Que sea un 8 de marzo permanente

Día Internacional de la mujer, las conmemoraciones oficiales que el actual gobierno de derecha planificó para conmemorar el día internacional de la mujer, llenos de formalidades y luces, terminan siendo actos populistas, contrastados por la realidad en que se encuentran los derechos de las mujeres en nuestro país. Han hecho lo posible por restar combatividad al 8 de marzo, negándose a aceptar el derecho de la huelga feminista y coartando la participación de las mujeres en este día en que decidieron manifestarse.

La respuesta es obvia, porque esta manifestación tan amplia representa el descontento social y porque de alguna manera canaliza la protesta contra un Gobierno que habla de recuperación económica mientras el trabajo precario, los recortes, el abuso y la especulación, siguen aumentando las ya grandes brechas de la desigualdad social.

Lo importante ahora es que mañana no sea solo otro día más y que, las movilizaciones que ocurrieron en todo el país no se acallen, porque se apagaran las luces y regresaremos a la realidad. La de un país en el cual el derecho a huelga, que es un derecho humano, esta prohibido, en el cual persisten normas, políticas y prácticas discriminatorias en todas las esferas de la vida, que afectan de manera decisiva la existencia de las mujeres, exponiéndolas a graves riesgos, daños y desventajas.

La batalla por los derechos continua, por tanto hay que seguir exigiendo medidas concretas, urgentes, obligatorias y sobre todo, dotadas de presupuesto, para acabar con la brecha de género en salarios y pensiones o para atajar la violencia machista cotidiana que las mujeres sufren de manera permanente. Una tarea compartida de hombres y mujeres para combatir de forma cotidiana, el machismo, el que también existe en las propias organizaciones políticas de izquierda, sociales y sindicales.

Sobre esto Rosa Luxemburgo decía que, “quien es feminista y no es de izquierda carece de estrategia, quien es de izquierda y no es feminista carece de profundidad” y “aquellos que no se mueven, no sienten sus cadenas”, dejando con su obra desafíos que continúan vigentes. Para ella “la emancipación política de las mujeres tendría que hacer soplar una fuerte oleada de viento fresco incluso en la vida política y espiritual [de la socialdemocracia], que eliminará el hedor de la hipócrita vida familiar actual que, de modo inequívoco, permea incluso a los miembros de nuestro partido, tanto trabajadores como dirigentes“.

El patriarcado es un fenómeno transversal y que no excluye las filas progresistas, es la cultura patriarcal en la que estamos inmersos, la que cosifica y sigue cosificando los cuerpos de las mujeres, y detrás de ello emerge continuamente la violencia de género, que incluye la mutilación genital, la prostitución, la violencia obstétrica, los vientres de alquiler, las granjas de mujeres entre otros.

Esa es la realidad, la que es necesario cambiar y la que hasta ahora sin manifestaciones en las calles, sin tomarse las calles, los espacios de trabajo, para hacer visibles los problemas que viven las mujeres y todos los chilenos y chilenas, seguirá igual. Por eso es importante la toma de conciencia de que la movilización permanente y que las exigencias para materializar las reivindicaciones, es el camino para terminar con la discriminación que viven las mujeres.

Es la historia de nuestro país y del mundo la que nos demuestra que, en ningún orden de cosas, los derechos se regalan o se facilitan, solo se logran oponiendo resistencia al abuso y a la explotación, que es lo que el 8 de marzo nos recuerda. La lucha de las mujeres contra la explotación capitalista y el asesinato de 129 obreras quemadas vivas, en una fábrica en Estados Unidos, donde habían sido encerradas por sus dueños.

Por ello la conmemoración del 8 de marzo es la lucha de las mujeres por la justicia social, la lucha contra el patriarcado y el capitalismo, cuyos mecanismos se articulan el uno al otro. Fue Clara Zetkin [1] quien propuso esta conmemoración del día de la mujer, en la conferencia de mujeres socialistas de 1910.

En los largos años de las luchas por los derechos de la mujer en Chile, hay también referentes significativas. En 1935 las mujeres pudieron votar por primera vez en una elección municipal, año en que se inicio el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena, con Elena Caffarena. Posteriormente en 1949, se proclamó el voto universal para las mujeres. Hay otras mas, sin lugar a dudas, que también han marcado la ruta de esta larga y dura lucha por sus derechos, Gabriela Mistral, Eloísa Díaz, Isidora Zegers, Amanda Labarca y Olga Poblete,

Estamos en el siglo XXI y las diferencias de igualdad entre hombres y mujeres sigue latente, las mujeres continúan siendo víctimas del machismo, promovido por los medios y toda la industria cultural del sistema capitalista. Son las trabajadoras, las estudiantes, las artistas, las cesantes, las dueñas de casa, las jubiladas, a quienes se les priva de una vida digna, en ocasiones hasta de la alimentación, la vivienda, el acceso a la salud, el acceso a la educación y a una pensión digna.

Es cierto, es muy difícil ponerse en el lugar de la mujer y sentir en toda su extensión las desigualdades y las agresiones de las que son victimas, si somos nosotros, los exponentes  del machismo, los que las violentan, pero esta pelea es también en el terreno de las ideas y allí estamos todos, mas allá del genero, en la misma trinchera. Es la sociedad de clases que perpetúa la sociedad patriarcal y la violencia, la desigualdad, es el sistema económico que necesita banalizar la explotación, la injusticia social y la tortura para perpetuarse.

Por eso, la lucha por la emancipación de la mujer y la lucha contra el capitalismo son inseparables y es allí en que el feminismo es más que el discurso, es lucha cotidiana contra toda explotación. Esta posición establece una línea que se desmarca de propuestas que utilizan la lucha de las mujeres, apartándola de su consistencia política e ideológica, como la supuesta “sororidad interclasista”.

De lo que no caben dudas es que la mujer es el blanco de las desigualdades, cuyos efectos son mas graves aun en la mujer trabajadora, la mujer proletaria y campesina, indígena, de color, la inmigrante, quienes padecen las peores explotaciones. Muchas de ellas trabajan  absorbiendo veneno de la fumigación agro-industrial, en la prostitución, son violadas y forzadas a parir. Aunque suene duro, son estas mujeres las victimas de este sistema, que las utiliza como la salida a las frustraciones aberrantes que este causa y de la misoginia que fomenta.

Finalmente el reconocimiento a la mujer que se organizo y lucho en contra de la dictadura militar y del terrorismo de estado, algunas sobrevivieron y otras murieron en las primeras filas del combate antidictatorial, en acciones combativas o producto de los siniestros montajes de la DINA, la CNI. Fueron muchas las mujeres que tuvieron una participación decisiva, aunque aparezcan hoy con un escaso protagonismo, en las tareas militares. En el FPMR no todo lo hicimos nosotros los combatientes, las grandes acciones no hubieran podido ser ejecutadas sin la participación de estas valientes mujeres Rodriguistas, en las labores de inteligencia, de apoyo logístico o en las acciones militares propiamente tal.

“Las campañas de los pueblos solo son débiles, cuando en ella no se alista el corazón de la mujer; pero cuando se estremece y ayuda, cuando la mujer, tímida y quieta de su natural, anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño la obra es invencible”José Martí

Notas:

[1] Activista marxista y descrita como la “abuela del comunismo alemán”, fue además de una apasionada política, una luchadora por los derechos de las mujeres. Fue en parte su idea, de hecho, que existiera un Día de la Mujer Trabajadora, que actualmente se celebra los 8 de marzo en todo el mundo.

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