¿Saqueadores? ¿Quiénes fueron? ¿No lo sabe? ¡Los tiene en pantalla!

Secretos de las privatizaciones. Entrevista a Carlos Tromben, autor de Crónica secreta de la economía chilena.

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Artículo publicado el 26/08/2016

Publicada en revista Punto Final
en Agosto 5 de 2016

El escritor y periodista Carlos Tromben presenta su libro Crónica secreta de la economía chilena (Ediciones B). Crónica periodística que “reconstruye la trama desconocida que se tejió entre 1974 y 1994, período en que se privatizó buena parte de las empresas que habían sido creadas por el estado chileno. Años de experimentos, precariedad, individualismos y bulladas bancarrotas. Los protagonistas del entonces, todavía, ejercen una influencia mayúscula en el acontecer político y económico del Chile de hoy, heredero –quizás hijo, quizás fantasma- de ese país que olvidamos”.

El País que Olvidamos va y viene en su libro ¿Se trata de uno o de varios países? ¿Cuál es el simbolismo?
Es un dispositivo de distanciamiento, para que el lector no incurra automáticamente en sus prejuicios y emociones. También se utiliza con otros personajes históricos, este recurso, con Allende y con Pinochet. Siempre me ha llamado la atención ese recurso retórico de los chilenos, cuando están indignados, “Es que en este país…”. Como si las injusticias fuesen algo exclusivo de “este país”, al que se refieren además como si no fuera el suyo. Parece un dispositivo para desentenderse de la responsabilidad que nos toca de que el país sea como es. Así nos situamos en la impotencia y la victimización. El País que Olvidamos es aquel que todos, por una u otra razón, hemos decidido borrar, idealizar, demonizar, como el adolescente que fuimos.

¿Por qué “crónica secreta…”? ¿Nadie sabía lo que sucedía con el manejo económico?
Pocos sabían el cuadro completo, y todavía no se sabe cabalmente. Quedan piezas por encontrar en el rompecabezas. Creemos saber, o decimos que “sabemos” cuando dejamos que los prejuicios hagan el trabajo de la razón, el análisis o el dato duro. Privatizaron empresas y ganaron mucha plata, sí pero, ¿quiénes? ¿Quiénes eran los abogados, los operadores financieros, los funcionarios que tenían información privilegiada y la usaron? La prensa de la época dice tanto como oculta. Para saber te tienes que meter en los archivos burocráticos, en la SVS, en el Conservador de Bienes Raíces y desentrañar una maraña de escrituras sociales, cruces de propiedad, etc. No es fácil saber. Cuesta tiempo y recursos.

¿De quién o quiénes es la idea de privatizar las empresas del Estado?
Las primeras privatizaciones datan de 1974-75, pero en realidad eran devoluciones, o remates de empresas privadas, grandes y chicas, que fueron estatizadas durante la UP. Todos y cada uno de los Chicago tenían su idea de cómo y cuándo privatizar, pero tuvieron que vencer un obstáculo de proporciones: los propios militares. Carlos Ibáñez del Campo fue uno de los fundadores del estatismo chileno. De hecho Codelco, ENAP y Enami quedaron fuera de cualquier programa de privatización por presión militar. En cambio, los Chicago del segundo tiempo, encabezados por Büchi, logaron sumar a los militares en la privatización del resto del aparato productivo.

Las AFPs son vistas como una estafa legalizada. Según sus datos concretos ¿Es en la práctica eso así?
Es un mal sistema previsional, que no entrega los resultados que prometieron sus creadores, promotores y publicistas. Por eso las personas lo sienten como estafa, porque les vienen diciendo hace 30 años que es una maravilla. Los resultados para el cliente-cotizante son paupérrimos, pero para el cliente financiero son bastante interesantes. En la investigación sí descubrimos una defraudación del fondo de pensiones, y una en particular en Provida en 1985, cuyos ejecutivos eran Carlos Eugenio Lavín y Hugo Bravo.

Los manejos financieros de Sebastián Piñera son narrados con detalles. ¿Piñera cae en la categoría de ladrón, estafador, sinvergüenza…?
Estafador en el sentido de dolo, no. Ladrón como la imagen folclórica del desalmado que le roba el montepío a la abuelita, tampoco. No fue burdo como Chang. Sí muy astuto, dispuesto a saltarse las reglas del mercado, a usar información privilegiada (algo que hoy es delito), a desayunarse a sus socios, a contarles solo la mitad de sus planes, a usar su posición de senador para seguir haciendo negocios, a mandarle recados intimidantes a sus rivales de negocio desde esta misma posición. Un largo etcétera.

¿Cómo definiría la situación actual del país? ¿Decadencia moral, imperio de la codicia o la naturaleza de la elite económica al descubierto? 
Lo segundo. Estamos saliendo de la ingenuidad. El estancamiento de la economía y la irrupción de una nueva generación terminaron con la “democracia de los acuerdos”, articulada por los empresarios y todo el espectro político. Eso también tiene sus riesgos, porque hoy todos tienen motivos para indignarse, de derecha a izquierda.

El contubernio entre empresarios y políticos ¿Cuándo comienza? ¿Cuándo la derecha empresarial compra a los dirigentes políticos de la Concertación? ¿Cuál es el precio de esa compra?
Comienza ya con la campaña del No, con los aportes que hacen los empresarios que saben “para dónde va la micro”. Con Aylwin el modelo se comienza a decantar, a través de la apertura de nuevos mercados de exportación, roadshows para atraer inversión extranjera, etc. Pero sobre todo nuevos contratos de concesión de obras públicas y explotación de recursos naturales. El precio económico quizá no lo sepamos nunca, pero en términos políticos el precio fue tener un sistema narcisista, enamorado de sí mismo y con graves dificultades para adaptarse a los cambios que ha vivido el mundo en esta última década.

Dentro de toda su investigación ¿Cuál diría que es la mayor sorpresa con la que se encontró?
Primero, descubrir que Piñera había participado en las privatizaciones y a partir de una de ellas hizo su primera gran pasada. Dos, descubrir que sus actuales sociedades de inversión fueron alguna vez empresas del grupo Cruzat Larraín, que compró ya quebradas y con un interesante FUT negativo.

*Fuente: Critica

 

 

Carlos Tromben analiza al empresariado en «Crónica secreta de la economía chilena»

03 de julio de 2016
El 20 de septiembre de 1985, en el edificio de la bolsa de comercio de Santiago, en la calle Nueva York, se vivía un día como pocos. Desde comienzos de la década que los operadores del ruedo no mostraban semejante excitación. Ese día, cuando abriera la sesión, Citicorp Corredores de Bolsa comenzaría la colocación de las primeras acciones de nueva emisión de CAP S.A., la matriz de uno de los más importantes holdings industriales del país, en ese entonces bajo el control del Estado. La emisión de estas acciones era el primer paso para la privatización de la empresa. Desde sus oficinas en Santa María de Manquehue, los periodistas del Cuerpo B de El Mercurio, comandados por Joaquín Lavín, se habían preparado para apoyar el proceso.

En una nota breve, publicada ese mismo mes, se lee: “Un informe de la Corfo sobre los efectos de la venta de acciones de empresas estatales concluyó que este proceso no implicará una desnacionalización de éstas, ni tampoco existe riesgo de control por parte de grupos económicos”. En su oficina, ubicada en el sexto piso del edificio de Moneda 970, el joven Piñera seguía la subasta minuto a minuto. La colocación de las nuevas acciones de CAP significaba un cambio de etapa en su carrera de gestor financiero. La colocación de CAP era borrón y cuenta nueva: partir de cero, con el acelerador a fondo. Todo había comenzado en noviembre del año anterior, cuando el directorio de CAP, encabezado por el almirante en retiro Guillermo Aldoney Hansen, aprobó aumentar el capital de la empresa en 82,9 millones de dólares mediante la emisión de 329 millones de acciones nuevas, a un cuarto de dólar cada una. El joven Piñera y su círculo, compuesto por José Cox, Isidoro Palma y Juan Bilbao, sacaban cuentas alegres. Por cada acción suscrita y pagada ellos se llevaban un 0,1% más IVA, el estándar en este tipo de contratos. Unos 80 mil dólares a repartir. Las ganancias y bonos podían traducirse en jugosos cheques para cada uno. Citicorp no era un recién llegado al ruedo bursátil; si había ganado la licitación para colocar las acciones nuevas de CAP era porque detrás del equipo de Piñera había un coloso de las finanzas mundiales, el grupo Citibank, uno de los principales acreedores del País que Olvidamos, dirigido por el todopoderoso, temido y admirado John S. Reed, el hombre que mejor conocía a América Latina en Wall Street. […] Ya vendrían nuevas operaciones de aquel tipo, la avanzada de un proceso que marcaría la última mitad de la década: las privatizaciones. En una seguidilla de jugadas audaces comenzaron a salir al mercado acciones de empresas estatales (Soquimich, Entel, Chilectra y Endesa) bajo un “capitalismo popular enchulado”, que involucraba a los propios trabajadores de dichas empresas. Para complementar el pool de pequeños accionistas individuales estaban las propias AFP que invirtieron una parte de los fondos de los cotizantes en acciones y bonos de estas empresas. La pequeña bolsa de valores comenzó a subir como no lo hacía desde los lejanos días de los esquemas Ponzi. Hasta las acciones de empresas como CCU, cuyos títulos, según el reconocimiento de sus propios ejecutivos, “no valían nada”, comenzaron a mostrar curvas con pendiente positiva. Pero lo más relevante, para los personajes de esta crónica, es que el joven Piñera compró oportunamente, a través de Inversiones y Asesorías Santa Cecilia, un interesante paquete accionario en CAP y en CCU. Hoy se le llama “información privilegiada”, y lo más plausible es que el joven Piñera haya compartido esta información con su círculo cercano.

 

OPERANDO AL LÍMITE

En la jerga de Wall Street, cuando el mercado está en expansión se le denomina bull-market. El último trimestre de 1985, la pequeña bolsa del País que Olvidamos vivió su primer bull market en años, y el joven Piñera fue uno de sus protagonistas. Siguiendo la metáfora, era el nuevo Rey de la Plaza, el Gordon Gekko local. Toda una reivindicación para un ejecutivo que tres años antes había estado 24 días prófugo de la justicia, por la quiebra de un banco. Pero al cabo de un tiempo vino la reacción y el 4 de septiembre de 1985 la Superintendencia de Valores y Seguros le puso al joven Piñera la primera tarjeta amarilla: una sanción de censura a él, como gerente de Citicorp Chile Administradora de Fondos Mutuos, por incurrir “en sobregiros contables que contravienen las disposiciones legales vigentes”.

La segunda amonestación es más críptica que la anterior: una multa por un monto no especificado, por “deficiencias reiteradas en los sistemas de control interno”, cursada el 14 de febrero de 1986. Para entonces los inspectores de la Superintendencia eran parte del inventario de las oficinas de Moneda. El 21 de marzo devino el golpe: una doble multa por 4.000 UF. La primera fue por vender valores de propiedad de sus fondos mutuos a precios “inferiores a los del mercado”. Pero es la segunda multa la que describe de un modo más concreto el accionar de Citicorp durante la gestión del joven Piñera y de su apadrinado en la gerencia general del fondo mutuo, Juan Bilbao: “– No llevar libro de operaciones actualizado. – Mantener vigentes operaciones de compromiso de compraventa con instrumentos no permitidos – Efectuar una operación a precio fuera del prevaleciente en el mercado. – No informar de todas sus operaciones – Anticipar operaciones de compromiso de compraventa sin previa información a los clientes. – Errores en la actualización de documentos y registro de operaciones que originaron enajenaciones de títulos en custodia con compromisos de retrocompra aún pendientes.”

Debajo de la jerigonza administrativa, la SVS acusaba a Piñera de operar al límite, a menudo sobrepasándolo con recursos pertenecientes a los aportantes del fondo mutuo. Operaciones no informadas, a precios por encima o por debajo del mercado, con compromisos pendientes o anticipados, pero sin informar a sus clientes. ¿En qué se había metido el joven Piñera? ¿Qué malabarismos estaba haciendo con los recursos del fondo mutuo, dirigido entonces por su alumno Juan Bilbao? Las multas, de un monto sin precedentes en la época, provocaron un pequeño remezón interno en el grupo de empresas Citicorp. El 26 de febrero de 1986, poco después de la segunda amonestación de la SVS, la corredora de bolsa de Citicorp cambió de razón social a Capital Investments Corporation (Cicorp). Le siguieron varios cambios en los estatutos y en el reglamento interno de los fondos mutuos. El 6 de agosto de 1986, el fondo mutuo Citicorp eliminó la posibilidad de invertir en acciones. Pero para entonces el joven Piñera ya había hecho sus grandes jugadas por otro lado. Su cuadro de mando tenía un mapa perfecto del aparato productivo, del sector inmobiliario y del comercio, de los activos y pasivos de todo el país. Sabía hacer circular el dinero y había aprendido de sus errores en el Banco de Talca. Contaba con un equipo fiel y que no solo lo admiraba, sino que además soportaba su lado odioso, antiempático y trabajólico. Con esas cartas su mano comenzó a amasar una pequeña fortuna, y lo hizo utilizando una multiplicidad de pequeñas sociedades de inversión con nombres santos, que fundaba con parientes y amigos, para luego cerrarlas, transformarlas, fusionarlas y reorganizarlas de manera tal de quedarse siempre con un excedente. La más conocida de todas llevó el nombre de pila de su mujer, Cecilia, la Santa romana martirizada por los paganos, la patrona de la música, los poetas y los ciegos.

 

SALTARSE LAS REGLAS

Santa Cecilia apareció en la notaría de Eduardo Avello el 4 de junio de 1985. La representaban el joven Piñera y su hermana Magdalena; el objeto social de la empresa: “inversión en valores mobiliarios e inmobiliarios, acciones, bonos, debentures, efectos de comercio, instrumentos financieros”. El capital suscrito fue de 10 millones de pesos, de los cuales el 99,9% lo puso el joven Piñera, aunque solo un millón en efectivo. El resto llegaría sin plazo especificado “a medida de las necesidades de la empresa, en efectivo o en canje de utilidades”. Durante los siguientes dos años y medio, Inversiones y Asesorías Santa Cecilia hizo una serie de acciones propias de su giro. A través de Santa Cecilia, la patrona de la música, el joven Piñera invirtió 2,6 millones de pesos en crear una empresa llamada Inversiones Las Condes, alias Postal Market. Luego compró una empresa de impresión y distribución de catálogos, Sociedad General de Catálogos, y adquirió su propia participación personal en Inversiones Santiago, otra empresa de papel. Estaba haciendo circular aquellos pocos millones utilizando todo su conocimiento del mercado financiero. El método era el siguiente: cuando comenzó el rock latino, Santa Cecilia compró acciones de varias empresas: 682.503 acciones de Copec, la compañía de distribución de combustible que el joven Piñera asesoraba a través de Citicorp; y compró 208.000 acciones de CAP, la compañía estatal cuyo proceso de privatización condujo inicialmente el joven Piñera, también a través de Citicorp (que compró a su vez 281.090 acciones). Acciones que vendió con una atractiva plusvalía meses más tarde.

La multa de la SVS permite suponer que, al no tener suficiente capital, el joven Piñera no dudó en usar los fondos de Citicorp para tomar posiciones estratégicas en el mercado bursátil, justo cuando este despegaba tras años de estancamiento. Volvamos sobre la multa de la SVS, cursada en febrero de 1986: “– Mantener vigentes operaciones de compromiso de compraventa con instrumentos no permitidos. – Efectuar una operación a precio fuera del prevaleciente en el mercado. – Anticipar operaciones de compromiso de compraventa sin previa información a los clientes. – Errores en la actualización de documentos y registro de operaciones que originaron enajenaciones de títulos en custodia con compromisos de retrocompra aún pendientes.” […] De la multa cursada a Citicorp se desprenden varios puntos. El primero es que el joven Piñera, como intermediario financiero, no estaba respetando las reglas del juego: anticipa compromisos de compraventa sin avisarle a sus clientes, utiliza en estas operaciones instrumentos no permitidos, vende títulos que le han sido entregados en custodia, con el compromiso de volver a comprarlos, y realiza operaciones con precios que no son los del mercado. En casi todas estas operaciones se desprende que, del otro lado, hay una contraparte coludida. Por ejemplo: para comprarle o venderle acciones a precios inflados o artificialmente bajos, tal como Carlos Eugenio Lavín y “Hugolín” Bravo hicieron en su momento entre AFP Provida y SOVIN. La gravedad de los hechos quedó plasmada en el monto de la multa: 4.000 UF, la más alta jamás cursada por la SVS hasta esa fecha. ¿La pagó él o Citicorp? Tal como Carlos Eugenio Lavín durante el escándalo Provida-SOVIN, el joven Piñera fue removido de su cargo como gerente general de Citicorp y promovido al cargo de presidente del Directorio.

*Fuente: TheClinic

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