Breve historia del TIAR: ¿por qué EEUU lo resucita para usarlo contra Venezuela?

En el marco del golpe continuado y la amenaza abierta de intervención militar a Venezuela por parte de Estados Unidos, Juan Guaidó anunció el pasado 7 de mayo que la Asamblea Nacional (AN) en desacato aprobaría próximamente el retorno de Venezuela al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), una medida que, según dijo, busca «fortalecer la cooperación con los restantes 17 países miembros del continente y aumentar las presiones» contra el gobierno constitucional de Nicolás Maduro.

«Vamos a avanzar en todos los terrenos de lucha. Tenemos el legítimo derecho de construir las capacidades y alianzas internacionales necesarias para proteger y defender al pueblo y nuestra soberanía», dijo el también autoproclamado «presidente encargado» de Venezuela a través de Twitter.

El Legislativo, de mayoría opositora y en desacato desde 2016, aplazó por semanas el acuerdo y luego de ser sometido a una segunda discusión, dio su aprobación final.

Pocos días después del pasado 5 de julio, 209º aniversario de la firma del acta de la independencia venezolana, Guaidó anunciaba a través de su cuenta en Twitter que, una vez cumplidos los pasos requeridos, la AN aprobaría la reincorporación de Venezuela al TIAR, del cual se había retirado en 2013.

Al hacer el anuncio dijo: «asumo mi responsabilidad en las acciones que vamos a liderar en todos los mecanismos que estamos ejerciendo, como parte de una sola estrategia, para conquistar el cambio».

Tratado a conveniencia del socio más poderoso

El también llamado Tratado de Río, por la ciudad brasileña donde fue originalmente firmado el 2 de septiembre de 1947 tras la Segunda Guerra Mundial, incluye el compromiso de defensa colectiva ante cualquier ataque armado por parte de un Estado contra una de las naciones firmantes.

El área geográfica de acción del tratado comprende a América y 300 millas a partir de la costa, incluyendo la región entre Alaska, Groenlandia, en el norte, y en la zona ártica, hasta las islas Aleutianas. En el sur comprende la región antártica y los islotes de San Pedro y San Pablo, además de la Isla de Trinidad.

El mecanismo establece que los cancilleres de los países firmantes deben reunirse ante el pedido explícito del Estado afectado. Es un instrumento que tiene implicaciones militares porque se centra en acciones ante una posible intervención armada extranjera. El Consejo Permanente de la OEA solamente se puede encargar de evaluar si hay condiciones para convocar una reunión de consulta de los integrantes o si aplican las medidas correspondientes.

Aun cuando antecedió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), las aplicaciones controvertidas lideradas por Estados Unidos fueron llevando al TIAR hacia una crisis tan pronunciada que muchos de sus miembros lo consideraron obsoleto. Dicho tratado no fue convocado en 1961 tras la fallida invasión a Bahía de Cochinos, en Cuba (que todavía era miembro del TIAR) y dio el visto bueno a las invasiones de la República Dominicana, Granada, Nicaragua y Panamá, también a la política norteamericana durante la crisis de los misiles, en 1963.

Hasta 1982, el TIAR había sido convocado 13 veces. La última vez que se invocó fue en el año 2001 en ocasión de los ataques del 11 de septiembre a Estados Unidos.

Otras ocasiones en las que fue aplicado el tratado:

  • 1957: Honduras y Nicaragua denunciaron mutuas agresiones. Los integrantes del tratado actuaron para conseguir la paz y lograr la demarcación definitiva de la frontera entre ambos países.
  • 1962: Se aprueba la política norteamericana tras la crisis de los misiles. Cuba es excluido del TIAR. Se prohíbe la entrega de armas al gobierno de Fidel Castro.
  • 1975: Un grupo mayoritario de los países integrantes pide, sin éxito, el cese del bloqueo a Cuba.
  • 1982: La mayoría vota en favor de apoyar a la Argentina en Malvinas. Estados Unidos se negó y ayudó militarmente a Gran Bretaña.
  • 1983: Se aprobó la invasión norteamericana a la isla de Granada.

Aparatosa aplicación del TIAR en el caso Malvinas

Aun cuando se pretendió que fuera un sistema común de defensa continental, tuvo su prueba de fuego en la Guerra de las Malvinas, donde también tuvo un fracaso rotundo.

Fue hasta el 22 de abril de 1982, cuando el canciller argentino Nicanor Costa Méndez convocó el TIAR para reclamar ayuda frente al conflicto en las islas Malvinas, ocupadas por los ingleses desde 1833, que los miembros del sistema común de defensa jamás se habían enfrentado ante un verdadero estado de guerra. Tras recuperar el control de las Malvinas, Argentina buscó apoyo «interamericano» contra el ataque británico.

El gobierno argentino consideraba que el acercamiento de la flota del Reino Unido al Atlántico Sur constituía una amenaza contra la paz en el continente americano y justificaba la invocación del compromiso del pacto. Había logrado en la reforma del TIAR de 1975 que se extendiera el límite de la zona de seguridad, de modo que incluyera al archipiélago de las Malvinas.

Costa Méndez reclamaba la aplicación del artículo 8°, que compromete a los países firmantes a tomar represalias económicas o diplomáticas conjuntas contra el país agresor, de ser aprobado por la mayoría. Lo que no se fija es el uso de la fuerza, que deja supeditado a la decisión de cada país.

Ante la inminencia del ataque británico, la asamblea aprobó por 17 votos en favor y cuatro abstenciones una declaración que reconocía la soberanía argentina e instaba a ambos países a poner fin a las hostilidades, sin embargo, la ausencia en la última sesión del secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, ponía en duda cuánto éxito podría tener la iniciativa.

La Junta Militar que estableció por años una dictadura sangrienta esperaba el apoyo estadounidense debido a su sociedad con Washington desde 1976. De allí la reacción sorprendida de Ronald Reagan, al decir: «Nunca creí que se iban a atrever». El Departamento de Defensa había actuado directamente desde 1976 en Argentina «contra el riesgo comunista», con el mismo criterio geopolítico que lo había hecho en Chile desde 1970, en Brasil durante el gobierno de Goulart, en Guatemala contra Árbenz, en la Argentina de 1955, y en otros países, regidos por la Doctrina de Seguridad Nacional y la disputa global de la Guerra Fría.

La República Argentina volvió a pedir la aplicación del tratado en mayo, en rechazo a la ayuda norteamericana a Gran Bretaña, acusó a los Estados Unidos de violar el tratado y nuevamente, con la abstención de los Estados Unidos, Colombia, Chile y Trinidad y Tobago, el TIAR se pronunció en favor de la Argentina.

El apoyo se quedó en la letra de la resolución porque Estados Unidos fue fiel a la OTAN, la guerra terminó y el TIAR empezó un declive aparatoso que tocó fondo en 2012, cuando Bolivia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua abandonaron el Tratado en el contexto de la 42 Asamblea General de la OEA.

¿Montaje del «expediente Granada»?

Con la pretendida incorporación al TIAR, que no tendrá efectos reales sino en un sector de la OEA que reconoce a Guaidó como presidente y a su representante como miembro del Consejo Permanente, se intenta implementar un expediente parecido al que precedió la invasión a Granada.

Estos y otros elementos estuvieron presentes en el contexto de la Operación Furia Urgente que se desarrolló en ese país caribeño durante 1983:

  • Acoso de Estados Unidos, por vía propia y a través de vecinos aliados, a su economía mediante el congelamiento de créditos internacionales, creando un entorno financiero hostil.
  • Aprovechamiento de las discrepancias internas producidas por sectores extremos del «New Jewel Movement», partido del gobierno encabezado por Maurice Bishop.
  • Apoyo al sabotaje económico por parte de la oposición política y sectores privados por parte de corporaciones petroleras interesadas en apropiarse de las reservas de hidrocarburos en el Caribe.
  • Presencia de brigadas cubanas (técnicos y obreros que modernizaban el aeropuerto en Point Salines bajo la dirección de una empresa inglesa) como excusa de invasión militar al ser considerada como «un ataque contra todos los Estados americanos».
  • Cerco mediático enmascarando las acciones de agresión antes, durante y luego del ataque militar.

La desesperada deriva de Juan Guaidó

Quince (15) miembros de la OEA se mantienen adheridos al TIAR, entre ellos: Estados Unidos, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, entre otros.

El elemento que se pretende utilizar como amenaza contra Venezuela es que todos ellos han reconocido a Guaidó como presidente encargado de Venezuela desde el 23 de enero de 2019 cuando, basado en supuestos poco claros, declaró la usurpación del Poder Ejecutivo por parte de Nicolás Maduro y se autoproclamó como mandatario encargado ante Dios y una manifestación de antichavistas.

El mecanismo contempla una serie de medidas de presión (Art. 8, TIAR) para «restablecer la paz y garantizar la seguridad hemisférica”, a saber:

  • El retiro de los jefes de misión.
  • La ruptura de las relaciones diplomáticas.
  • La ruptura de las relaciones consulares.
  • La interrupción parcial o total de las relaciones económicas.
  • La interrupción parcial o total de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, telefónicas, radiotelefónicas, o radiotelegráficas.
  • El empleo de la fuerza armada.

Se tratan de medidas progresivas, algunas de ellas están restringidas exclusivamente al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En consecuencia, el Órgano de Consulta debería enviar inmediatamente al Consejo de Seguridad la información de las acciones que, según lo dispuesto en los artículos 51 y 54 de la Carta de la ONU, hayan sido desarrolladas o proyectadas en ejercicio del derecho de legítima defensa colectiva.

Según informó el operador mediático Andrés Oppenheimer en El Nuevo Herald, funcionarios estadounidenses y latinoamericanos están explorando invocar el pacto TIAR. En concreto, Elliott Abrams le dijo que «el TIAR es mucho más amplio» que un tratado militar. Y que «el TIAR habla de acciones en común, pero pueden ser relaciones diplomáticas, pueden ser [medidas] económicas, pueden ser sanciones». En fin, según lo dispuesto y la práctica, ya el TIAR se estaría aplicando tácitamente.

La convocatoria a tal mecanismo no garantiza que se lleve a cabo una operación de carácter militar en Venezuela debido a que persiste el posicionamiento por parte del Grupo de Lima de que la situación venezolana representa una amenaza para la paz y la seguridad hemisférica. Basados en la supuesta desestabilización que causa en la región la migración de venezolanos y la provocación mediática que intenta una internacionalización de la crisis, pueden apelar a que la crisis humanitaria no se trata de un asunto de índole militar.

La militarización del expediente contra Venezuela pudiera ser apuntalada por el empeño del gobierno colombiano en denunciar, en innumerables oportunidades, la incursión de militares venezolanos en su territorio y la presencia de grupos armados colombianos refugiados en territorio venezolano.

Por otro lado, se ha intentado indicar que el apoyo integral de la Federación Rusa al gobierno venezolano es una manera de invasión o ataque militar contra quienes pretenden deponer al presidente Maduro por la vía armada, así como se lee.

Sin embargo, la disputa reside en que el gobierno constitucional de Nicolás Maduro es reconocido por la ONU, cuyo Consejo de Seguridad tendría que validar cualquier acción propuesta por la OEA como activadora del TIAR, un mecanismo obsoleto y contradictorio que parece estar siendo utilizado como un bluff.

*Fuente: MisionVerdad

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