Perú: Pésimas prácticas de la Backus y Johnston

NEGOCIOS AL INTERIOR DEL GRUPO ECONÓMICO

Desde el punto de vista fiscal un aspecto que pasa piola son las relaciones que mantienen las grandes empresas con sus subsidiarias, filiales y vinculadas tanto en el país como  en el exterior. En un mundo globalizado, de apertura y liberalización de los mercados, las grandes empresas y grupos de poder económico y político, ponen en práctica una serie de mecanismos para sobrefacturar, recargar costos, minimizar los pagos de impuestos, crear empresas de fachada que funcionan digitadas por la principal, abusan de los servicios de terceros, y de los trabajadores, en la mayoría de los cuales se impide la formación de sindicatos.

En resumen, se ponen en práctica una serie de figuras y comportamientos formalmente permitidas, reconocidas con el nombre de elusión tributaria, que tienen como objetivo central: maximizar las utilidades, minimizar los ingresos fiscales y reducir los costos laborales.

Según el portal Ojo Público luego de una sesuda investigación periodística concluyó que las principales corporaciones empresariales han judicializado en casi 800 juicios relacionados a temas tributarios el pago de S/ 20 mil millones de soles, por observaciones de la Sunat sobre el impuesto por pagar, tanto en el tribunal fiscal como en el llamado poder judicial (Ver art. Club de los Deudores 26/7/16)

Ello es particularmente importante en la presente coyuntura  de “vacas flacas“ para el fisco peruano donde la presión tributaria ha disminuido peligrosamente a menos del 13 % del PBI, gracias a los beneficios tributarios, la corrupción, a la evasión y elusión fiscal de las empresas formales, la informalidad y el contrabando.

Debiera ser evidente que con una presión tributaria de tal nivel, el estado no tenga los recursos suficientes para enfrentar y resolver las necesidades sociales de todo estado, salud y educación de calidad, infraestructura y sobre todo la seguridad ciudadana.

Un estado débil, denominado “empírico” por el historiador Jorge Basadre sea históricamente deficitario salvo en las épocas de bonanza. De allí que en los últimos tres años arrastremos  un déficit superior al 3 % en relación al PBI; y la política de los últimos gobiernos ha sido siempre privilegiar los llamados impuestos indirectos, que gravan a los sectores populares, tales como el IGV y el selectivo al consumo a los combustibles, bebidas alcohólicas, gaseosas y cigarrillos.

Sin embargo, se pierde de vista a los “peces gordos”, a las grandes empresas transnacionales y grupos de poder económico que se desenvuelven en el mercado con prácticas de holding, cartel, conglomerados donde una empresa matriz es el cerebro y una serie de empresas filiales y subsidiarias giran alrededor; donde el egreso de una empresa, es el ingreso de la hermana filial o vinculada, donde las compras y ventas se saldan al interior del grupo, y las utilidades se quedan en familia.

LOS TENTÁCULOS DE PULPO

Un caso particularmente grave lo constituye el caso de la industria cervecera donde la transnacional AB Inbev controla a través de “Unión de Cervecerías Backus y Johnston S.A.A.”,  a más de 24 empresas subsidiarias y relacionadas manteniendo privilegiadas relaciones económicas y comerciales afectando las arcas fiscales, a los consumidores y a sus trabajadores, gracias a su poder económico, político y mediático.

Después de todo hemos tenido un presidente de la república (PPK), un presidente del consejo de ministros (Zavala), un ministro de trabajo (Grados), más altos funcionarios de estado y de las empresas públicas provenientes de la Backus, que se quedaron sin chamba, cuando la transnacional AB Inbev absorbió a la competencia Sab Miller a fines del 2015 en un proceso de reestructuración empresarial a nivel mundial.

AB Inbev es un conglomerado mundial que concentra más de un tercio del mercado cervecero mundial. Es un grupo que tiene presencia a escala mundial; de origen multinacional Belgo-Brasileña, con sede en Lovaina (Bélgica), que en noviembre del 2015 cerraba la compra de SAB Miller, su mayor competidor hasta entonces, con lo cual pasa a controlar UCP Backus y Johnston y subsidiarias en nuestro país y resto del mundo donde SAB Miller operaba.

Los dueños o controladores de este conglomerado es un pool de inversionistas mundiales: Grupo Altria (Capital Group de EEUU), la familia Belga Van-Damme, los brasileños: Jorge Paulo Lemann, Carlos Alberto Sicupira y Marcel Herrmann Telles. El colombo estadounidense Alejandro Santo Domingo, dueño del grupo Valórem, participa con un menor porcentaje. Es más, para esta parte andina de América Latina, las operaciones de Perú, Ecuador están centralizadas en Colombia.

Desde el 2016 AB Inbev, tiene presencia en más de 80 países. Cuenta con un portafolio de más de 200 marcas de bebidas alcohólicas y gaseosas, al cierre del 2017 empleaba casi 200,000 trabajadores. Cerca de la mitad de sus ingresos globales, se encuentran dentro de Latinoamérica. Sus dos mercados más importantes son EE.UU. y Brasil; además 6 de las cervezas «top 10» del mundo pertenecen a AB Inbev, y en nuestro país tienen una presencia monopólica.

LAS MALAS PRÁCTICAS

El recuadro “Grupo Backus y Johnston: Principales Empresas Subsidiarias y Relacionadas” expone la importancia de este conglomerado donde AB Inbev SA/NV resulta siendo la matriz del holding, el cerebro económico donde se adoptan las decisiones más importantes, y a través de las 24 empresas subsidiarias y relacionadas se mantienen relaciones de compra/venta en condiciones ajenas a la libre competencia, donde se afecta al fisco, a los consumidores y a los trabajadores, minimizando la participación de utilidades a pesar de los crecientes ingresos, y excedentes económicos.

En especial debiera llamar la atención a la Sunat por el ejercicio 2017 el pago de 706 millones de soles por concepto de  pagos por regalías por el uso de la marca Backus, a la empresa Backus Marcas y Patentes SAC, es decir la empresa se paga a si misma por el uso de su propia marca, en lo que se conoce arrendamiento de la propiedad intelectual.

Igualmente resulta lesivo para el país el pago a la filial Racetrack Peru SRL, una especie de empresa controladora, dedicada a las actividades de las sociedades de cartera,  a la cual se le debe abonar 564 millones por concepto de dividendos cuando en el 2016 la cuenta por pagar no era más de tres millones de soles.

En el mismo sentido también el 2017, todos los consumidores aficionados a la rubia espumosa tuvimos que pagar más de 172 millones de soles por los “servicios de administración, consultoría y asistencia técnica brindados por la matriz AB Inbev SA/NV”

Para el mismo año también se tuvo que pagar 335 millones de soles por la compras de materias primas en especial a SAB Miller Procurement GMBH que es otra matriz responsable de la producción, elaboración y comercialización de cervezas, bebidas y refrescos.

Por último, sería deseable que la SUNAT en defensa del interés público realice investigaciones, pues resulta evidente que existen serios indicios de millonarias sumas de evasión fiscal mediante estas compras/ventas al interior de empresas subsidiarias y relacionadas, que resulta una práctica extendida de los grupos económicos y financieros.

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