Ella es Sofía

Sofía Arévalo Tapia es una joven que, pese a poseer una significativa estatura, aún destaca los títulos con colores en sus escritos, aún usa cuadernos con flores en sus tapas, aún abraza a sus profesores, aún es una niña, nuestra niña. Todavía recuerdo su cabello perfectamente peinado, su flequillo tomado con un pinche, su afán por la lectura y las artes, sus modales tan cuidados para una estudiante de 13 años, porque así llegó a nuestro colegio y a formar parte de nuestras vidas, desde entonces lo único que ha cambiado en ella es su color de pelo y su acervo cultural.

Sofía dibuja, pinta, canta, baila, actúa, habla inglés, lee por gusto, estudia meticulosamente, cuida de sus hermanos, ayuda a su madre, colabora en lo que se le pide, ayuda a quienes lo necesitan.

En el colegio, impartía un taller de tipografía para niñas; tenía dos ahijados de 5° Básico (el resto de mis alumnos solo uno); participaba en la creación de las coreografías de las actividades extraprogramáticas; nunca tuvo anotaciones negativas en su registro conductual, mas sí muchas positivas… ¿la imagina?

En el Centro de Internación Provisoria del Sename en el que se encuentra, Sofía está enseñándole a una joven a leer, a otra inglés; sigue bailando; continúa estudiando; hace manualidades; sigue sonriendo y viéndose hermosa.

Cuando pude ir a visitarla, me esperaba con cocadas y un hermoso corazón de peluche con mi nombre estampado. Me contaba contenta cómo había aprendido a hacer ambas cosas en los talleres y lo preocupada que se encontraba por rendir de la mejor forma en deportes… ¿la imagina?

Hoy Sofía, la misma muchacha que caractericé anteriormente, es descrita como “un peligro para la sociedad”. Hoy se le atribuye un nuevo rol en la participación de un supuesto delito, pues de ser “la autora intelectual” pasa a ser “quien debía vigilar la llegada de la fuerza policial”. Hoy su libertad continúa viéndose coartada hasta que “existan nuevos antecedentes”. Ayer su mayor acto de rebeldía fue pedirles a sus compañeros que no trajeran queso con lactosa para una convivencia, ya que su amiga es intolerante a esta. Ayer asumía el rol de secretaria de la directiva del curso. Ayer viajaría a España junto a su abuela y me mostraba orgullosa su pasaporte.

Escribo este documento con el único afán de que sea de conocimiento público quién es realmente Sofía, cuáles son sus reales actuaciones en esta sociedad y cómo las realiza día tras día. Exhorto a los miembros del Poder Judicial a dejar de crear una realidad orwelliana y un avatar de mi estudiante, los exhorto a ejercer su labor con la autonomía que se les atribuye y no a convertirse en marionetas de un Ejecutivo, cuyo discurso criminalizador se intensifica con cada manifestación social. Los exhorto a escucharla por unos minutos y a terminar recibiendo un abrazo sincero y un cariñoso “¡qué lindo es!”, porque ella es Sofía y no el monstruo del cual se están intentando convencer.

Katherine Hernández Gaete, profesora jefe.
RUT 17.442.203-6.

(Foto autorizada para ser publicada por la madre de Sofía, María Elisa Tapia Merino.)

*Fuente: Facebook

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