En todo el intersector: salud, educación, justicia, policías, se hace evidente que no hay ninguna aproximación diferenciada por género. Las niñas y jóvenes en protección han padecido mayores vulneraciones y abusos que los chicos, por ejemplo, y eso hace una diferencia sustantiva”, sostiene Claudine.

Comenta que en todo el mundo, la explotación sexual comercial de los niños vulnerables es un problema cada vez más grave, y peor aún en el caso de las niñas. Las mafias dedicadas a estos delitos se dan cuenta de que los sistemas de protección de la infancia y adolescencia vulnerada y abandonada pueden ser para ellos negocio redondo, y lo siguen y persiguen. “Y a esto contribuyen los prejuicios, la falta de formación de quienes deben ayudar a estas poblaciones. Es muy habitual que las policías, el personal de salud, el educativo, culpabilicen a la niña, piensen que es ella la que se prostituye, no que es una víctima. Que la condenen por cómo se viste o maquilla o habla”, explica la sicóloga. Y por otro lado, “las niñas tienen una sintomatología donde la autoagresión, el cortarse, el presentar una sexualidad exacerbada, es consecuencia de los abusos padecidos”.

LasTesis hicieron su performance que se internacionalizó como un reguero de pólvora. ¿Qué piensas de esa manifestación feminista?

-El primer verso de LasTesis: “La culpa no era mía/ ni dónde estaba/ ni cómo vestía”, explica nítidamente lo que estamos hablando. Los sesgos de género están en todos, hombres y mujeres, por eso hay que trabajar el tema con todos. Uno ve que en los mismos equipos en lo educacional, por ejemplo, que tienen expectativas más bajas para las niñas. “¿Para qué va a ir al colegio si no le va a servir?”. Estamos llenos de estereotipos y prejuicios y debemos combatirlos.

¿Has cantado y bailado lo de Las Tesis?

-No lo he bailado, pero lo celebro. Creo que el despertar, el estallido social, en temas de género es súper positivo. Esa performance demuestra que las mujeres podemos transmitir lo que nos pasa de forma no agresiva y muy creativa. Las manifestaciones violentas no han tenido ni la mitad del impacto de lo de LasTesis. Su letra, su baile, han tenido una repercusión mundial que las pedradas, la destrucción, no han logrado. Creo que ahora estamos mucho más cerca de la paridad de género y que las mujeres tenemos una fuerza potente y pacífica, llena de símbolos, que debemos usar, para mejorar la vida de todas, en especial de las mujeres más pobres.

La autora, Claudine Litvak, es sicóloga.

*Fuente: The Clinic

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