La guerra comercial, ¿auge o mayor crisis a corto plazo?

Los economistas y analistas profesionales especializados que comentan sobre la actividad económica-financiera no cuestionan que el modelo neo liberal esté en crisis, por el contrario, consideran que la crisis se diluyó a partir del 2010, aunque algunos no niegan que pueda regresar como recesión en el 2019 o 2020. Otra corriente de optimistas  creen que la economía norteamericana está creciendo fuerte y robusta, pero evitan referirse a un probable ciclo de recalentamiento en los Estados Unidos, porque estiman que la inflación se mantiene baja.

La población parece estar entusiasmada con estas expectativas, aunque hay algo de duda. A pesar del bajo desempleo, los trabajadores no sienten un real progreso en sus salarios. Eso lo explica la regresión en 2 puntos negativos interanual que están sufriendo sus remuneraciones. La tasa interanual de aumentos en salarios fue de 2.7%,  en cambio, la inflación del IPC fue 2.9%, y eso significa pérdida de poder adquisitivo.

Un síntoma preocupante es que la guerra comercial impulsada por D. Trump, sea la forma de responder al debilitamiento de EE UU., presente en su propio eslogan de, volver a ser grandes. Pero ahí están las enormes deudas, fiscales, estudiantil, de hogares, las empresas, que sobrepasan largamente la capacidad de poder pagarlas, muy por el contrario, siguen aumentando igual que el déficits en Cta. Cte. La posición de la FED de impulsar las tasas, responde a la preocupación de que la inflación se haya iniciado. Sin embargo, subir las tasas en estas condiciones, encarece más el costo de la deuda en EE UU y el pago de intereses de los países emergentes, que se ven arrastrados por un dólar más alto, en medio de un comercio mundial que está disminuyendo por la guerra comercial, lo que augura acelerar los problemas en países como, Grecia, Italia, Brasil, Argentina, etc.

Si la economía de EE UU., está en auge, mirado desde  el prisma de los bajos índices de desempleo, el contrapunto lo pone el hecho de que las remuneraciones de los trabajadores no suben y cuando lo hagan presionarán los precios. La simple relación entre los salarios rezagados o estancados, versus los aumentos de producción y consumo, no tienen coherencia, excepto si se incluye el crédito, lo que significa más deuda. El crecimiento del PIB de 4.2% de EE UU., revisado del 2do trimestre, o las mejoras de las ganancias corporativas, es circunstancial, porque los ingresos empresariales no se ven consistentes en el futuro, consideramos que están surgiendo aranceles que aumentan los precios y actúan disminuyendo las exportaciones y el ingreso de las empresas norteamericanas tanto dentro como fuera de EE UU. Estos aranceles los está imponiendo el propio Gobierno de Donald Trump, los que indefectiblemente se trasladarán al consumidor.

La economía norteamericana está enfrentada a la desigualdad de ingresos, construida sobre la base de  la competencia, el individualismo, la desregulación, etc., con un capitalismo desatado que define el rol de los individuos como simples componentes dentro de un neo liberalismo que los divide en pobres y ricos, descartando cualquier otra opción para un desarrollo humanista del hombre. Los datos vuelven a confirmar que la desigualdad sigue creciendo y que ya no es exclusiva entre ricos y pobres. La concentración económica se instaló dentro de la propia elite para disputarse las grandes corporaciones financieras, bancarias, tecnológicas, energéticas, etc.

Un ejemplo es el caso de Amazon con su masiva distribución de bienes y servicios por Internet. La característica principal del gigante Amazon es un modelo empresarial operado como plataforma computacional, que ofrece bajos salarios, condiciones de trabajo brutales y escasos beneficios a sus empleados. La consecuencia ha sido el cierre de miles de tiendas, cadenas de comercio tradicionales y es el apocalípsis de los centros comerciales en los Estados Unidos, un escenario donde se está jugando la supervivencia del empleo menos cualificado.

Las empresas más afectadas han sido tales como, Whole Foods, Best Buy que han estado sitiadas durante años por Amazon, o el negocio de Energizer que golpeó a las baterías. Ya se anticipa la caída de Sears, Macy’s y JCPenney que han cerrado cientos de tiendas en todo EE UU.,  y aún siguen defendiéndose. Otro que está siendo golpeado por Amazon es Nordstrom, un minorista tradicional, y debemos agregar la batalla por el mercado de los libros que lleva años Barnes & Noble versus Amazon. No obstante lo anterior, un golpe mayor se está preparando. Amazon unido a Berkshire Hathaway y JPMorgan Chase & Co, amenazan impactar entrando al mercado de la salud y de los seguros.  

El fundador de Amazon, Jeff Bezos, se convirtió en el hombre más rico de la historia con una fortuna personal de US$ 150 mil millones en patrimonio neto, US$ 55 mil millones más que el cofundador de Microsoft  Bill Gates, la segunda persona más rica del mundo. El ex precandidato presidencial y senador Bernie Sanders declaró que mientras Bezos gana alrededor de 275 millones de dólares diarios, sus empleados deben recibir subsidios del gobierno a fin de comprar alimentos para subsistir.  Un estudio de Policy Matters de Ohio, lo avala, 700 trabajadores de Amazon recibieron vales de comida que entrega el gobierno de EE UU, destinados a las personas de menos recursos.  La desigualdad es tan brutal, que mientras Jeff Bezos, el dueño de Amazon, está terminando su nueva mansión de cientos de millones de dólares que tiene 25 baños, mientras los empleados de su empresa deben orinar en tarros o botellas porque no pueden dejar sus puestos de trabajo.

Lo novedoso de esta nueva realidad, es que los controladores de los grandes conglomerados ven con pavor el surgimiento de enormes mercados con gran potencial de crecimiento, de los cuales no tienen control los grandes conglomerados de Estados Unidos o sus  socios comerciales. China, India, o la zona euroasiática con 3.000 millones de personas representan casi 10 veces la población norteamericana.  Por eso Donald Trump, miente con su  populismo que promete volver al crecimiento o recuperar la grandeza del país, además de omitir los graves problemas ecológicos, el aumento del costo de la energía, la grave contaminación del mar, la acumulación de relaves mineros, la falta de agua, y la contaminación tóxica por grandes procesos industriales.

Un trabajo de Chris Hamilton, en econominica blogspot, señala que el crecimiento en el consumo global ha terminado. “Lo más simple es que las poblaciones de 0 a 64 años de edad, entre los países de ingresos altos y medios altos, hayan dejado de crecer y ahora se estén reduciendo indefinidamente. El crecimiento demográfico de 0-64 años de edad, de ahora en adelante, se ubicará entre las naciones de ingresos medios bajos, y bajos”. En cambio, China sigue creciendo al 6%, y sus planes en construcción de carreteras, grandes represas, sistemas de regadío, trenes de alta velocidad, energía, ciudades nuevas, etc., son testimonios concretos de su actual realidad, que unida al énfasis en innovación y mejoramientos en tecnología, autos eléctricos, trenes bala, aviones, satélites, celulares inteligentes, constituyen el plan “Made in China 2025”. Gústenos o no, la realidad está cambiando el eje del mundo.

La FED está enfrentada a una contradicción que consiste en, decidir el ritmo y la cantidad de alzas que aplicarán para contener la inflación, versus la presión de Donald Trump por mantener el dinero barato que lo ayude en su empecinada guerra comercial. La guerra comercial está incidiendo en la disminución del comercio mundial, y también afectará a las grandes empresas norteamericanas. De acuerdo a Goldman Sachs Global Investment Research, los fletes aéreos y marítimos vienen cayendo desde hace un año a la fecha. Un  nuevo anuncio de Donald Trump agrega otros US$ 200.000 millones en aranceles a más productos de China y aún Canadá no decide aceptar las propuestas de Trump de renegociar el NAFTA, como ya lo hizo México.

El desafío de controlar la inflación oportunamente, tiene una dificultad, las tasas operan desfasadamente entre seis y nueve meses. Algunos en la FED se manifiestan en favor de avanzar más lentamente, o no moverse en absoluto respecto a  las tasas de interés porque la inflación aún “no está arriba como objetivo”, es decir, prefieren que la inflación se caliente independientemente de lo que venga después. Otros creen que la inflación ya haya despegado y para entonces, dado el desfase, se necesitarían tasas más altas aplicadas en breves tiempos para reducir la inflación antes que se descontrole, con el consiguiente descalabro para EE UU y para el resto del mundo, otra crisis.

¿Existe auge en Estados Unidos? Esta respuesta aún no la puede responder nadie. Están los factores que estimulan el lado de la oferta, los recortes tributarios de Trump, un  mayor nivel en eficiencia, la tecnología, etc.  Desde Capital Economics, Michael Pierce, calcula que en Estados Unidos, gracias a la rebaja de impuestos aprobada por iniciativa de Donald Trump, “el PIB avanzará un 2,9% este año, pero a medida que el estímulo se desvanezca el crecimiento debería reducirse a 2% en 2019 y tocar 1,3% en 2020. Muchos de estos factores frenan el optimismo exuberante de algunos empresarios, porque se duda que vayan a perdurar los buenos momentos, por el exceso de deuda corporativa riesgosa.

El economista Andrew Kenningham de Capital Economics, estima que al banco central de EEUU sólo efectuará cuatro subidas más de tipos. Dos este año y dos en 2019. “Creemos que el ciclo de ajuste en EEUU., finalizará a mediados del próximo año, con un rango objetivo de los fondos de entre un 2,75% y el 3%.” Ya hay indicios de debilitamiento de los sectores más sensibles a las tasas, como el inmobiliario y por eso algunos opinan que el costo del dinero en EEUU., culminará en un rango de entre el 2,50% y el 2,75%.

Los aranceles impuestos por Trump a China totalizan US$ 250.000 millones. A eso deben agregarse los aranceles a la UE, México, Canadá, Turquía, etc., que afectarán las importaciones estadounidenses y viceversa, disminuyendo el comercio mundial. Las implicancias para EE UU., es que harán falta  muchos productos nacionales alternativos, por la dificultad inmediata de producirlos internamente, y aún si lo hicieran, lo más probable es que ello termine impactando los bolsillos de los estadounidenses, porque serán más caros y menos competitivos para aumentar las exportaciones norteamericanas al resto del mundo.

La geopolítica se mueve por la posesión de territorios con recursos naturales y pareciera que la civilización cada cierta cantidad de tiempo, es puesta a prueba y se manifiesta en la naturaleza del hombre para crear tensiones geopolíticas. Las guerras comerciales pueden alentar las incursiones militares y el problema radica en que históricamente, los nudos geopolíticos ideológicos se han resuelto con grandes guerras. El gran potencial nuclear destructivo existente, pone en duda si nuestro planeta altamente contaminado, podría  sobrevivir a una tercera guerra mundial y queden zonas donde pueda vivir el hombre.

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