La economía en la derrota de Mauricio Macri

20 de agosto de 2019
Los argentinos exigen el término de la corrupción y el funcionamiento transparente de las instituciones. Sin duda este es un asunto prioritario y no sólo en Argentina, sino también en Chile y toda América latina. Pero lo primero es no morirse de hambre. Y el presidente Mauricio Macri fue derrotado de forma aplastante, porque condujo a la miseria al pueblo argentino: aumentó la pobreza y la indigencia, generó una inflación galopante, elevó las tarifas y redujo los salarios reales de trabajadores y pensionados. Y, en cambio, enriqueció al capital financiero nacional e internacional.

La oferta de Macri a los argentinos, al igual que la del presidente Sebastián Piñera a los chilenos, había sido el crecimiento económico. Fracasó en su intento. Según el analista Alfredo Zaiat, el saldo del producto per cápita del periodo macrista será uno de los más negativos desde la recuperación de la democracia. Estima, con optimismo, una caída del 10%, sólo comparable a los periodos de Alfonsín y De La Rúa, también de gran crisis económica (Página 12, 08-12- 2018).

El pueblo ha perdido, pero ¿quién ha ganado con el modelo económico macrista?

El ganador ha sido el sector financiero, que ha multiplicado con creces sus ganancias. La política monetaria ha promovido una bicicleta financiera. Quien tiene recursos en Argentina, y especialmente los especuladores internacionales, compran letras del Banco Central (Lebac) y se benefician de su elevadas tasas de interés; obtienen una ganancia extraordinaria y, gracias a la nueva libertad cambiaria, se llevan los dólares fuera del país.

Según el gobierno, la política monetaria de altas tasas de interés busca frenar los precios mediante la reducción del dinero circulante. La realidad ha sido otra. La inflación se ha convertido en galopante, mientras que la especulación financiera ha frenado toda inversión productiva. Es negocio redondo comprar letras al Banco Central antes que invertir en una actividad industrial.

Los capitales golondrina están entrando y saliendo de Argentina aceleradamente con una ganancia extraordinaria, que no se consigue en ningún otro lugar del mundo. El pueblo y el Estado pagan a los especuladores con endeudamiento. En efecto, la inmensa deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el fin del cepo cambiario no han servido para aliviar la vida de los argentinos y recuperar la actividad económica, sino que han permitido a los especuladores obtener los dólares que han descapitalizado a la Argentina en los años del macrismo.

Así las cosas, los compromisos con el FMI han llevado a un inédito e impagable endeudamiento externo, de US$ 280 mil millones, mientras cae la producción y el tipo de cambio, y la tasa de inflación aumentan sin cesar.

También han ganado las empresas de servicios públicos. Según el Centro de Estudios de Política Argentina (CEPA), el indolente aumento de precios entre 2015 y 2018 del gas (3000%), electricidad (2136%), agua (515%) y transporte (332%) supera con creces los salarios de los trabajadores y los ingresos de las pymes. Este ha sido un golpe brutal al poder adquisitivo de los trabajadores y sobre la actividad productiva del país.

Al mismo tiempo, el incremento del costo del crédito, consecuencia de la política monetaria de altas tasas de interés y la apertura indiscriminada de las importaciones, ha resultado en un quiebre masivo de las pequeñas empresas. Este es probablemente el indicador más evidente del brutal impacto de la política económica macrista sobre el aparato productivo y el empleo.

En tercer lugar, la política económica macrista ha beneficiado a los exportadores agropecuarios y mineros mediante la reducción de las retenciones (impuestos) lo que, junto a la caída de la actividad económica, ha dado por resultado la disminución de los ingresos tributarios.

En suma, las devaluaciones, la eliminación de impuestos a los exportadores, el aumento de las tarifas y el endeudamiento ha significado una extracción de recursos de los trabajadores, jubilados, clases medias y pequeños empresarios, y de ellos se han apropiado el sector financiero, las empresas de servicios públicos y los exportadores. Al reducirse los ingresos de los asalariados y pymes, se ha contraído el consumo y la demanda en general, lo que achica el mercado y reduce la actividad productiva y el empleo.

En consecuencia, el pésimo resultado electoral del macrismo, el pasado 11 de agosto, se explica, en gran medida, por el desastre económico y la tragedia social de sus años de gobierno. Las hermosas callecitas de Buenos Aires se encuentran hoy día plagadas de mendigos, mientras la banca, los dueños de las empresas de servicios públicos, los exportadores agropecuarios y los especuladores financieros se han enriquecido hasta el cansancio.

Tampoco ayudó a Macri una campaña electoral centrada en el miedo y la polarización extrema, que sostenía que Alberto Fernández convertiría a la Argentina en otra Venezuela. Su credibilidad se vino al suelo y los 15 puntos porcentuales que lo separaron del candidato peronista lo ponen en evidencia.

El triunfador de las primarias, Alberto Fernández, había sido el jefe de gabinete de Néstor Kirchner, pero posteriormente, en 2010, se separa de Cristina. Sus diferencias fueron manifiestas sobre Venezuela, el cepo cambiario, la ley de medios y sobre la democratización de la justicia. Se unió entonces a Sergio Massa, cabeza del Frente Renovador, ubicado en el centro peronista.

Después de largos años de distanciamiento, Cristina Kirchner propuso la fórmula presidencial encabezada por Alberto Fernández y ella como vice. Cristina le dijo a Fernández «tú unes, yo divido», en una suerte de autocrítica respecto de su gestión pasada. Comprendió que el apoyo que recibe de la ciudadanía, aunque considerable, resulta insuficiente para impulsar un gobierno de mayoría nacional.

La candidatura presidencial de Alberto Fernández ha reconquistado al peronismo de centro, aglutinado en la formación de Massa; probablemente, a mediano plazo, intentará reunir al federalismo que encabezó a Roberto Lavagna, y que obtuvo el tercer lugar en las primarias.

El acuerdo de centro izquierda en el peronismo fue determinante en las primarias. Y lo seguirá siendo cuando Fernández asuma la presidencia, porque sólo una amplia mayoría nacional podrá superar la debacle a que ha conducido el macrismo. Gobernar una Argentina empobrecida, descapitalizada y endeudada no será fácil. Desempleados, jubilados y pequeños empresarios exigirán recuperar sus derechos expropiados por el macrismo. El esfuerzo será de envergadura mayor.

Pero, además, el peronismo, y Fernández, en particular, tendrán que ser capaces de resolver un problema mayor: el flagelo de la corrupción. Es cierto que ha existido desde hace décadas en Argentina, pero se hizo muy evidente durante los gobiernos kirchneristas. Varias autoridades y asesores de esos gobiernos, y la misma Cristina, se encuentran investigados por actos de cohecho, así como por enriquecimiento ilícito.

Los ciudadanos argentinos quieren el término de la corrupción y exigen el funcionamiento transparente de sus instituciones. Esta debe ser una tarea ineludible del gobierno de Alberto Fernández. Junto a la exigencia ética, el término de la corrupción es un requisito indispensable para la recuperación económica y el progreso social de Argentina.

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*Economista, con estudios de posgrado en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Investigador Grupo Nueva Economía. Fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, ministro de Planificación, embajador en Ecuador y rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.  Columnista de diversos medios. Artículo enviado a OtherNews por el autor y publicado en AméricaEconomía , el 19.08.2019

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Anexo:

Qué rico… ¡estamos en crisis!

Por Luis Casado*

¡Agárrate de las jarcias! ¡Todo el mundo a los botes! ¡Los hombres y las botellas primero!

Una vez más un pánico bursátil pone en evidencia la fragilidad de los nervios de los inversionistas y otros usureros planetarios. Marx tenía razón: el gran capital es temeroso como un inerme cervatillo, y sale corriendo a la primera de cambio.

Sumas colosales abandonaron las colocaciones en acciones para refugiarse en bonos del Tesoro de los EEUU, o bien en obligaciones, menos remuneradoras pero tanto más seguras. Abunda el billete y hay bancos europeos que pagan por prestar dinero: en vez de cobrarte intereses, te pagan un porcentaje del monto del crédito por pedir plata.

Entretanto, una vez más, los futuros pensionados pasan a la caja, pierden parte de sus escuálidos ahorros, mientras los ávidos operadores –AFPs, compañías de seguros, consultoras financieras– hacen su agosto.

Algunos economistas anuncian una recesión, lo que no deja de ser simpático visto que los mismos celebraban hasta ayer la fortaleza de la economía del Imperio, los aciertos de Trump que ciertamente es intragable pero ha logrado darle trabajo a millones de currantes estadounidenses.

Lo bueno es que no hay que buscar al culpable: como en Crónica de una muerte anunciada lo conocemos desde la previa. Nada que ver con Memories of murder, la excelente película coreana de Bong Joon-ho y Shim Sung-bo en la que a pesar de innumerables pistas, pruebas y sospechosos varios, es imposible conocer el nombre del asesino. En el presente caso los culpables sobran.

La guerra comercial que los EEUU lanzaron contra China es la preferida en la lista de los imputados, asociada a las sanciones contra Rusia, el desaire al TTP, las amenazas a la Unión Europea, los insultos a México, el enfado contra Pakistán, Turquía, la India y medio planeta (a menos que no sea planeta y medio), las agresiones contra Venezuela, Irán y Cuba, las interminables guerras de Afganistán, Iraq, Siria, Yemen, Malí y otros lugares menos rumbosos, el cagarse en América Central, el desastre organizado en Argentina con el apoyo del FMI, el Banco Mundial, la UE, la comunidad financiera, un tal Mauricio Macri y un larguísimo etc., sin contar el desplante torero ante el Alena, los Acuerdos de desnuclearización, los Acuerdos sobre el medio ambiente de París, la OMC, la ONU y cuanto organismo internacional no se cuadra con la debida premura.

Pero todo esto nos vale madre. La Madre Tierra, la Pachamama, la Ñuke Mapu, Gaia, Akna, Bunoo, Papatūānuku, Tatei Yurianaka, Máttaráhkká… puede irse alegremente al carajo.

Lo importante, lo verdaderamente importante es que los dividendos distribuídos por las grandes empresas globales vuelven a batir un record: en el segundo trimestre llegaron a la notable suma de 513 mil 800 millones de dólares. ¿No es linda la crisis?

El monto señalado creció comparado con los dividendos distribuidos en igual periodo del año pasado, según la gestionaria de fondos Janus Henderson Investors (JHI). Estos tigres se dedican a administrar la fortuna de quienes están demasiado ocupados acrecentándola como para perder tiempo en minucias.

Como el capital es insaciable, JHI se hace un deber de señalar que “la tasa de crecimiento (de los dividendos) fue la más débil en dos años”. ¡Pobrecitos! El aumento de un 1,1% constatado en el segundo trimestre está lejos del aumento del 13% del año pasado.

JHI –una suerte de fideicomiso ciego de los que afecciona Piñera y no es chiste–, se inquieta por los propietarios de los más de 316 mil millones de euros que gestiona, atesora y hace crecer al precio de amorosos cuidados y una modesta comisión.

¿Cómo no inquietarse cuando a una economía miasténica se suman las variaciones de las tasas de cambio de las divisas?

La manipulación de las diferentes monedas –Dollar aus der Spitze– trajo consigo una baja de los dividendos de 2,9 puntos entre abril y junio, lloran los autores de un estudio basado en los dividendos pagados por las 1.200 empresas más importantes en capitalización bursátil.

Según JHI “La ralentización económica mundial es particularmente notoria en Europa, lo que incide en los dividendos y, por consiguiente, limita la capacidad de las empresas europeas para aumentarlos”.

No sé tú, pero yo no logro contener las lágrimas. Si no fuese porque Francia es el país de Europa que más dividendos distribuye… sería como para darse de ostias con un flagrum. Para que no pierdas la fe en el mercado, alma impía, has de saber que Japón, Canadá, Francia e Indonesia son los únicos países que batieron records en materia de distribución de dividendos en el curso del segundo trimestre de este año.

Nótese que desde hace décadas las Bolsas ya no financian la actividad productiva. Muy por el contrario, los flujos financieros que las empresas captan en las Bolsas sirven mayormente para pagar dividendos independientemente de los resultados netos. En claro, hay empresas que pierden plata pero levantan fondos para seguir pagando dividendos como si ganaran.

Parte de ese billete proviene de los Fondos de Pensiones, lo que explica que haya quien prefiere pedir cita con el pulento para ir a entregar las herramientas. Palmarla, pasar el arma a la izquierda, chupar faros, colgar los tenis, irse al valle de las pirinolas… he ahí la solución.

Llegar temprano para tocar asiento a la diestra del todopoderoso comienza a ser plan, visto que desde el año 2015 los dividendos mundiales del segundo trimestre no han parado de crecer en detrimento de los pringaos que viven de su trabajo.

La prueba: JHI tranquiliza al riquerío subrayando que los dividendos “Aumentaron en modo muy rápido en los dos últimos años y la ralentización a la que asistimos ahora no es fuente de inquietud”.

De modo tal que JHI mantiene sus previsiones para el año 2019.

A pesar de, o gracias a, la crisis que se despliega ante nuestros ojos, el puñado de milmillonarios que controla el patio recibirá la modesta suma de un billón 430 mil millones de dólares en dividendos.

Un aumento anual del 4,2%. ¡Qué rico! Estamos en crisis…

 

El autor, Roberto Pizarro, es Editor de POLITIKA. . Ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, le llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes. Ha publicado varios libros  en los que aborda temas económicos, lingüísticos y políticos.

*Fuente: Other News

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