La utopía se adelanta siempre a la historia: volver a entusiasmarnos con la vía electoral

Parto rememorando el abandono que hizo la Democracia Cristiana a la alianza de Gobierno sellado con la candidatura de Carolina Goic que aceptó primarias, la soberbia de este partido político por años al servicio del neoliberalismo parecía un duro golpe a la candidatura de Guillier. Sin escribirlo pensé en que este acto en gobiernos más serios hubiera traído la salida de todos los ministros o de funcionarios del Estado pertenecientes a la Democracia Cristiana que no asumieran la candidatura del conglomerado político de gobierno. Sin embargo, hoy sabemos que la soberbia de la DC no tenía ningún fundamento y hoy tendrán que correr como ratas a la sombra de Guillier y soportar la sospecha que del 5% varios votarán a Piñera en segunda vuelta. Claramente, como lo ha mostrado la historia este partido político no puede asegurar confianza a las pretensiones de Guillier.

Pero, esto no es lo más preocupante para la política que viene. Sin duda el principal amenaza política es el crecimiento que tuvo el voto que apoyó al candidato más conservador de los últimas elecciones. Es grave que el neoconservadurismo obtenga un 7%, no creo que este sea un voto de castigo, sino que el triunfo de las ideologías que promueven varias corporaciones que concentran poder económico y espiritual.

Lo que hoy sorprende a todos es la alta votación que logró Beatriz Sánchez, que sin duda es reforzada con la cantidad de parlamentarios que logró instalar el Frente Amplio, que no ha tenido una campaña tan impecable, pero que había mostrado su fortaleza y poder de convocatoria en la elección de Sharp como alcalde de Valparaíso y en sus elecciones primarias, aunque quedaron debiéndonos una conformación más representativa de las fuerzas políticas de izquierda.

Por las declaraciones que han circulado en distintos medios no se puede suponer una transferencia inmediata de los votos que obtuvo Sánchez hacia la candidatura de Guillier. Es aquí donde se juega una cuestión política importante, ya que esto hace presumir que Guillier tendrá que salir del centro hacia la izquierda. El Partido Comunista tendrá posibilidad para reivindicarse con su pasado histórico y recuperar su trabajo político menos institucionalizado. Lo que quiero decir es que estamos frente a una posibilidad histórica de asumir un liderazgo político más cercano a la izquierda que al centro.

Las dudas que surgen son si Guillier o sus secuaces estarán leyendo así la historia. Asegurar la derrota de Piñera tiene un imperativo político insoslayable que consiste en girar a la izquierda y apostar por la juventud política. No se trata sólo de ganarle a Piñera apelando a la conciencia de que no es conveniente votar por aquellos a los que se les cuestiona permanentemente el cómo se han enriquecido. Hay que hacer gestos contundentes a esta nueva tendencia política que es la ganadora en estas elecciones en las cuales Piñera perdió (bajó su piso base de electorado), la Democracia Cristiana perdió, los partidos políticos que están detrás de Guillier lograron empatar y sólo ganarán si es que se acercan al Frente Amplio con alguna propuesta de gobierno conjunta.

Sin duda, un triunfo de Guillier apoyado por el Frente Amplio es ventajoso. En primer lugar, nos salvaría de Piñera y sus 40 cercanos. Pero, eso sería el triunfo menor, insisto, lo importante es que aparece la posibilidad para un nuevo escenario político fundacional que responde a los graves problemas del escepticismo y del relativismo.

No se pueden ofrecer en este momento simulacros para una nueva Constitución Política, hay que: cobrar mayores intereses a las mineras; recuperar el agua e ir pensando en la nacionalización de todo aquello que es parte de nuestros recursos naturales; acabar con la educación de mercado; abandonar el régimen represivo; alcanzar políticas con decisiones territoriales a favor de nuestros pueblos originarios; acabar con el sistema de las AFPS; instalar un buen sistema de salud pública; aumentar las ganancias de los trabajadores; integrar a los migrantes a la vida no sólo económica sino que social, cultural y política, etc. En este giro, sin duda también pueden involucrarse las otras fuerzas políticas ya sean progresistas o de izquierda.

Se vienen días en que lo político puede alcanzar gran atención ciudadana, es decir estimulando a que vote más del 45% que votó. Estamos en un momento histórico para el país y para la región que se ha visto azotada, por la campaña comunicacional de los medios hegemónicos, pero también dañada por los mismos liderazgos políticos que no leen la historia o que se empeñan en sus dogmas y egoísmos.

Creo que Piñera no tiene ninguna razón para estar contento por estos días y si la ciudadanía se despierta y unifica su derrota será segura, pero esto no es sólo responsabilidad de la ciudadanía, aquellos representantes en los que algunos chilenos siguieron confiando tienen una responsabilidad histórica irrenunciable.

-El autor, Alex Ibarra Peña, es miembro del Colectivo de Pensamiento Crítico “palabra encapuchada”.

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