Viaje al encuentro con la memoria

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Praia de Caión – Galicia – Nacho Capelo – Unsplash

07 de abril de 2018
Se van a cumplir, en mayo de 2018, diez años de uno de mis más importantes viajes al encuentro con la memoria; un suspiro en el fluir misterioso del tiempo, mas un lapso significativo para este escriba transeúnte, buscando sin cesar las proyecciones de las raíces gallegas, a través del tronco de mi padre emigrante, ese niño que abandonara su aldea lucense hace noventa y cuatro años, para fundar una estirpe que hoy integran casi dos centenares de individuos. Como he afirmado muchas veces, la herencia de nuestro progenitor consistió en traspasar a sus ocho hijos el amor por la Tierra Madre, pero, sobre todo, por su lengua y su cultura.

Este viaje del que hablaré aquí, fue a Sada, A Coruña, Galicia atlántica, en mayo de 2008, con ocasión de presentar el libro La Feria del Mundo, selección de crónicas de Ramón Suárez Picallo, escritas en Chile entre 1942 y 1956. La obra, publicada por el Consello da Cultura Galega, en cuidada y fina edición de 410 páginas, era la culminación de un trabajo de largos años, en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile y en el seno del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago, bajo la iniciativa y supervisión de su directora, Carmen Norambuena Carrasco, destacada especialista en temas migratorios, historiadora y académica, quien había concurrido a un Congreso Migratorio efectuado en A Coruña, a inicios de la década de los 90’ del pasado siglo. Carmen viajó entonces a Sada, para conocer la patria de nacencia de Ramón Suárez Picallo, ese ilustre político inmigrante del forzoso exilio español provocado por la Guerra Civil y la derrota de la República. En esa ocasión, ella manifestó su voluntad de recuperar la extraordinaria obra periodística de Ramón, producida durante dieciséis años en Chile, de la que tenía noticia en sus permanentes indagaciones sobre la huella cultural de ese puñado de gallegos que escogieron como destino el país más austral del mundo. En medio de esos menesteres, iniciados por ella en 1985, nos conocimos, precisamente en la sede de Lar Gallego, donde yo oficiaba como director de cultura y encargado de la biblioteca institucional.

Fui invitado por ella a sumarme al proyecto, en 1998, cuando llevábamos adelante las gestiones para articular, bajo la tuición del IDEA (Instituto de Estudios Avanzados), un centro de estudios de lengua y cultura gallegas, junto al por entonces joven estudiante de Historia, Alex Cornejo Serrano. La tarea significaba un gran desafío: recuperar de los archivos virtuales las crónicas, artículos y viñetas que Ramón Suárez Picallo había publicado en los periódicos La Hora, La Nación y La Opinión, medios de prensa de la capital chilena, de El Sur, diario de la ciudad de Concepción, y de la revista Ercilla. Luego, la lenta y meticulosa labor de extraer y fotocopiar el material, clasificarlo y llevar a cabo una selección cronológica y temática. Culminamos esa etapa en el 2005. En forma paralela, a través del desarrollo del Programa de Estudos Galegos, establecimos numerosos contactos con amigos y conocidos de Galicia, con funcionarios de la Xunta, como Fernando Amarelo de Castro, Celso Currás, Manuel Regueiro; escritores, profesores e investigadores, algunos de ellos ligados al Consello de Cultura Galega, como Ramón Villares, Xosé López García, Rosa Aneiros, Anxos Sumai, Xosé María Palmeiro; otros, como Luis González Tosar (este poeta argentino-gallego, fue pieza clave en el propósito de fundar el centro de estudios en Chile), Xulio López Valcárcel, Xavier Alcalá, Ana Miranda, Manolo Beiras, Luis Vaamonde, (pido excusas por los nombres omitidos).

Diciéndolo con una imagen muy gallega: claros afluentes que nos llevarían a encauzar el río voluminoso de la prosa viva de Ramón Suárez Picallo en un bello libro. Cerrábamos así un largo periplo andariego de Ramón, iniciado para nosotros los chilenos en 1940, y culminado en 1956, recibiendo de él, con humildad y pasión, el testimonio de una existencia entregada, sobre todo, al galleguismo, una causa de amor por la historia, la lengua y la cultura de Galicia que asumí como tarea propia, como causa luminosa y motivación cotidiana.

En la patria de Breogán encontré siempre los ecos rumorosos de sincera acogida y entendimiento, pero en ningún sitio ello se produjo con la intensidad afectiva de mis amigos y compañeros de Sada, a quienes quisiera recordar aquí, en la sencilla evocación de sus nombres: Paco Pita, Lito Pérez, Abel López, Amable Caño, Marisa Naveiro, Regina Basadre, Xosé Val Díaz, el escultor, Manolo Cotos, Ramón, sobrino nieto del ilustre cronista Suárez Picallo, y otros que quisiera recordar, a los que expongo mis excusas por la involuntaria omisión.

Sada es para mí, como la he bautizado en secreto, “vibrante rincón republicano”. Allí pude compartir, al calor de una limpia amistad, el entusiasmo y el empeño, sin claudicaciones, por advenir a la auténtica democracia, nacida en el respeto a la diversidad de las diversas naciones que integran el Estado Español. Cómo no recordar los encuentros, los diálogos interminables ante una mesa en donde gustábamos los incomparables vinos y primicias de la cocina gallega; la chispa retranqueira de Amable, la cordialidad de Paco, el incansable prurito intelectual del joven Lito, la hospitalaria generosidad de Abel, la cálida amistad de Valdi, la solicitud cordial de Marisa y de Regina… Es imposible, para este escriba, hacer debido honor a lo recibido en la pequeña patria de Ramón Suárez Picallo.

Paco Pita y Marisa Naveiro me llevaron a conocer los múltiples rincones de la mariña de Sada, las aldeas vecinas, los villorrios desde donde emigraron tantos hijos de Galicia para desperdigarse por el mundo, por nuestra Sudamérica. Fueron días intensos para una breve e inolvidable estada. Recordé entonces que veintitrés años antes tuve la oportunidad y el privilegio de asistir, en Santiago de Compostela, al Congreso “Rosalía de Castro e o seu Tempo”, que conmemoraba el centenario del pasamento de la excelsa poeta. La exaltación de mi ánimo era ahora parecida en Sada, aunque percibía en ella una especie de maduración reflexiva ante ciertos resultados tangibles de mi permanente búsqueda, plasmándose en una vieja e imborrable sentencia: “No soy yo quien vive, son todos los que viven en mí”.

Ahora, como chileno hijo de padre gallego, debo manifestar en este escrito que esta cosecha comenzó a gestarse hace ocho décadas. Para dejarlo así establecido, recurriré a ese joven amigo con quien compartimos las indagaciones memoriosas sobre el hijo pródigo de Sada, un chileno sin raíces genéticas conocidas en Galicia, pero quien se enamoró de ella a través del conocimiento de su riqueza cultural: Alex Serrano Cornejo…

…Hoy académico de Historia y especialista en estudios migratorios, realizó una significativa labor de investigación respecto al galleguismo en Chile y sus estrechas relaciones con el aporte de Ramón Suárez Picallo, considerando las características de la emigración gallega en este rincón del mundo y su carácter minoritario, en relación al resto de las colectividades hispanas. De su ensayo “El Galleguismo en Chile, 1940 – 1950”, extraigo para los lectores de Areal párrafos de gran interés y de actualidad en la hora presente, cuando una especie de velada dictadura de los medios de expresión peninsulares, coludidos con un sistema socioeconómico nefasto, bajo una monarquía seudo democrática que constriñe cualquier expresión política disidente (caso de Catalunya), pretende imponer en toda España un criterio de conformismo ideológico y social, mediante cortinas de humo legalistas que ahoguen las brasas de una memoria cuyos dilemas y contradicciones continúan latentes y sin auténtica solución:

“La emigración en Chile, a lo largo de su trayectoria histórica, nunca superó el 5% de la población total del país. De ese pequeño número de inmigrantes, la comunidad que alcanza la mayor cuantía es la hispana… Al analizarla, resulta evidente el predominio de vascos, catalanes, andaluces, extremeños y castellanos, siendo los gallegos una minoría que no supera el 10%. En ese sentido, cabe preguntarse si existieron en Chile manifestaciones ideológicas o políticas del galleguismo después de la Guerra Civil española, y cuál fue el nivel de apoyo de los gallegos residentes.

“La comunidad gallega de Chile siguió los patrones asociativos de sus congéneres en la diáspora, como Cuba, Argentina y Uruguay, aunque en menor escala. Las organizaciones generadas fueron estableciendo una corriente de opinión favorable a la construcción de una Galicia diferenciada de la comunidad hispana, pero que nunca llegó a postular tendencias separatistas. Es más, sus entidades se declaran hispanistas, aun cuando escasos elementos individuales optan por una posición regionalista o nacionalista.

“Pero el galleguismo no se hará sentir en tierra chilena hasta 1940, con la llegada de Ramón Suárez Picallo y Manuel Celso Garrido, los cuales, desde la trinchera periodística de diarios como La Hora y La Opinión, mostrarán a la sociedad chilena un concepto y una idea de Galicia absolutamente nuevos para ella.”

“En el momento del arribo de Suárez Picallo a Chile, a finales de 1940, los gallegos residentes sólo contaban con una pequeña organización llamada Lar Gallego, presidida por Antonio Pérez González, que reunía a un reducido grupo de amigos que realizaban parladoiros en el restaurante La Bahía. Ramón se dio a la tarea de organizar el galleguismo, el cual nunca se desarrolló en Chile de manera mayoritaria… Esto se debió a que los gallegos eran una minoría dentro de los españoles radicados en el país… Los éxitos económicos –también circunscritos a una minoría–, acercaban a la mayor parte de los hispanos y gallegos “acomodados” a los grupos dirigentes conservadores de la sociedad chilena, simpatizantes y colaboradores con el franquismo…”

Pero, ¿qué era?, ¿qué significaba aquel galleguismo, liderado sin duda por Alfonso Rodríguez Castelao, desde su exilio en Buenos Aires? Ni más ni menos que la defensa de las particularidades históricas y culturales de Galicia, la preservación comunal y el pleno desarrollo literario de su lengua, a despecho del unitarismo dictatorial de Francisco Franco; en suma, la lucha secular por la identidad.

Ochenta años después, esto se mantiene como postura general y política subrepticia en la mayoría de las instituciones hispanas de Chile. Sólo los catalanes ostentan una posición diferente, siendo fieles al legado de su historia particular. Hoy, ellos son objeto de mofa por los “españolistas” a ultranza, hijos, nietos y biznietos de la emigración, puesto que sobrevive apenas un puñado de viejos emigrantes, mientras sus descendientes, sordos a las voces de la memoria, viven en una suerte de cómoda burbuja que les depara el sistema.

“…Suárez Picallo asumió la tarea de generar un discurso que resaltase las realidades regionales españolas, en especial la de Galicia, ya sea a través de sus cotidianas crónicas periodísticas, o profiriendo conferencias para difundir el conocimiento de la patria gallega en la sociedad chilena, especialmente para conmemorar el Día de Galicia, como la célebre alocución pronunciada en el Centro Republicano Español (hoy desaparecido), en 1942, titulada ‘Estampas de la Leyenda Jacobea”. En esta labor, su éxito fue consolidándose poco a poco, llegando a ser reconocido por la prensa galleguista de Buenos Aires, que permanentemente publicaba notas encomiásticas respecto al trabajo de Suárez Picallo en Chile: ‘…Brillante labor de galleguidad la que desarrolla Suárez Picallo en aquel ambiente. La colectividad gallega se hallaba desorientada, políticamente hablando, y con la conciencia patriótica adormecida. Y Suárez Picallo, con artículos y crónicas en los periódicos chilenos y con su palabra elocuente, obró el milagro de encender el sentimiento galleguista’…”

Y concluimos esta breve referencia al ensayo de Alex Cornejo Serrano, con reflexiones que bien sintetizan el aporte del genio de Suárez Picallo y la entrega de toda su existencia a la causa de una Galicia libre, dueña en plenitud de su historia y de su cultura:

“Su labor quedará complementada con su monumental trabajo en la prensa chilena, que durante más de una década lo tuvo como columnista en diferentes medios de la capital y de la provincia. Al conocido trabajo en La Hora, se agregan las columnas en los periódicos La Opinión y El Sur de Concepción, y también en la revista Ercilla. El denominador común es el carácter progresista de esas publicaciones, durante una década favorable a esta tendencia, como fue la de los 40’, de vocación democrática y humanista, impulsada de manera significativa por tres sucesivos gobiernos del Partido Radical chileno, a cuyo alero se llevaran a cabo epopeyas notables como la del Winnipeg, el barco de la esperanza que trajera desde Francia a dos mil trescientos refugiados españoles.

“La segunda gran aportación al galleguismo realizada por Ramón Suárez Picallo fue la de constituir, junto con las colectividades vasca y catalana, la sección chilena de Galeuzca, en la que participa como delegado chileno junto con el poeta Manuel Celso Garrido, hecho que se legitimó con su incorporación al Consejo de Galicia… Los actos que celebraban las tres colectividades se hacían con la presencia conjunta de sus regiones…

“Por los éxitos obtenidos en la creación de Galeuzca en Chile y tras la visita del Gallego Rodolfo Prada Chamocín, brazo derecho de Alfonso Castelao en la capital del Plata, en diciembre de 1944, comienza a destacarse la labor galleguista desarrollada por Suárez Picallo en tierra chilena, de la cual se hace eco, desde Buenos Aires, A Nosa Terra.”

Tengo en mis manos un ejemplar de La Feria del Mundo, editado a comienzos del 2008 por el Consello da Cultura Galega, escolma debida a la certera selección de Rosa Aneiros y Xosé López. En la primera portadilla destacan tres dedicatorias que me honran y emocionan: las de Xosé Neira Vilas, Avelino Pousa Antelo e Isaac Díaz Pardo. Avelino escribió la fecha, 30 de mayo de 2008, en que los tres ilustres gallegos rubricaron el libro, ahora convertido en un tesoro de papel y tinta.

Ese día presentamos la obra en el Centro Cultural de Sada. Concurrí, gentilmente invitado por Abel López Soto, a la sazón alcalde de la villa, y por Paco Pita, directivo de la Asociación Irmáns Suárez Picallo. Además de los ya nombrados, estaban Ramón Villares, presidente del Consello da Cultura Galega y otros distinguidos representantes de la cultura gallega y de las fuerzas vivas de la comunidad de Sada.

¿Qué más podría agregar este viajero del Último Reino? La palabra “gracias” y el propósito de volver a Sada, con mis recuerdos, mis palabras y mis libros bajo el brazo. Ya no será una travesía más, sino el regreso de un hijo que ha hecho suya la pequeña y dulce patria de Ramón Suárez Picallo.

Que así sea.

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