A un año de la elección de Donald Trump

10/11/2017
En el mes de noviembre de 216 fueron varios personas e instituciones las sorprendidas: en primer lugar los pronósticos electorales y los resultados de la encuestas de opinión que, en su mayoría, daban como ganadora a la candidata demócrata, Hillary Clinton; en segundo lugar, numerosos medios de comunicación – salvo la cadena FOX que se inclinaba por Trump -; en tercer lugar, el establishment político y económico que apostó, desde sus inicios, por Clinton; en cuarto lugar, los ciudadanos de las grandes ciudades, Nueva York y Los Ángeles que, en su mayoría, votaron por Clinton; en quinto lugar, la misma dirección del Partido Republicano, que no creía en el triunfo de un candidato marginal como lo era Trump.

Hoy olvidamos que Trump comenzó con el 1% de apoyo entre 30 candidatos a la primaria republicana, y se le consideraba como un millonario excéntrico, un “voltearepas” – como dicen los colombianos para referirse a las personas volubles, es decir, que cambian de parecer según las circunstancias – y no leyeron bien que este candidato representaba muy bien a los analfabetos electorales, a los resentidos, a los marginados, a los cesantes, a los racistas, en general a todos los marginales del sistema político y económico.

Cada día cabe menos duda de que los rusos intervinieron activamente en favor de Trump, así como tuvo un papel no despreciable del rol del director del FBI, James Comey – posteriormente, fue despedido de sus funciones por el propio Presidente Trump – quien acusó a la candidata Clinton de mal uso de correos electrónicos

Con el correr de los días, es más claro que Trump supo utilizar, muy hábilmente, el pésimo sistema electoral norteamericano que permite elegir a quien tiene minoría en la votación popular – Trump perdió por dos millones de votos contra Clinton -, en cambio gana el que concita mayor número de electores, representados por delegados de los distintos Estados. Trump dirigió su campaña a aquellos Estados que le eran decisivos para darle mayoría.

El multimillonario padece de un narcisismo sin parangón en la historia de la humanidad: dicen los cercanos que sólo lee aquellos informes en que se menciona favorablemente su nombre varias veces, además, es más nepotista el mismísimo Napoleón Bonaparte – nombraba reyes a sus estúpidos hermanos y hermanas – pues Trump lo hace con su yerno, hijos e hijas, que están muy cómodos en la Casa Blanca. Los que creyeron que Trump iba a ser muy distinto como Presidente del candidato se equivocaron rotundamente: ha intentado cumplir lo que prometió, pero también ha obedecido a su intuición, sobre todo en política internacional.

Es cierto que en muchos puntos de su programa de gobierno ha fracasado, a causa de la oposición en el Congreso, incluidos miembros de su propio Partido, el Republicano y, en otros casos, por dictámenes emanados del poder judicial, por ejemplo, la emblemática derogación del Obama care y el presupuesto para la construcción del muro en la frontera con México.

Como Piñera, Trump admira a los ignorantes, pues ellos mismos son unos analfabetos literarios de marca mayor, y sólo saben de negocios y lo único que les agrada es el dinero – por desgracia, cuentan con muchos seguidores, entre ellos, los Presidentes Mauricio Macri, de Argentina, y PPK, de Perú- y mientras más pillo y millonario, más tontos votan por ese candidato, es decir la democracia bancaria es un mierdero impresionante, solamente superado por las tiranías.

El principal instrumento de comunicación de Donald Trump es el twitter, y en su política internacional se rige la intuición, pues no confía en ninguna institución o asesoría, incluso de la C.I.A. A través del mundo ha forjado muchos enemigos: en Asia, Corea del Norte, China, Irán y Siria, entre otros países, y grandes aliados como Israel y Arabia Saudita.

Trump es un aislacionista: se retiró del Tratado de París, pues no cree en el “Cambio Climático” que, según es una tontería más, inventada por los científicos; en otro aspecto, quiere eliminar el Nafta o bien, transformarlo radicalmente pues perjudicaría a los Estados Unidos, como lo hizo con el Tratado del Pacífico – en este plano existe una contradicción con la mayoría de los congresistas republicanos, que son partidos de los Tratados de Libre Comercio -.

Durante estos primeros diez meses de gobierno ha utilizado dos bombas de alto poder destructivo: una en Siria y otra en Afganistán, es decir, Trump emplea elementos bélicos para oscurecer sus muchos errores en política interna.

Quizás, el caso más grave de la administración Trump, hasta ahora, ha sido el llamado Rusia gate, la intervención del gobierno de Vladimir Putin en la última elección en estados Unidos, en triunfó Tump. La primera víctima fue el director del FBI, James Comey, destituido por negarse a “tapar” la intervención de funcionarios del gobierno de Trump en el Rusiagate, sobre todo donde está implicado su yerno, Jared Kushner, como también su propio hijo mayor, quien confesó haber recibido información que, claramente, perjudicaba a la candidata Hillary Clinton.

Entre las víctimas del Rusiagate se encuentran, además del círculo familiar, el ex Consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn y el Fiscal Nacional Jeff Session y, en los últimos días han confesado su participación el ex jefe de campaña presidencial, Paul Malaford y el Consejero Internacional Georges Papadoupulos.

Para rematar los casos de corrupción en los pocos meses de la administración Trump, acaba de publicarse los Papers Paradise, en que aparece implicado su yerno quien, además, tiene una relación comercial con empresas donde estaría el mismo yerno de Putin, y el ministro de Comercio, Wildur Ross quien, a su vez, está relacionado con una empresa con Rusia.

Donald Trump está acusado, ante el Gran Jurado, de obstrucción a la justicia que bien podría transformarse en traición a la patria de comprobarse la intervención de Rusia en las últimas elecciones norteamericanas.

En la presente semana los republicanos perdieron dos importantes elecciones: la de gobernador de Virginia, en la cual el candidato demócrata ganó por siete puntos de diferencia, y la recuperación de Nueva Jersey, antes perteneciente a los demócratas.

Los demócratas tampoco pueden cantar victoria, pues se encuentran muy divididos, sin embargo, si los republicanos visualizan que podrían perder la mayoría en las dos Cámaras, en las elecciones intermedias de 2018, no dudarían en abandonar a Trump e, incluso, votar a favor de un juicio político.

Que Trump, actualmente cuente con solo un 37% de apoyo – el más bajo de un Presidente en la historia de estados Unidos junto Harry Truman, no tiene mayor importancia, pues los electores de la democracia bancaria cambian de opinión cambian muy rápidamente – Bachalet, por ejemplo, de un 60% inicial, ha bajado a menos de 30%; Macron, desde un alto porcentaje de apoyo en su comienzo, hoy ha bajado una evaluación negativa; así va a ocurrir si gana Sebastián Piñera en la primera vuelta -.

Los períodos presidenciales deberían durar, como en Roma antigua, un año, y si lo hace bien, se le premia con un “Super Ocho”, paro si lo hace muy, muy muy, se le envía de agregado cultural a Corea del Norte.

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