Radio Beethoven, el silencio de la música

Radio Beethoven ha puesto fin a sus transmisiones. El Grupo COPESA (Alvaro Saieh) ha vendido la frecuencia. A este paso, terminaremos por igualar a esa masa de estudiantes universitarios yanquis que, interrogados acerca de quien había sido Beethoven, respondieron en su mayoría: «El perro de una familia, en una película de Hollywood». Es probable que la serie de bodrios cinematográficos (si oso escribir) haya generado más lucro que el sordo genial en toda su vida. Una nota de Edmundo Moure…

Largos años de buena compañía, cuando se volvió imprescindible aislarse de la barahúnda circundante, de la estridencia de la subcultura urbana exacerbada por el neoliberalismo de los Chicago Boys, al servicio de la dictadura militar-empresarial que asoló Chile durante dieciocho años, cuyas cadenas legislativas y socioeconómicas aún no rompemos.

Ni qué decir en el ámbito de lo que entendíamos por cultura, a partir del desarrollo de las artes, de la investigación histórica y social: cero… El aparato estatal de la dictadura se apoderó de los medios de comunicación masiva, sobre todo de la televisión abierta, otorgando preponderancia a la programación de “entretenimiento” masivo, a los corrillos faranduleros, que dieron cabida a esperpentos como el inefable Don Francisco, el burdo Kike Morandé, la trepadora Patricia Maldonado, entre otros muchos, aún enquistados en una actividad que no ha conocido ni renovaciones ni mejoras en cuarenta y seis años, salvo las tecnológicas, al servicio del sistema.

Lo hemos visto y padecido en este mes y medio de manifestaciones, protestas y clamores ciudadanos; lo seguimos sufriendo y nada augura un cambio esencial. El reino de la necedad vuelve por sus fueros, los poderes fácticos se recuperan de la conmoción amenazadora de las fuerzas progresistas, reponiendo las campañas publicitarias en pro del consumismo navideño y de la remolienda vocinglera. El reloj de arena reorganiza sus granos y retrotrae el tiempo, como si fuera una ilusión o una pesadilla aventada por el olvido.

Identificábamos Radio Beethoven con ese “caballero de la cultura” que se llama Patricio Bañados. Su voz singular e inconfundible acompañaba nuestros afanes, ya fuesen de trabajo productivo, como suelen decir los temperamentos “digestivos” (que viven sólo para deglutir), o de quienes desarrollan labores intelectuales, como escribir e investigar (ingenuos de la estética y la imaginación).

A riesgo de ser tildado de autorreferente (todos los escribas terminamos siéndolo), paso a relatar una anécdota con Patricio, ocurrida hará quince años. En uno de sus programas de música de jazz, nuestro gran comunicador dio por contar algunos chistes, no muy graciosos, la verdad; más bien “fomes” y archiconocidos en el ambiente. Por cierto, entre los muchos talentos de Bañados no figura la gracia de narrar chascarros (lo que natura non da… se cumplía en este caso).

En una de aquellas emisiones, contó un “chiste gallego”, subgénero de la deleznable comicidad xenófoba. Me permití escribirle una breve carta crítica, acompañada de un ejemplar de Chiloé y Galicia, Confines Míticos (ensayo comparativo de los imaginarios populares de Chiloé y Galicia (1997).

Poco tardó en responderme, con su gentileza proverbial, a través del programa, disculpándose por lo que había considerado una simple humorada, sin segundas intenciones. Para grata sorpresa mía, comentó mi libro de manera algo elogiosa. Pasó el tiempo y volaron las buenas palabras en el éter mágico de las radioemisoras. Patricio estaba ahí, obsequiándonos su generoso conocimiento.

Hace cuatro años, la Sociedad de Escritores de Chile, representada por su presidente, el escritor Roberto Rivera Vicencio, entregó al fino periodista de cultura, Patricio Bañados, el galardón que se otorga a quienes, durante el año, se hayan destacado por la difusión de los valores culturales y literarios. Un premio, en este caso particular, tan merecido como simbólico. Aquella noche compartimos, con Patricio y su hija, una grata e inolvidable cena en la Casa del Escritor.

En su elocuente discurso de agradecimiento, Patricio Bañados resaltó la condición de precariedad de casi todas las expresiones de la cultura en nuestro país. En el advenimiento de la llamada “transición a la democracia”, él fue nombrado Director Cultural de Canal 7. Según Wikipedia: “En agosto de 1990, retornó a Televisión Nacional de Chile (TVN), donde condujo programas como En Tabla (1990), Hoy en Tabla (1991-1992), El mirador (1991-2003) y OVNI (1999-2000). Desde su despido de TVN a fines de 2005, Bañados se ha mantenido marginado de la televisión”.

La verdad, según sus propias palabras, fue que no pudo llevar a cabo ninguna iniciativa cultural de mayor envergadura en la televisión. Uno a uno, sus proyectos fueron sistemáticamente rechazados como “no viables”, de escaso rating o nula audiencia consumista. Se cumplía el aserto metafórico que mejor le viene al medio audiovisual de la tevé: “caja de los idiotas”.

Ante el inminente y fatal cierre de la emisora, se aunaron voces y voluntades para impedir el fatal silencio de la música. Entre ellas, destaco al entusiasta amigo, Alfredo Barahona Zuleta, con quien hemos intercambiado opiniones y juicios al respecto. Inserto aquí una de sus certeras reflexiones, porque sintetiza el sentir de miles de auditores que nos hemos opuesto, aunque sea de modo más bien idealista, a la desaparición de Radio Beethoven.

“Lamentablemente, nuestra emisora preferida ya murió, el 30 de noviembre, sin que nadie de quienes pudieron hacer algo por mantenerla viva moviera un dedo. Menos, por cierto, Copesa, a la que sólo le interesa el negocio. No menor prueba de ello han sido las décadas en que se dedicó a degradar a la mujer, el lenguaje y la cultura en el estercolero que llamó La Cuarta, sacada a luz con bendición de la dictadura, que mantuvo sin variaciones hasta hace muy poco.

“Creo que lo único factible ahora sería sumar miles de firmas para presionar al supuesto Ministerio de Las Culturas, Las Artes y El Patrimonio para que consiga una nueva frecuencia y dé a Radio Beethoven un apoyo inicial que le permita reiniciar su labor como única emisora del dial chileno que ha difundido por casi 39 años la buena música en todas sus variedades, así como literatura, cine y otras artes. Nadie sino ella realizó por siete años consecutivos el concurso de piano Toca el Cielo, para niños y adolescentes de hasta 16 años. Todo ello mientras la televisión (con aporte de miles de dólares estatales, como en el caso de TVN) y otros medios han hecho gala de chabacanería, insultos soeces y todo tipo de groserías, que degradan sobre todo a los sectores más pobres; a aquellos que nunca han tenido la posibilidad de degustar y aficionarse a las verdaderas artes, que engrandecen el espíritu.

“Pienso que si esto pudiera hacerse, otro paso sería volver a interesar a empresas grandes y medianas que sustentaban con su avisaje a Radio Beethoven, a que lo sigan haciendo en una nueva casa. Y quizás si nosotros, los miles que no queremos perderla, nos comprometiéramos a aportarle una pequeña cuota mensual, sumaríamos millones en su apoyo. Porque «obras son amores, y no buenas razones».

Por desgracia, presionar a esa entidad de pomposo nombre: el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, resultará tan iluso como esperar que manifestaciones ciudadanas pacíficas desemboquen en cambios estructurales del capitalismo salvaje. Bástenos considerar que esa cartera ha sido manejada por individuos como Luciano Cruz-Coke y Roberto Ampuero… ¡No hay salud!

Como consuelo, si cabe, podemos seguir escuchando Radio Beethoven de manera virtual, recuperando sus voces y su música desde la biblioteca sonora que conserva buena parte de su legado. Algo es algo, ciudadanos de este triste Macondo del Último Reino.

*Fuente: Politika

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Aviso: Los primeros 10 minutos tienen una falla en el origen de la emisión. Recomendamos comenzar a escuchar el vídeo desde el 10:18

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