Del caos de la desconfianza a la búsqueda de las soluciones

04. 11.2019
Estamos en la mitad de la efervescencia de un levantamiento social, en que las voces airadas de los chilenos se juntan en un coro de acusaciones y peticiones, que nacen del fondo del alma, desde lo más profundo del acontecer de nuestros compatriotas.

La vida y las circunstancias de cada uno de nosotros son profundamente respetables. Vivimos juntos en un territorio que forma parte de un Estado que se ha dado a sí mismo un conjunto de normas y leyes para convivir.

Nuestra aspiración solía ser tener una Patria, que es algo más profundo que pertenecer a un Estado. Es la noción emocional de la tribu que añoramos, del bien común, de la no indiferencia ante la realidad del otro.

Las ideologías políticas y económicas que han estado en boga los últimos cincuenta años, han intentado borrar toda traza de emoción en nuestras relaciones, poniendo como parámetro de nuestra gestión vital la eficiencia, la competencia, y la frialdad emocional.

Y ahora estamos cosechando los frutos de estas ideologías, en un pueblo descontento, endeudado y adolorido, que necesita hacer catarsis de su rabia que está dirigida contra todo el entorno. Rabia por el hecho de haber perdido la confianza en todas las instituciones políticas, económicas y religiosas, que solían ser nuestro apoyo.

Pero una vez reconocida la legitimidad de nuestra ira, debemos pensar en nuestra recuperación, en como salimos de este marasmo.

Poco a poco vemos como las organizaciones civiles se van agrupando a conversar. Vemos como, con mucha lentitud la casta política también está comenzando a darse cuenta que tiene que hacer su trabajo. A pesar que el espanto los tenía como petrificados, ya que la comodidad de haber hecho durante 30 años lo que les daba la gana, los convirtió en unos sapos flojos que parecía que no entendían nada de nada excepto su bolsillo y su ombligo.

Para bien o para mal, las organizaciones sociales que deben aunar los reclamos de la ciudadanía, tienen que conversar con la casta política y el gobierno de turno, porque por el momento son los que manejan el entramado del poder y son los interlocutores válidos.

Tomarse la Bastilla y cortar cabezas, se ha visto que no conduce a nada. Es cosa de ver la Revolución Francesa, que demoró como un siglo en crear una República y dejó heridas irremediables.
He visto debates sobre los reclamos múltiples y su jerarquización. Gente inteligente y supongo que ilustrada, se empantanan en problemas de prioridades, tiempos, y objetivos, temas que la ingeniería resolvió hace bastante rato a través de manuales de evaluación y ejecución de proyectos que deberían desempolvar y estudiar para modelar la situación y ver los caminos más adecuados en una realidad compleja.

En estos manuales vemos como jerarquizar los objetivos multicausales, para poder hincarle el diente a los cambios construyendo una agenda racional en el tiempo y que los discursos no se conviertan en una repartición de parches curita para el pueblo.

Hay que tener en cuenta que una institucionalidad de entre 30 a 50 años ha conformado un sistema funcional a esta institucionalidad, que con trabas e injusticias, todavía funcionaba. Así el Transantiago siendo caro, permitía el traslado diario de varios millones de personas, no solo a sus trabajos, sino también a buscar trabajo, a los consultorios médicos, a los colegios y universidades, a los terminales de buses que van a provincias, a comprar comida etc.

Exigir precios razonables de este transporte es una necesidad básica no solo para los usuarios, sino también para la industria, comercio, colegios, universidades que emplean a las personas. Porque en Economía todo tiene dos o varias caras. No hay Economía sin pueblo que compre lo que los comerciantes ofrecen o los industriales fabrican. Y si la gente no llega a trabajar porque no hay movilización o es muy cara, todos pierden.

Desgraciadamente este sistema interglobalizado, permitió que organizaciones y corporaciones internacionales tales como la banca mundial, interfieran con las políticas gubernamentales que beneficiaban a los pueblos. Y quien tome la batuta de la gobernanza, va a tener que lidiar con el problema de la usura institucionalizada de bancos y comercio y avalada por organizaciones internacionales que ejercen presiones.

Un ejemplo es la adquisición de viviendas. Antiguamente existían Sociedades de Ahorro y Préstamo, Cooperativas, Mutuales etc que permitían que una familia pudiera adquirir una vivienda a tasas razonables de interés, en plazos razonables de tiempo, pagando intereses solamente por el saldo insoluto de la deuda que se iba amortizando mes a mes.

La banca internacional a fines del pasado siglo veinte, cambió las normas de tal modo que cobra todos los intereses por adelantado, de modo que si uno vende la casa después de 20 años, pagó todos los intereses pero debe completo el valor de la casa. Lo mismo hacen las casas comerciales que en vez de vender productos, prestan dinero a intereses usurarios.

¿Por qué el Banco del Estado se comporta como cualquier banco comercial? ¿Tiene el Estado presiones de la banca internacional que lo obliguen a esto?

Con estos sistemas y pagándolo todo porque el Estado lo privatizó todo, no hay sueldo que resista.

Lo que acabo de decir en los párrafos anteriores muestra la importancia de un Estado que si no tiene poder para enfrentar a los bancos internacionales o a los inversionistas internacionales, por lo menos subsidie las necesidades básicas de las familias, vivienda, educación, salud y transporte para poder seguir viviendo en paz en una sociedad más justa.

Y así como eso, los problemas económicos de la población se entrelazan con los problemas políticos del Estado en el manejo de las relaciones con los consorcios internacionales, con el manejo de los recursos naturales o en el sistema de impuestos aplicado a la población.

En referencia a la obtención de datos sobre necesidades de la población, creo que hay que saber que para que estos datos sean fidedignos, los sistemas de recolección de estos datos tienen que ceñirse a los protocolos de la Estadística, ya que cualquier cuestionario no sirve, ni cualquier muestro.

Hemos visto que las encuestas en Chile últimamente no le dan en el clavo en sus pronósticos y sería lamentable hacer un plebiscito con preguntas demasiado generales. Así si se pide “Cambiar la Constitución” hay que aterrizar cual es el ítem específico. Por ejemplo: Eliminar la subsidiaridad del Estado respecto al quehacer económico o la concesión privada de los recursos naturales como el Agua, o modificar el sistema presidencial o eliminar el Tribunal Constitucional.

Pero por suerte existen computadoras que pueden modelar escenarios complejos….si es que los administradores del gobierno de turno tienen la voluntad de hacerlo y buscan las personas adecuadas que sepan hacerlo.

Y un avance que personalmente agradecería, sería que los políticos tanto hombres como mujeres, abandonaran ese tonito irónico y despectivo con el cual hacen chistecitos sobre una realidad que para otros es penosa, y no dijeran todo lo que se les pasa por la cabeza, actitud muy de moda entre los políticos internacionales.

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