Me gustaría volver a nacer chileno, pero…

maremoto Chile

Se llama “Vida después de la vida” y es un libro que en su momento obtuvo grandes ventas. Era cuestión de cerrar los ojos y creer a ciegas lo que allí se contaba. Yo tengo enormes dudas al respecto, para qué le voy a mentir, sin embargo, suponiendo (y sólo suponiendo) que pueda ser verídico lo que en esas páginas se relata, me imaginé muerto, fallecido, convertido en espíritu, transitando el túnel rumbo a la luz y al encuentro con mis seres queridos.

Lo que viene después pareciera ser lo más relevante… Se trata de la “entrevista” con uno de los jefes de esa dimensión, según cuentan quienes aseguran haber muerto clínicamente y regresado a este mundillo de sufrimientos varios.

“Tienes la posibilidad de reencarnarte en una nueva existencia –me diría esa alma superior–. Debes elegir el país en el cual volverás a nacer. ¿Quieres ser parido una vez más en Chile?”

Esa pregunta me dejaría silente largo rato. ¿Volver a nacer en Chile? ¿Por qué no? Este país tiene bellezas naturales de primer orden a lo largo de toda su extensión, un clima variado y agradable, frutos de la tierra y del mar que son maravillosos, magníficos vinos, muchos minerales, en fin, en ello hay ventajas indiscutibles para volver a nacer aquí, pero…, pero pienso en cuestiones tanto o más relevante que las anteriores y mi decisión tiembla amenazando desmoronarse.

Antes de dar el sí a la oferta de esa alma superior, mi mente comenzaría a repasar la realidad terrenal y humana de mi país. La lista es larga, aunque soy consciente que está incompleta. Veamos cuáles serían mis principales “peros”.

Los millonarios y grandes empresarios están ajenos a la justicia que se aplica al resto de los habitantes, pues la justicia deja caer su martillo sólo sobre las cabezas de los no-millonarios, los no-dirigentes políticos y los no-megaempresarios.
Esos mismos millonarios y grandes empresarios pueden evadir el pago de impuestos como se les frunza el moño. El resto (95% de la población) está condenado a pagar impuestos hasta por abrir mucho la boca para respirar.
El mar le pertenece a siete poderosas familias. Y sus frutos también.
Las nubes tienen dueños, ya que el agua es privada y, hasta donde se sabe, proviene de las nubes (a menos, claro, que los dueños de Chile hayan descubierto un diferente y novedoso “ciclo del agua”).
Los glaciares y los bosques le pertenecen a pequeños grupos empresariales que cuentan con el visto bueno oficial del gobierno de turno para hacerlos pebre, destruyendo valles y entornos, contaminando ríos, lagos y acequias.
Todos los recursos naturales del país, sin excepción, han sido entregados a manos privadas, a empresas transnacionales que carecen de patria, dios y ley. Cobre, azufre, salitre, litio, bosques, ríos, mar, lagos, islas…
Los servicios básicos (agua potable, luz eléctrica, alcantarillado), como la telefonía, las comunicaciones, las rutas y carreteras, le pertenecen a empresas privadas; además, la mayoría de ellas son extranjeras que pagan impuestos risibles (cuando pagan) que ni siquiera alcanzan a ser el 40% del impuesto que pagan en sus países de origen.
Llegar a viejo en Chile es una tortura, un castigo. La previsión social es una estafa amparada por leyes e instituciones bolicheras y expoliadoras provenientes de la época dictatorial, avaladas y conservadas por una especie de asociación económica de los gobiernos de derecha y centroizquierda.
La educación es cara, segregada y clasista; ello permite que los ricos tengan hijos perfectamente educados e instruidos para ocupar los más altos cargos públicos, mientras los pobres reciben una educación que les facultará mayormente para servir de mano de obra a los primeros.
Lo anterior se observa nítidamente en las escuelas matrices de las FFAA, clasistas, que seleccionan con lupa sociológica a quienes ingresan a ellas… Los pobres, los mapuche, los rapanui, los aymara, por ningún motivo serían aceptados como oficiales de esas FFAA… Sólo se les permite ser suboficiales o, más simplemente, ser tropa.
El 95% de los que nacen pobres en este país, mueren pobres. El esfuerzo, la dedicación y el posible talento –estéril si se carece de redes sociales de nivel para hacerlo fructificar– que acompañe a esos pobres, de poco y nada les servirán para salir de la pobreza si sus existencias no son acompañadas de manera permanente por dinero, por mucho dinero.
En las últimas dos décadas –y hoy con mayor presencia que ayer– gobiernan los que colaboraron activamente con la dictadura cívico-militar y de ella recibieron un jugoso pago: las decenas de exitosas empresas estatales a bajísimo costo y en muchos casos regaladas. La lista es larga: ENAP, SQM, INACAP, IANSA, ENDESA, la UTE, Centrales Hidroeléctricas, Chile Films, ENAP, MADECO, ENTEL y una multitud de empresas (más de 300) de rubros varios, como textiles, metalmecánica, agrícola, maderera, pesquera, automotriz (Fiat, Citroën y Peugeot), vestuario, etcétera. Decenas (quizá centenares) han sido las pioneras empresas creadas por CORFO, las cuales, una vez demostradas sus capacidades ‘económicas’, fueron EXIGIDAS por los capitales privados como elementos aptos para la privatización. O para el regalo, como ocurrió el año 1988 cuando la dictadura las traspasó a manos privadas.
A un Presidente que gobierna solo para el mega empresariado, para sus familiares y sus amigos, jamás para todos los chilenos, es imposible calificarlo como democrático. Ello ocurre en el Chile actual.
Con gobiernos como los descritos, Chile se aísla y se separa de su barrio latinoamericano en beneficio de una supuesta ‘bondad’, cual es entregarse atado de pies y manos a la voracidad del imperio estadounidense a través de tratados de comercio y ataques a sus naciones hermanas, como Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua.
Finalmente, resumen de lo expuesto en estas consideraciones –o ‘peros’ de quien suscribe– está la frase molesta y ácida (aunque innegable) que reza: “en América hay un país llamado Chile, donde nada es de Chile”.

En fin, si esa “vida después de la vida” fuese real, como algunos aseguran, y tuviese yo que responder a la oferta hecha por determinada “alma superior”, dudaría mucho en aceptar nacer otra vez en este hermoso país si mi nuevo destino existencial fuese continuar engrosando la masa de proletarios sin conciencia, cooptado por la propaganda televisiva y el deshuesado discurso de las autoridades y políticos de turno.

He amado a Chile, le he dado lo mejor de mí mismo y de mis esfuerzos laborales, intelectuales y económicos, pero vivir dos vidas con esas realidades ya descritas, es como mucho… Digo yo.

*Fuente: Politika

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