Nuestro San Romero

Después de 38 años y siete meses de su asesinato, Monseñor Romero ha sido finalmente elevado a los altares por la Iglesia Católica. Es necesario recordar que su asesinato sigue en la impunidad. Algunos de los responsables de su asesinato murieron sin haber sido juzgados, y muchos otros siguen vivos, como vivas siguen las estructuras detrás de la cual se siguen ocultando quienes propiciaron su muerte, y celebraron con champán su asesinato.

Tanto el informe de la Comisión de la Verdad para investigar los crímenes cometidos durante el conflicto armado, como diversos informes del Vaticano, dan cuenta de nombres vinculados con el asesinato de Monseñor Romero, y se habla de dos periódicos de circulación nacional que en su momento denigraron la vida y la misión pastoral de Monseñor Romero y azuzaron al gobierno y a los grupos irregulares de extrema derecha a que hicieran patria quitando de en medio la voz y la persona que estorbaba sus intereses oligárquicos.

La santidad de Monseñor Romero ha de estar íntimamente unida a la exigencia de la Iglesia y de los diversos sectores de nuestras sociedades porque se esclarezca definitivamente su crimen. Su santidad solo será límpida si está unida a la verdad y la justicia. Si el crimen de un santo, cometido muy pocas décadas atrás, no se esclarece, no será posible que ningún otro crimen sea esclarecido.

Conocer toda la verdad sobre el asesinato de San Romero es lo que allanará el camino para conocer la verdad sobre otros crímenes como el de Berta Cáceres, Margarita Murillo y muchos otros que en Honduras y en El Salvador siguen en la impunidad. Si no se llega a conocer la verdad total sobre el crimen de San Romero, ¿cómo tener esperanza en que se conozca y se haga juicio en otros casos que no tienen el nivel de reconocimiento que el de San Romero?

Saludamos el regalo que nos da nuestro buen Dios en la santidad de Monseñor Romero, pedimos a él por nuestro mundo y nuestro país, para que nos regale su espíritu para que pronunciemos las palabras y tengamos las actitudes y el compromiso que nuestro tiempo exige para saber situarnos con claridad ante este régimen hondureño, el mayor violador de los derechos humanos y de la dignidad que hemos conocido en la historia hondureña. San Romero, ruega por nosotros, bendice nuestro camino y purifica nuestras luchas y compromisos.

Escuchar y descargar Nuestra Palabra

 

 

*Fuente: Radio Progreso – Honduras

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