Eutanasia y Suicidio Asistido: Un debate pendiente

Hace cuatro años Paula Díaz Ahumada, hoy de 19 años de edad, comenzó con un malestar persistente en la cabeza. A esto le siguieron dolores corporales. Al mes ya tenía espasmos y movimientos involuntarios. Hoy vive con dolores que ni siquiera le permiten dormir. Su tono de voz siempre parece un desgarro. Está postrada en su cama sin poder abrir los ojos porque, según ella, hasta la luz le quema. Su cuerpo está retorcido y rígido. Las manos agarrotadas. Las piernas se le doblaron hacia atrás y vive con ellas pegadas a la espalda, por esa razón sus rodillas se dislocaron. No puede sentarse. No puede pararse. No puede estar más de 5 minutos en una misma posición. No existe un diagnóstico concluyente. Ha enviado videos y cartas a La Moneda donde explica por qué prefiere morir.

La eutanasia solamente es legal en 5 paísesHolanda fue el primer estado en el mundo en legalizar la eutanasia “activa”, como se denomina a la práctica de entregar fármacos para conseguir la muerte del paciente. La Ley fue aprobada por el Parlamento el año 2001 y entró en vigor el 2002, considera válida también la ayuda médica al suicidio.

Los requisitos para solicitarla son: consentimiento deliberado, que el afectado sea residente y que padezca dolores insoportables o una enfermedad sin cura. Además, antes de realizar cualquier cosa, los profesionales deben consultar a un segundo médico independiente que evalúe el caso. Contempla la objeción de conciencia.

 Por otro lado, Bélgica valida legalmente la eutanasia desde el año 2002. Esto permite que los adultos en situación incurable elijan poner fin a su vida, siempre que más de un médico certifique sufrimiento intolerable o enfermedad incurable.

En 2014 Bélgica amplió la ley sobre eutanasia vigente desde 2002 y se convirtió en el segundo país, después de Holanda, en despenalizar esa práctica médica en menores y el primero en hacerlo sin límites de edad.

El 2009 Luxemburgo se convirtió en el tercer país de la Unión Europea en legalizar esta práctica para lo que fue necesario modificar la Constitución a fin de reducir los poderes del jefe del Estado, el gran duque Enrique. La Ley sigue el ejemplo belga.

En la asistencia al suicidio pueden intervenir personas ajenas a la profesión médica. Suele quedar en manos de organizaciones no gubernamentales.

En Latinoamérica, Colombia fue el primer país que introdujo a su constitución una ley de eutanasia y suicidio asistido, y el único en el mundo donde la medida es reconocida como un derecho fundamental por el Tribunal Constitucional.

En 2015 se aprobó la regulación del procedimiento para aquellos pacientes con enfermedades terminales, mayores de edad y que hayan manifestado de forma verificable su voluntad de morir. A principios del 2018 se convirtió en el tercero en el mundo, después de Holanda y Bélgica, que regula esa práctica también entre los pacientes menores de edad que se rehúsen a padecer los sufrimientos de una enfermedad terminal.

Otro país que se suma a la lista es Canadá, que legaliza la eutanasia desde el año 2016, luego de que el Tribunal Supremo dictaminara en 2015 que la normativa entonces existente, que penalizaba la muerte asistida, era anticonstitucional y le diera al Parlamento un año para redactar una nueva ley. Actualmente la legislación limita el acceso a los enfermos terminales o con dolor insoportable y mayores de 18 años.

En Australia, la eutanasia será legal solo en el estado de Victoria, cuya capital es Melbourne, en donde se aprobó el año pasado. Pero la ley en Victoria entrará en vigor en 2019 y estará restringida a pacientes con enfermedades terminales en pleno ejercicio de sus facultades mentales y con una esperanza de vida de menos de seis meses.

En tanto, el suicidio asistido consiste en la ayuda o asistencia a otra persona que desea terminar con su existencia. Hay países que aprueban esta práctica, pero que prohíben de todas formas la eutanasia “activa”.

Suiza es uno de ellos. La eutanasia no está permitida legalmente, pero un vacío legal autoriza el suicidio asistido. A diferencia de la eutanasia, en el suicidio asistido es la propia persona la que efectúa la acción, estando médicamente asistida.

Sin necesidad de una ley específica, el Tribunal Federal suizo afirmó en noviembre de 2006 que el suicidio asistido era legal y se derivaba del derecho a decidir de las personas, independientemente de su estado de salud.

Para llevarlo a la práctica, el paciente debe ingerir una dosis letal de barbitúricos recetados por un médico o aplicarse una inyección intravenosa por sí mismo. El requisito ineludible del auxilio al suicidio en Suiza es que detrás de la actuación de quien ayuda no haya ninguna motivación egoísta ni de tipo personal o económico.

En Estados Unidos, los estados de Oregon, Washington, Montana, Vermont y California, siguen la misma práctica. Algunas legislaciones son más restrictivas que otras, pero todas consignan el procedimiento del suicidio asistido como legal ya que consideran que la auto-administración de dosis letales es un derecho de los enfermos terminales, no así la eutanasia activa.

El suicidio asistido también está permitido o no está penalizado en países como Albania, Japón, Corea del Sur o Alemania. Este último tiene un vacío legal que permite que asociaciones como Ayuda a Morir o la sección alemana de la suiza Dignitas faciliten medicamentos para morir a personas con enfermedades terminales o graves padecimientos, aunque son los propios afectados los que deben tomarlos. La normativa aprobada en 2015 establece penas de hasta tres años de prisión por ofrecer el suicidio en “términos comerciales”.

Según haya o no consentimiento expreso del paciente, y de acuerdo al método que se utilice, la eutanasia puede ser voluntaria (a pedido del paciente o con su consentimiento) o involuntaria; puede también ser activa y directa (si se ejerce un acto para matar a la persona, como darle una inyección letal) o pasiva (si la voluntaria omisión de un acto provoca directamente la muerte, como negarle alimentación a un paciente que no puede comer por sí mismo).

Tanto en Grecia como en Roma hubo numerosos defensores y detractores de la eutanasia, como lo atestiguan numerosos documentos y testimonios literarios.

Platón en el libro III de La República afirma que “cada ciudadano tiene un deber que cumplir en todo estado bien organizado y habrá que establecer una legislación para el estado que cuide de los ciudadanos bien constituidos de alma y cuerpo, pero respecto a los que no son sanos corporalmente se les dejará morir“.

Hipócrates se opuso a la eutanasia. Para él eran fundamentales la santidad de la persona y el verdadero bienestar del paciente. Reconoció, sin embargo, que se podría violar fácilmente esta ética ya que los médicos, no tienen solo el poder para curar sino también para matar. Por esta razón hizo que los médicos se comprometieran éticamente con el denominado Juramento Hipocrático: “Y no daré ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un tal uso, y del mismo modo, tampoco a ninguna mujer daré pesario abortivo, sino que, a lo largo de mi vida, ejerceré mi arte pura y santamente.”

Séneca, basándose en que la ley eterna fija un solo modo de iniciar la vida, pero varios para salir de ella, nos ha transmitido su opinión al respecto cuando dice “Es al hombre a quien corresponde decidir libremente sobre el sentido y su capacidad de soportar su existencia en el cuerpo(…) no se debe ni querer demasiado a la vida ni odiarla demasiado, sino buscar un término medio y ponerle fin cuando la razón lo aconseje (…) es preferible quitarse la vida, a una vida sin sentido y con sufrimiento“.

En 1605 Francis Bacon introduce por primera vez, la actual concepción de eutanasia: “La acción del médico sobre el enfermo incluyendo la posibilidad de apresurar la muerte“.

David Humejustifica la eutanasia: “Si el disponer de la vida humana fuera algo reservado exclusivamente al todopoderoso, y fuese infringir el derecho divino el que los hombres dispusieran de sus propias vidas, tan criminal sería el que un hombre actuara para conservar la vida, como el que decidiese destruirla“.

San Agustín equiparó el suicidio al homicidio. Su pensamiento influyó en gran medida en la doctrina posterior de la Iglesia Católica. El Código Canónico empezó a condenar el suicidio a partir del Concilio de Arlés en el año 452, estableciendo sanciones como la prohibición de la celebración de la misa, la prohibición de sepultura en campo santo, y la excomunión para quienes solo lo hubieren intentado.

No es inmoral ayudar a suicidarse a los enfermos terminales que se encuentren en un estado límite, opinó un grupo de eminentes médicos estadounidenses en un informe publicado el año 1989 en la prestigiosa revista especializada The New England Journal of MedicineGrosso modo el artículo expresa: “Lo contrario a la ética médica es dejar a los pacientes sufrir de manera intolerable. Creemos que se debe hacer todo lo posible para procurar una muerte en paz“.

La eutanasia implica que uno decida si el esfuerzo por sobrellevar el calvario que constituyen los terribles síntomas de determinadas enfermedades ya es superlativo. Amén, legalizar o despenalizar la eutanasia permite practicarla dentro de un marco jurídico y médico que podría limitar los riesgos de su práctica clandestina. Además, si para el dogma religioso “Dios nos otorgó la vida y solo Él puede quitarla”, ¿por qué imponer esta ortodoxia a los no creyentes y negarles la eutanasia? Un creyente de tomo y lomo jamás se sometería a este procedimiento, basta con leer la frase bíblica anterior extraída de Samuel 2:6.

Artículo publicado en Derechos Humanos y etiquetado , , , , . Puedes guardar el enlace permanente para futuras consultas.

Política de comentarios

  • Por favor, sé breve.
  • Los comentarios no relacionados con el tema del artículo no serán publicados.
  • Si deseas publicar tus textos, por favor envíalos a nuestro correo redaccion@piensachile.com y nos pondremos con contacto contigo.