Las atrocidades saudíes en Yemen son una historia peor que la desaparición de Jamal Khashoggi

La trama para supuestamente matar a Jamal Khashoggi, como al parecer evidenció la prueba de audio y vídeo turca mostrada a oficiales estadounidenses, es una siniestra mezcla de salvajismo y estupidez: Jack el Destripador junto al Inspector Clouseau. Nada de esto es sorprendente, ya que la reacción violenta a amenazas menores es un acompañante tradicional del carácter dictatorial. Como parece ser el caso con Arabia Saudí hoy, Iraq bajo Saddam Hussein hizo esfuerzos inmensos para eliminar a los críticos exiliados que no suponían un peligro para el régimen.El  propósito de tales presuntos asesinatos y secuestros  no es solo silenciar voces disidentes por oscuras que sean, sino también intimidar a todos los adversarios internos y externos al mostrar que hasta una sutil crítica será respondida con la máxima fuerza. Pero está en la naturaleza de los dictadores el que sus juicios sean desproporcionados, pues nunca atienden a opiniones contrarias a la suya. Iraq invadió Irán en 1980 y Kuwait en 1990 con desastrosos resultados. Arabia Saudí empezó su guerra en Yemen en 2015, con resultados similarmente catastróficos y parece pensar que puede salirse con la suya con asesinando descaradamente a Khashoggi, como aparentemente demostraron investigadores turcos. Arabia Saudí niega categóricamente cualquier involucración en la desaparición de Khashoggi y afirma que este abandonó el consulado sano y salvo esa misma tarde.Es importante observar cuánto durará el torrente de críticas al príncipe heredero Mohammed bin Salmán y a Arabia Saudí.  El presidente Trump ha guardado silencio en sus comentarios, enfatizando en la necesidad de mantener las formas con los saudíes debido al contrato de venta de armas por valor de 110 mil millones de dólares. Algunos de los más acostumbrados en postrarse ante las monarquías del Golfo, como Tony Blair, son cómicamente reluctantes a criticar a Arabia Saudí a pesar de las convincentes pruebas del asesinato aportadas por Turquía. A lo que llega Tony Blair es a decir que el asunto debe ser investigado y explicado por Arabia Saudí «porque otra manera sería completamente contraria al proceso de modernización». Incluso para Blair esto es claramente una nueva bajeza, y podría ser también unos descorazonadores rumores en el viento, sugiriendo que las élites políticas en los EE.UU. y Reino Unido no se asombrarán demasiado y la crítica será limitada al supuesto asesinato de Khashoggi.

Se trata de un punto importante porque el asesinato (como lo plantean los investigadores turcos) no es para nada el peor acto llevado a cavo por Arabia Saudí desde 2015, pese a ser con mucho el mejor difundido. Quien dude esto debe leer un reportaje recién publicado que muestra que los bombardeos y otras acciones militares de la coalición liderada por los saudíes en Yemen están deliberadamente enfocados al abastecimiento y distribución de alimentos, con el fin de ganar la guerra matando de hambre a millones de civiles del otro lado.

No hay nada de colateral o accidental en los ataques, de acuerdo con el informe. Las provisiones de comida de los civiles son el blanco intencionado, con los horrendos resultados detallados por la ONU a finales de septiembre: alrededor de 22’2 millones de yemeníes, tres cuartos de la población, necesitan asistencia; 8’4 millones de ellos no tienen suficiente alimento para comer, un número que puede incrementarse a 10 millones al final del año. «Es desolador», dijo el jefe de asuntos humanitarios de la ONU Mark Lowcock al Consejo de Seguridad. «Estamos perdiendo la guerra contra el hambre».

Pero hay quienes en Arabia Saudí, EAU y sus aliados en Washington, Londres y París evidentemente no sienten ningún remordimiento e intentan crear las condiciones para una hambruna hecha por el hombre como mejor camino de ganar la guerra contra los hutíes, que todavía mantienen la capital Saná y las partes más pobladas del país. Esta es la conclusión del altamente detallado informe llamado «The Strategies of the Coalition in the Yemen War: Aerial Bombardment and Food War» escrito por la profesora Martha Mundy de la World Peace Foundation afiliada a la Fletcher School de la Tufts University en Massachusetts.

El texto concluye que «si uno señala el daño a los recursos de los productores de alimento (agricultores, pastores y pescadores) junto con la focalización del procesamiento, almacenaje y transporte en áreas urbanas y la amplia guerra económica, hay fuertes evidencias de que la estrategia de la coalición ha estado centrada en destruir la producción y distribución de comida en las áreas bajo el control de Saná». Añade que la campaña de bombardeos dirigidos directamente a provisiones de alimentos parece haber comenzado en 2016, y continúa y se vuelve más eficaz.

Algunos aspectos de la guerra alimentaria son fáciles de exponer: en la costa del mar Rojo de Yemen no menos de 220 barcos pesqueros han sido destruidos y la pesca se ha caído un 50% de acuerdo con el informe. Se cita el particular incidente del 16 de septiembre, cuando dieciocho pescadores del distrito de Al Khawkhah fueron atrapados, interrogados y liberados por el buque de la coalición naval, el cual disparó un cohete contra «el barco que salía con los pescadores, matando a todos menos a uno». La noticia de este incidente ha sido negada por la coalición.

La coalición encabezada por los saudíes comenzó su intervención en la guerra civil yemení en marzo de 2015, del lado del gobierno de Abdrabbuh Mansur Hadi y contra los «rebeldes hutíes», a los que la coalición acusó de estar respaldados por Irán. Como ministro de Defensa saudí en ese momento, el príncipe heredero Mohammed bin Salmán fue la fuerza impulsora detrás del código de intervención llamado «Decisive Storm». La campaña aérea de la coalición es asistida por la ayuda logística y de reabastecimiento de combustible aéreo estadounidense mientras personal militar británico está estacionado en centros de mando y control.

Al principio, los objetivos eran principalmente militares, pero esto cambió cuando la coalición fracasó en superar el éxito militar que sus miembros habían previsto. La profesora Mundy dice que «desde agosto de 2015 aparece un cambio de objetivo, de militares y gubernamentales a civiles y económicos, incluyendo infraestructuras de agua y transporte, producción y distribución de comida, carreteras y transporte, escuelas, monumentos culturales, clínicas y hospitales, y casas, campos y rebaños».

Abundantemente ilustrado con mapas y gráficos, el informe presenta el impacto del bombardeo y otras actividades militares en la producción y disponibilidad de comida a la población civil. La falta de electricidad para bombear el agua y el combustible de los vehículos agrícolas ha sido acrecentada debido a los ataques aéreos. Mundy afirma que «la producción ganadera ha sido devastada pues las familias necesitadas vendían los animales y también han encontrado una dificultad mayor para acceder a los mercados».

Cuando los agricultores encuentran un mercado, no han acabado aún sus problemas. Los ataques aéreos de la coalición se han vuelto más letales con el comienzo del asedio del puerto del mar Rojo de Hodeida, en junio, por parte de las fuerzas encabezadas por saudíes y emiratíes. Alrededor del 70% de las importaciones yemeníes entran al país a través de Hodeida, que tiene una población de 600.000 habitantes. El 2 de agosto, el principal mercado de pescado en la ciudad fue atacado junto con la entrada al hospital público, donde mucha gente estaba reunida. En julio, el rey Salmán de Arabia Saudí emitió un indulto general a todos los soldados saudíes luchando en Yemen.

La ausencia de protestas internacionales sobre la guerra en Yemen y la involucración de EE.UU. y Reino Unido como aliados de Arabia Saudí y EAU ayudan a explicar uno de los misterios de la desaparición de Khashoggi. Si los saudíes mataron a Khashoggi, ¿por qué esperaban ejecutar el asesinato sin producir un alboroto internacional? La explicación probablemente es que los líderes saudíes imaginaron que, habiendo escapado de las peores atrocidades en Yemen, cualquier escándalo sobre la muerte de un solo hombre en el consulado saudí de Estambul sería algo manejable.

Fuente original: Counterpunch

-El autor, Patrick Cockburn, es periodista, es autor de “The Rise of Islamic State: ISIS and the New Sunni Revolution”.
*Fuente para piensaChile: Sin Permiso
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