Sobrevivir a un fusilamiento. Ocho historias Reales

Sobrevivir a un fusilamiento. Ocho historias Reales.  El libro de Cherie Zalaquett que conmovió a Chile en el 2003, en la conmemoración de los 30 años del golpe militar.

 

En 1973, ocho campesinos, de diversos sectores rurales del mundo agrícola  popular,  Antonio Maldonado de Lampa; Luis González, de Puente Alto; Patricio Venegas y Willy Barrera, de Curacaví; Alejandro Bustos, José Calderón y Daniel Navarro, de Paine; y Blanca Esther Valderas, de Entre Lagos, con estupor y espanto se encontraron sorpresivamente una noche frente a un pelotón de fusilamiento que en el acto procedió a ejecutarlos. Cada uno de ellos, en lugares distintos, integró un grupo de ciudadanos que fueron fusilados de manera clandestina por agentes del Estado de Chile. Por alguna extraña razón quedaron vivos entre los cadáveres de sus compañeros y pese a las múltiples heridas, lograron sobrevivir, aunque desde otra perspectiva no sobrevivieron. Así lo refleja 30 años después, el crudo y brutal testimonio de esa horrorosa experiencia,  que los dejó atrapados para siempre en una zona ambigua entre la vida y la muerte.

Cherie Zalaquett, con la agudeza de su investigación periodística, dota a cada una de estas ocho historias de una inédita profundidad  y convierte en  memoria viva las vidas –o mejor dicho, las muertes en vida- de estos protagonistas que arrastran hasta hoy las dolorosas huellas de esas heridas y una tremenda fisura psicológica en el alma que nada ni nadie jamás nunca podrá sanar.

Cherie Zalaquett Aquella es periodista, escritora, doctora en Estudios Americanos (IDEA-USACH). Es también autora de Chilenas en armas. Testimonios e historia de mujeres militares y guerrilleras subversivas (2009), entre otras publicaciones. Es integrante del colectivo de pensamiento crítico Palabra Encapuchada, un grupo de estudios que produce publicaciones en las que aborda críticamente los problemas de Chile y América Latina.

A continuación presentamos la recepción que tuvo Sobrevivir a un fusilamiento. Ocho historias reales (2005) en la crítica literaria chilena e internacional:

La brillante escritora chilena Diamela Eltit (2005) remarca que en este espacio límite en que transita el fusilado, hay una forma de pensar la imposibilidad de la condición del testigo que planteara el escritor italiano, y sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz, Primo Levi al afirmar que “no hay nadie que haya vuelto para contar su muerte.”  Eltit,  autora del prólogo, señala: “Este libro puede ser entendido en un registro análogo a la obra de Primo Levi, como un documento, en este caso dotado de una inédita profundidad, puesto que integra aquellas narrativas que no solo sortearon las balas que los aniquilaron sino también se evadieron del número que iban a incrementar. Sus voces comunes (en el más amplio sentido que porta este término) están allí para derribar o bien repensar lo que se entiende por común: son voces que, desde la excepción que portan las condiciones de su enunciación, se transforman en excepcionales”.  Más recientemente en Réplicas, su obra de ensayos sobre literatura, arte y política,  en el capítulo, “En la zona intensa del otro yo misma” (2016), Eltit escribe: “Un texto imprescindible porque transita por un límite tan contundente que lo que entendemos por  ‘horror’ se produce una y otra vez en las hablas y se alteran las categorías más conocidas (…)un reconocimiento a este libro que me parece excepcional (uso esta palabra con toda la extensión del término)”.

La destacada intelectual Sonia Montecino, Premio Nacional de Humanidades, 2013, afirma “En estrecha imbricación con la literatura testimonial en el sentido de [Margareth]Randall, Sobrevivir a un Fusilamiento. Ocho Historias Reales, de Cherie Zalaquett es una suerte de exorcismo y  un ritual de la memoria. Los nombres y los relatos […] son un conjuro contra la muerte “escandalosa”,  es decir aquella que no sobreviene como camino común de lo humano. […] la escritura de este libro operó, después de 30 años de los acontecimientos que se narran, como un “detente” en nuestra memoria histórica –y utilizo el termino detente en su doble semántica de protección y momento de suspensión y consideración pausada de las cosas.[…] puede encasillarse dentro de los “géneros referenciales”, pero también en un testimonio para sí, como denomina Margaret Randall a un relato testimonial que se transforma en literario por una voluntad estética (y ética) Y esa voluntad literaria, quizás, es la que otorgue una especial fuerza y espesor  a los dramas que leemos.[…] Si narrar la vida produce un sentido, narrar la muerte es ponernos de cara al contrasentido, y es en ese pliegue donde estas ocho historias se acantonan para mostrarnos con crudeza, sin “correr tupidos velos”,  cómo se construyeron las víctimas sacrificiales del Golpe de Estado (Montecino, 2007).

El doctor Jaime Donoso, en  Narrativas durante y después de dictadura: experiencia, comunidad y narración, (2006), su tesis doctoral de la Universidad de Pittsburg, Estados Unidos, subraya que esa zona ambigua en que estos testigos quedan atrapados los convierte,  “en un testigo integral y absoluto que se mueve en una zona intermedia entre la vida y la muerte. Sujeto que habla una lengua muerta, dado que su registro de enunciado no tiene posibilidades de contrastación.  Sujetos que no sólo son testigos, sino autores testigos. Porque aquello que atestiguan no es externo. No son una tercera persona en su calidad de testigo como señala la definición jurídica del término testigo, ellos mismos son protagonistas de su propia muerte”. Y lo que es peor remarca Donoso, “el dolor del sobreviviente no consiste en que le faltan palabras, sino más bien en que le sobra lenguaje”. Así estas víctimas acudieron a la justicia con sus reclamaciones, pero su testimonio no fue admitido como válido, es decir sus palabras excedían las condiciones toda validación posible. Dado que los únicos testigos son ellos mismos, no se cumple la función del testigo, es decir ser una tercera persona que presenció lo que la víctima denunciaba.

La crítica literaria norteamericana Jean Franco, en su libro Cruel Modernity (2016), analiza las ejecuciones del terrorismo de Estado en la producción testimonial de la guerrilla latinoamericana, como alegorías y destaca que Sobrevivir un fusilamiento. Ocho historias reales,  es “una lectura desgarradora, no solo por la crueldad de los verdugos, sino por la crueldad de lo inexplicable”.

La Dra. Gloria Medina-Sancho, de California State University, Fresno, abordó este libro en su ponencia presentada a  LASA 2007, Montreal, Canadá, titulada  “Denuncia periodística y compromiso personal en Operación masacre de Rodolfo Walsh  y Sobrevivir a un fusilamiento de Cherie Zalaquett. Medina-Sancho estudia comparativamente: Operación masacre (publicado en 1957) del periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh y Sobrevivir a un fusilamiento. Ocho historias reales (publicado en el 2005) de la periodista chilena Cherie Zalaquett. “Si bien casi cincuenta años separan una publicación de la otra, siendo obviamente diferentes los contextos históricos y sociales en los que se desarrollan los acontecimientos, tanto Walsh como Zalaquett buscan denunciar los crímenes cometidos por regímenes militares represivos, no sólo para poner de manifiesto la impunidad judicial que los ampara, sino también porque ambos autores han asumido una suerte de compromiso personal que los involucra como periodistas y escritores[…] busco establecer no sólo las presuntas simetrías del género periodístico/literario de denuncia que exploran estos autores, sino también las diferencias que el libro de Zalaquett tiene con su predecesor, especialmente si se considera su producción, difusión y recepción dentro del marco neoliberal de la postdictadura chilena. En suma, a pesar de compartir una misma fuente testimonial (aquella de la víctima/testigo que puede narrar su propio fusilamiento), conviene preguntarse por las diferentes motivaciones que llevan a hablar a estos testigos, y más importante aún, desde qué posición estética e ideológica los autores de estos libros reconstruyen sus relatos”.

En la perspectiva de Medina-Sancho: “el desafío formal de Walsh al escribir un texto de no ficción con técnicas propias de la ficción refleja también un deseo de libertad inquebrantable, en donde se desconfía de todo tipo de encasillamientos, ya sea literarios como ideológicos. Además al darles voz a los que han quedado marginados del discurso oficial, abre un espacio a las prácticas discursivas de lo que se conocerá más tarde como el testimonio hispanoamericano. Por último, propone un nuevo espacio para el intelectual que no se conforma con la simple denuncia de injusticias sociales, sino que busca en la crítica a los sistemas de gobierno que generan tales injusticias una respuesta activa por parte del lector.   En cuanto a la propuesta estética que Zalaquett aborda en Sobrevivir a un fusilamiento, veo semejanzas con la posición de Walsh en el acercamiento que se da desde lo periodístico hacia lo literario. […]Zalaquett se distancia de lo puramente periodístico para procesar estas historias y devolverles el oscuro dramatismo del que surgieron. […]En definitiva, ambos autores asumen en su escritura una suerte de compromiso personal con los testimonios de las víctimas que sobrevivieron a su propio fusilamiento. Consecuente con su actividad periodística, dos décadas más tarde Walsh luchará contra el aislamiento colectivo en que se basaba el régimen del terror de Videla y morirá por esta causa. Mientras, en la postdictadura chilena y ante el predominio de una hegemonía neoliberal que promueve aniversarios para vaciarlos de significado, la periodista Zalaquett recuperará de las profundidades de esos treinta años la supervivencia obstinada de una memoria que nos pertenece”.

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