No hay que confundir pecados con delitos

Noviembre 5, 2018

El Rector Sánchez de la Pontificia Universidad Católica ha dado en el clavo  acerca de una de las falacias que es posible para los practicantes de una religión, la que consiste en vivir, practicar y transmitir como verdad, la confusión entre  pecado y delito.

Y por esta confusión y mal entendimiento del mundo cultural que rodea a las religiones, es que la Iglesia Católica está teniendo un deterioro impensable.

Y este deterioro está permitiendo que las comunidades evangélicas, que también confunden el tema, estén llenando por el momento el vacío de poder dejado por la religión católica.  Y este relevo es como salir del fuego para caer en las brasas, ya que los católicos cultos, sean curas o laicos, entienden estas diferencias, aunque se hagan los tontos, cosa que la mayoría de los evangélicos no hace.

Me explico.  En nuestras Repúblicas que practican la Democracia, mal o menos mal, el ideal es un Estado cuyos Gobiernos estén regidos por leyes que emanen del acuerdo de la mayoría de las personas, y que reflejen  las necesidades culturales vigentes.

Así si lo países de la cultura occidental llegaron a un consenso acerca de los Derechos de la Mujer y del Hombre, y ratificaron su adherencia, de modo que las leyes que se fabriquen y que toquen a estas personas en este aspecto de género, estén de acuerdo con el consenso aceptado por el país.

Existe una Declaración de Derechos Humanos proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, que todos deberíamos leer.

https://www.ohchr.org/EN/UDHR/Documents/UDHR_Translations/spn.pdf

Estas normas son las consideradas las mínimas para tener una buena convivencia con respeto mutuo y humanidad.

Por otro lado las religiones “del Libro” como  llaman al Judaísmo, Cristianismo e Islamismo, por estar en su base de inspiración el Libro Sagrado de los Judíos o Biblia, y el Corán, aceptan que estos libros fueron una revelación divina o escritos bajo inspiración divina.

Esta aceptación acrítica de textos que fueron escritos hace 2800  y 700 años, ya no es compartida por todas las personas ya que no es lo mismo una revelación que una inspiración.

Los más evolucionados piensan que es una inspiración, y los más fanáticos que es una revelación que hay que tomar al pie de la letra.

Es obvio que si los textos han tenido muchas traducciones y copias a mano de escritores creativos, y eliminación de las parte que no les gustaban a antiguos gobernantes, su veracidad es bastante cuestionable, fuera de su adecuación a las actuales circunstancias multiculturales del mundo de los humanos.

Y digo muchas traducciones, ya que en el transcurso del tiempo los pueblos cambiaron de idioma.  Los judíos ya no hablaban hebreo sino arameo desde el siglo III antes de Cristo y estaban sumergidos en una cultura griega y romana.  Por lo tanto los conceptos culturales de los pueblos no fueron fáciles de traducir y la traducción no reflejó  necesariamente lo que el autor quiso decir.

Pasaron además del Griego al Latin y de esos idiomas al Inglés y el Castellano.

Todo esto ha garantizado que las guerras de religión sigan ocurriendo y que cegados por ideologías acríticas, los pueblos se hayan matado con entusiasmo quizás por una falta de ortografía o una suciedad de mosca.

En los idiomas semitas las vocales no se escribían, de modo que un conjunto de consonantes podía dar origen a varias palabras distintas.

La Iglesia Católica Romana y Ortodoxa junto con las Iglesias Anglicana y Luterana y otras denominaciones con pedigrí de seriedad y con estudios profundos, han podido llegar a acuerdos más humanos y satisfactorios y durante el siglo XX, se modernizaron y comenzaron a respetar las leyes dadas por las Repúblicas.

Todo esto fue hecho con muchos roces, pero estaban llegando a acuerdos satisfactorios en que la Religión daba sus normas restrictivas a sus miembros, pero no las imponían a los que no eran miembros de su congregación.

Y cuando tenían más manga ancha que la ley, el sentido común le recomendaba a los fieles atenerse a la ley del país, si no querían tener problemas.

Estando este camino en perpetua construcción, la Iglesia Católica se olvidó de la importancia del delito contra la ley, ya que su sistema de pecado-confesión-arrepentimiento, garantizaba un perdón sin castigo visible.

Por esta razón es que los delitos de abuso sexual contra menores, quedaron como  pecados de confesión y no pasaron al arbitrio de la Ley. Y en muchos casos tampoco la Ley estaba preparada para resolver estos abusos.

Ahora nos aparece otro escenario, y es el de los que son más restrictivos que la ley, en ciertos aspectos, y que la sociedad es más tolerante.

Esto pasa con los evangélicos.  Al vivir de lecturas del Antiguo Testamento  (800 años AC) basadas en traducciones mediocres y leídas en forma naif, sin un profundo conocimiento de la realidad histórica de los manuscritos, trasladan mandatos que transgreden los acuerdos de Derechos Humanos hechos por el mundo occidental y ni se arrugan.

Así se han volcado en contra de los derechos de la mujer, transgrediendo los acuerdos tomados por Chile a este respecto, y quieren imponer sus normas religiosas respecto a los homo y transexuales.  Pero además lo hacen en forma muy irrespetuosa, ya que confunden el profetismo con la insolencia.

Y todas estas religiones que, protegidas por leyes anticuadas, no presentan contabilidades para trasparentar de donde vienen sus ingresos y como se gastan, se convierten en un peligro público.  Ni que hablar de las donaciones a la política que vienen de esta fuente y la cantidad de lavado de dinero que pueden ocultar.

Así veíamos como el sacerdote Karadima viajaba a Europa con sus jóvenes prosélitos a costillas de una sociedad inmobiliaria de la que se adueñó.

También vemos que los evangélicos, muy extendidos en las clases populares, explotan a sus fieles enriqueciendo a dinastías de Pastores que consideran a las congregaciones verdaderos emprendimientos económicos. Y que últimamente han entrado a la política con mucho dinero.

Esta mezcla de Estado permisivo con las religiones y no vigilante, y las ambiciones de poder de estas instituciones, no pintan muy bien para la democracia que queremos tener.

El lenguaje proféticamente desaforado e insolente, aplicado incluso en ceremonias republicanas, nos muestra la desubicación de esta gente si nadie les hace un párele.

Ojalá que se haga conciencia de estos ataques a nuestra  frágil democracia, ya que si se pierde, es muy difícil volver a tenerla.

La perdimos hace 45 años, cuando se enfrentaron dos polos políticos mundiales.  No creo que debiéramos dejarla en manos de fanáticos religiosos de ninguna laya.

Ellos en sus Iglesias y Templos podrán celebrar sus ritos, pero al resto del mundo, por favor, déjenos tranquilos.

E Impuestos Internos debería andar con ojo ante tanta riqueza.

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