Los transexuales invisibilizados por las normas convencionales

03 de Junio 2018
Sabemos que en la Naturaleza nada es rotundo ni definitivo, evolucionando la vida en sus formas y culturas permanentemente.

Nosotros no nos damos cuenta, pero somos creaturas en perpetua evolución, en nuestras formas y colores, adaptándonos al frío, al calor, a la acidez o alcalinidad, al ángulo y fuerza de los rayos solares, a la alimentación, es decir, al medio ambiente que nos rodea.

Esto sucede de generación en generación, y es tan así que los biólogos y genetistas pueden explicar aproximadamente cuando los seres humanos euroasiáticos se blanquearon de su formato más oscuro, cuando comenzaron a tolerar la lactosa en la alimentación y el gluten del trigo.

Y siempre en las poblaciones se ven excepciones a las reglas de la cultura del momento, que nos llaman la atención. Así se dice que en Chile, cuando trajeron los primeros africanos, nuestros antepasados nativos creyendo que era suciedad lo que les daba el color, mataron a más de alguno refregándolo con piedra pómez para sacarle el “piñen”.

Así también con respecto al sexo, tenemos ciertos conceptos generalizados de qué es un hombre y que es una mujer, tanto en su físico como en su comportamiento en la sociedad, en la familia y entre sábanas.

Y justificamos estas expectativas basándonos en lo que creemos es la Biología inexorable de “macho y hembra” y en vez de tolerar las versiones humanas que no caben en nuestra estrecha visión del mundo, en vez de agrandar nuestra visión, tratamos de refregar con piedra pómez la diferencia, llegando a causar la muerte del diferente.

Y eso es lo que ocurre hoy día con los transexuales, que dicen ser aproximadamente el 1.7% de la población humana. Eso en Chile significa casi 300.000 personas que no caen en nuestros esquemas.

300.000 personas que han nacido con un aspecto físico, morfológico o genético, que hace que su sexo no sea tan explícito, y que por lo tanto en vez de ser tratados con empatía, por ser seres sufrientes, les aplicamos la piedra pómez, les negamos el derecho a tomar la apariencia con la que se sientan mejor, y legalmente los obligamos a que sean lo que no son, porque no caen en nuestras categorías.

Los griegos, cuyos dioses reflejaban la complejidad del comportamiento humano, crearon el mito de Hermafrodito, hijo de Hermes y Afrodita, diosa del amor, que tenía ambos sexos.  Esto me parece una solución magnífica, para dignificar una realidad, y no matarla porque no es lo obvio. Pero los Griegos eran inteligentes y no pertenecían a ninguna secta cristiana trasnochada.  [https://es.wikipedia.org/wiki/Hermafrodito]

Y la historia nos muestra, sin rebuscar mucho, dos transexuales bastante famosos.  Me refiero a la Reina Cristina de Suecia, y a Catalina de Erauso, la Monja Alférez que peleó en las guerras de Arauco en el siglo XVII.

La Reina Cristina  nacida en 1632 fue una mujer inteligentísima, heredera del trono de Suecia, criada para ser reina, pero al decir de las comadronas, fue clasificada al nacer como varón y después se percataron de que era mujer.

Esto revela que sus genitales eran ambiguos, o quizás tenía ambas características.

Esta mujer de enorme carácter, se negó a casarse. Hizo que Suecia país de campesinos y navegantes, se convirtiera en un centro cultural de artistas, filósofos e innovadores, puso fin a la Guerra de los Treinta Años, convocada por motivos religiosos entre luteranos y católicos, y trajo la paz y la cultura a su país.

Usó pantalones toda su vida, y abdicó en favor de un primo al que adoptó como hijo en vez de casarse con él. Siendo luterana se fue a Roma y se convirtió al catolicismo quedando bajo la protección de los papas, que le dieron la libertad  de ser autónoma que no le dio la Corte Sueca y la Iglesia Luterana. Está enterrada en la Basílica de San Pedro probando que a los papas no les importó mucho su ambigüedad sexual. [https://es.wikipedia.org/wiki/Cristina_de_Suecia]

Catalina de Erauso, que nació en San Sebastián en el País Vasco en 1585 fue una chica cuyos padres internaron en un convento junto con sus hermanas, para que obtuvieron educación hasta que se casaran.

Se fugó a los 15 años después de una pelea con una monja, y disfrazada de hombre, llegó hasta Sevilla donde se embarcó al Nuevo Mundo. Excelente espadachina, con muy mal carácter y aficionada a los dados y al naipe, se metió en numerosas riñas donde más de alguien salió muerto.  Tuvo novias, que a la hora de las verdades, la hicieron salir arrancando porque una denuncia a la Inquisición no era broma.  Dicen que en Chile mató a su hermano mayor, al que no conocía en una riña de jugadores. Peleó en las Guerras de Arauco, y obtuvo de Felipe IV una pensión como soldado y la autorización para usar su nombre masculino Visitó al Papa que le permitió usar su nombre de varón y usar traje de hombre. [https://es.wikipedia.org/wiki/Catalina_de_Erauso]

Y aquí estamos nosotros en el siglo XXI incapaces de absorber en nuestras democracias, a las minorías, por prejuicios trasnochados.

“No te metas con mis hijos”, reza un Bus que recorre Chile después de recorrer España, reiterando que las niñas “nacen con “vulva” y los hombres con “pene”.  Que no te engañen…”

Yo les digo: “ Y tú, no te metas con los míos, que quiero que sean creaturas tolerantes y compasivas con el prójimo, y no carcamales momificados por los prejuicios.”

En este momento en que se han visibilizado graves problemas de objetivos de género en el estamento clerical de la Iglesia Católica, se ha visto la ambigüedad de los objetivos sexuales de los ejemplares del sexo masculino de nuestra especie, y como se ha usado el poder para que esto no saliera a flote.

De modo que los hombres de pera y bigote, transgredían por lo menos la mitad de los atributos de la masculinidad, quedando en la ambigüedad misma la definición de género encubierta por el silencio de las víctimas.

Pero en medio del destape de víctimas, las mujeres que desde siempre han sido víctimas del mal uso del poder, pegaron un grito y comenzaron a contar sus humillaciones en todos los campos de la sociedad, solidarizándose con todas las víctimas del poder de una cultura machista naturalizada, como si fuera un deseo divino.

Así estamos en pleno destape y concientización de que lo que considerábamos natural no es tan natural, y la sociedad debe acostumbrarse a la idea que los seres humanos son respetables y deben ser tratados con respeto y equitativamente.

Jesús, el Maestro de sabiduría, nunca discriminó, a pesar que su religión judía escrita en el milenio anterior justificaba la discriminación. Tuvo seguidores de ambos sexos, ayudó mucho a las mujeres en sus enfermedades, incluso libró a una de ellas de ser ejecutada a pedradas debido a un castigo ritual por adulterio. Las mujeres estuvieron al pie de la cruz, los hombres arrancaron a perderse, y dicen que cuando resucitó se apareció primero a ellas, y no a ellos.

Comía y conversaba con María, hermana de su amigo Lázaro, mientras que Marta rabiaba en la cocina por no poder participar. Y el Maestro le dijo que era cosa de ella dejar la cocina, si quería hacerlo.

Bueno, ahora las mujeres quieren dejar la cocina, y el aseo y tener trabajos tan bien pagados como los hombres, si están capacitadas para hacer las mismas funciones con la misma eficiencia.

Visto así, el cristianismo no es una religión opresiva como algunos de sus seguidores quieren presentarla y así justificar su machismo.  Me temo que Jesús tiene un pensamiento moderno, y sus seguidores están anclados en el pasado de la religión judía, lanzando anatemas contra los que no siguen el Levítico, que fue escrito en la Edad de Hierro de la Historia y es parte del Antiguo Testamento y no del proyecto de Jesús.

Y hablo de Jesús, porque los gritos más destemplados suelen venir de sus seguidores más fanáticos, que están comenzando a vociferar incluso desde el Parlamento y de las sedes de algunas universidades, a nombre de la ortodoxia católica.

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