Con la Nueva Constitución «Los valores y principios que la Iglesia Evangélica profesa estarían expuestos a ser vulnerados». ¿Cuáles? ¿De qué manera? ¿Cómo? ¿Por qué?

Señor Director:

Justamente porque el tiempo de hablar por otros se acabó, la entrevista concedida por Eduardo Durán al Diario La Tercera resulta anacrónica: para construir una narración apocalíptica del proceso constituyente, el diputado conjuga su posición política con materias de SU moral religiosa. De esta manera, levanta argumentos condicionados por hechos que no existen, y alejándose de toda la genealogía del concepto de ‘paz’ [por el cual cree estar luchando], deslegitima los procesos sociales de la Primavera Chilena. El armagedón lo relata en la cuarta y quinta respuesta, cuando desinforma sobre supuestos problemas que una nueva Constitución acarrearía, especialmente para la Iglesia Evangélica, institución que vería vulnerados sus derechos.

¿Cuáles? ¿De qué manera? ¿Cómo? ¿Por qué?

No hay respuestas.

Me lo pregunto nuevamente: ¿Cuáles? ¿De qué manera? ¿Cómo? ¿Por qué?

De nuevo, no hay respuestas, porque los peligros no están. El derecho a la vida al cual refiere Durán es un derecho universal que -como lo han explicado diversos abogados (de la Iglesia Evangélica, incluso)- no puede ser desconocido en nueva Carta Magna. Es más; al rechazar la paridad, ¿Acaso no expresa el miedo a perder una construcción androcéntrica e imperialista de lo divino?¿Esa misma que le ha servido para acceder al poder?

A cuarenta años de la imposición de un proyecto constitucional y en un Chile afectado por la crisis institucional y política más significativa de su historia, cabe preguntarse cómo el poder funciona como abuso de poder y cómo se ejerce dominación desde esas cartografías. Sobre todo, cuando no encontrando mayor respaldo de la Iglesia Católica, Augusto Pinochet recurre a la Evangélica para menguar culpas.

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Sí; somos muchos los cristianos protestantes de Chile que rehuyen de la militarización y las banderas; de las catedrales y sus obispos; de la falda negra y la corbata. Muchos recurrimos a la memoria individual y colectiva para evitar que nuestras necesidades humanas por lo trascendente sean manipuladas por los intereses personales de otros. Por eso, luchamos por los derechos civiles y agradecemos que la separación entre el Estado y la Iglesia acabara con los cementerios para herejes.

Señor director, solo una teología imperialista del cristianismo entiende la relación entre Cristo y la cultura, como ‘Cristo contra la cultura’, y/o ‘Cristo transformando la cultura’. Solo una iglesia que impone el reino de los cielos en  el mundo en el que habita, que trata se ordenar ese espacio con las reglas y las normas de su corona, termina siendo una iglesia contra la comunidad gay, el pensamiento feminista y otras expresiones de religiosidad. Solo un cristianismo históricamente permeado de imaginarios patriarcales y literatura rabínica llama brujas a las sacerdotisas y pacifica a los huilliches. Solo una interpretación bíblica que busca el canon dentro del canon potencia más desigualdades estructurales y tormentos sobre la vida y la muerte, que gente trabajando en problemas reales. Solo una teología que atribuye juicios para el Día Final, de no votar por Kast, demoniza la libertad de consciencia y de expresión, mientras anuncia la persecución para todo el que se niegue a las dinámicas de la autoridad.

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La historia del cristianismo de Durán es la historia de algunas iglesias evangélicas, aunque, en realidad, es también la historia de Chile. Una cultura de la guerra, en permanente necesidad de tener enemigos, tanto externos como internos. Dejar la Constitución de 1980 implicaría para unos y para otros, abandonar una cultura nacional, basada en los ideales masculinos del aventurero civilizado. Ese que lucha contra Perú y Bolivia por amor a la patria y a la Virgen del Carmen, mientras hace progresar La Araucanía. Ese roto que dejaron tirado en la acequia, que deambuló por la hacienda y por la pampa y que, por no tener una capa que lo cubriera, se aferró al patrón y a la bandera. Todo le costó, por eso, le angustia conocer lo nuevo; lo reconoce como perdición. Todo lo ha luchado, por eso, a veces quiso ser evangélico en vez de evangelista.

Sandra Araya Rojas
PhD (c) Latin American Studies – Kings College London
Miembro IFES Europe – Christian Mind Project, University of Cambridge

 

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