Juan Carlos Cruz:  “La Conferencia Episcopal no sabe pedir perdón”

12/05/2018
Juan Carlos Cruz, José Andrés Murillo y James Hamilton están ad portas de provocar una revolución en la iglesia católica, tanto en Chile como en el resto del mundo. Después de decenios de maltratos,  calumnias y abusos por parte de algunos monseñores  purpurados al fin, como fruto de la perseverancia en la lucha por la defensa de los derechos de los niños y adolescentes, las tres víctimas de estos abusos no sólo logran la auténtica petición de perdón del Papa Francisco, sino  también la promesa de una cirugía mayor en un episcopado chileno corroído por la apeste del abuso de poder,  de encubrimiento y de la pederastia.

Según estos tres  valientes testigos de la verdad que tuvieron largas conversaciones con el Papa comprobaron que Francisco estaba mal informado; ahora, lo que importa es saber quiénes mintieron al Papa y con qué objetivos. No hay que ser muy advertido para incluir en esa lista a los cardenales Francisco Javier Errázuriz y Ricardo Ezzati, al nuncio Ivo Scapolo y, por parte del Vaticano, al mafioso chupamedias del dictador Pinochet,  Ángelo Sodano.

En la conferencia de prensa que sostuvieron hoy, 2 de mayo, Juan Carlos Cruz dijo, con razón: “la Conferencia Episcopal no sabe pedir perdón”. Estos obispos son tan mafiosos como los que pertenecían a la logia del P2, que operaba en el Vaticano – incluso, se sabe que regentaron una casa de prostitución donde las “rameras” eran jóvenes seminaristas -.

Las mentiras de Errázuriz y Ezzati los acusan por sí solos: baste recordar los famosos mensajes electrónicos mutuos en que acusaban a Juan Carlos Cruz de “serpiente”, y que Errázuriz se encargaría – cual vieja copuchenta – de hablar con el Papa a fin de que lo vetara en una comisión de defensa de las víctimas de abuso sexual. Ezzati no sólo conspira tan mal, pues es descubierto al instante, sino que, además, dice tonterías propias de demencia senil, como las de confundir a los transexuales con gatos y perros: “el gato, no porque le digan perro va a dejar de ser gato”. Salvo algunas honrosas excepciones los obispos actuales son lobos cuidando ovejas; cuatro de ellos fueron formados por el degenerado Fernando Karadima: Tomislav Koljalic, Juan Barros, Horacio Valenzuela y Andrés Arteaga, todos ellos encubridores de su líder, a quien llamaban “el santito”.

Juan Carlos Cruz es claro y frontal: cuando acusa a Juan Barros y los otros tres obispos de haber sido testigos de los abusos sexuales de Karadima en su contra y en contra de otros niños.

James Hamilton acusa directamente a los cardenales Errázuriz y Ezzati y a los demás obispos de Karadima de “criminales”, que deberían estar en la cárcel, pero que se han salvado gracias a la ley chilena, mediante la cual prescriben de cinco a diez años los delitos de abuso sexual; en su intervención en la rueda de prensa pidió al Presidente actual, Sebastián Piñera, que estos delitos fueran imprescriptibles.

Francisco les ha prometido tomar medidas a corto, mediano y largo plazo, a fin de erradicar la “peste” de la pedofilia clerical. Ojalá esta vez pueda y quiera cumplir su palabra, pues si no lo hiciese, la jerarquía eclesiástica terminaría de prostituirse convirtiéndose en una mafia, muy parecida a la “ramera de Babilonia”, como la llamaban los cátaros.( los puros)

Parece evidente que la Conferencia Episcopal chilena, que se ha podrido en servicio del poder establecido, necesita una cirugía profunda y, como en el cáncer, si no se interviene a tiempo la enfermedad, la metástasis terminará por matar a la jerarquía.

Si nos detenemos a reflexionar sobra la  plaga exterminadora de la pederastia podremos comprobar que, generalmente, hay una relación entre el servicio a los poderosos y al dinero y el abuso, no sólo de niños y adolescentes, sino también a las mujeres, a los pobres, a los inválidos, a los inmigrantes. Chile actual tiene una jerarquía eclesiástica que encubre a los curas pederastas, como Karadima, O´Raylly y algunos Millonarios  de Cristo –  recuérdese a Marcial Maciel intimo del papa Polaco-.

Si no existieran los protectores de las “vacas gordas”, los buscadores de herencias de ancianas beatas, aterradas con el infierno que se les avecina, la iglesia de Constantino…, jamás Fernando Karadima, por ejemplo, se hubiese convertido en un líder de la juventud, así como en un sacerdote admirado y protegido por Errázuriz por haber generado tantas vocaciones, en medio de una sequedad de una iglesia, cuyo alfa y omega es el dinero. Esta realidad hacía posible que el degenerado Karadima se diera el lujo de vanagloriarse por ser discípulo del padre Alberto Hurtado, a quien ni siquiera conocía. En la iglesia colorado, (de El Bosque), era templo de los militares asesinos y hasta del mismo Pinochet, y se trataba de tú a tú con el nuncio Ángelo Sodano.

Sin hechos y una reparación verdadera, la petición de perdón por parte del Papa Francisco será como palabras al viento.


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