Ese ‘mal menor’ llamado Nueva Mayoría; atentado a la memoria

27 de mayo de 2017
En noviembre de 1988 –un mes después del histórico Plebiscito del SI y del NO- todos en Chile sabían que el próximo gobierno sería ganado por el nuevo bloque político formado un año antes para derrotar a Pinochet en las urnas. En ese conglomerado las tiendas partidistas que lo conformaban tenían muy claro qué era lo que no deseaban para Chile, pero jamás se pusieron de acuerdo respecto a lo que sí deseaban. Más temprano que tarde se fue imponiendo la idea de “acordar tácticamente” con la dictadura a objeto de lograr gobernabilidad, ya que el miedo a los fusiles y el terror a un nuevo exilio eran cosa cierta en los pellejos de los dirigentes concertacionistas.

Ahí  nacieron los ‘mayordomos’…en menos de una semana muchos dirigentes de la Concertación se transformaron en “amas de casa” de los patrones derechistas, y estuvieron dispuestos a cuidar el palacio de los feudales para que el ‘perraje’ no tuviera la ocurrencia de tomárselo por la fuerza de la razón (o de las urnas, en este caso).

“A la política económica llevada a la práctica por el gobierno militar no le cambiaremos (la Concertación) ni siquiera una simple coma”. Ese reconocimiento lo hizo René Cortázar (actual Ministro de Transportes) en el mes de abril de 1989 ante la presencia de 45 dirigentes sindicales pertenecientes a la CEPCH (Confederación de Empleados Particulares de Chile)…y Cortázar había sido uno de los representantes de la Concertación que se reunieron con los enviados pinochetistas para acordar exactamente lo anterior.

Posteriormente, Patricio Aylwin comprometió su palabra y la de la Concertación en cuanto a “no juzgar ni  sancionar” a Augusto Pinochet por asuntos ocurridos en materias de derechos humanos durante el período 1973-1988. Ello explica entonces el indigno y servil comportamiento de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y José Miguel Insulza cuando Pinochet cayó detenido en Londres por solicitud del juez español Baltasar Garzón.

Lo anterior también podría explicar el comportamiento pusilánime de La Moneda con el asunto de los “pino-cheques”, del “boinazo” y de los “ejercicios de enlace”, eventos utilizados por el ex dictador Pinochet para recordarle a los concertacionistas no solamente la palabra dada por ellos en 1988 sino, también, que el general era quien seguía mandando en el país. Y los ‘mayordomos’ se alinearon completamente con las ordenanzas ultristas de Pinochet y del empresariado.

El dictador ya murió y los acuerdos añejos bien podrían ser desechos, pero el aceite fenicio y la miel de rosas empalagaron los gustos de los mayordomos que profundizaron las políticas económicas ‘chicaguianas’, aumentaron el alejamiento con los vecinos latinoamericanos y abortaron toda posibilidad democrática de reformar en serio el texto constitucional parido por la dictadura en 1980, ya que el año 1989 (30 de julio) la mismísima Concertación ‘maquilló’ la Constitución pinochetita sin meterle dedo a llaga alguna, y desde ese día, hasta hoy, Chile ha estado regido por una estafa de múltiples aspectos, no solamente permitidos por la Concertación sino que defendidos a ultranza por ella.

Nunca, la Concertación y sus cinco gobiernos han mostrado reales intenciones por lograr una mayoría parlamentaria que le permitiese echar abajo los enclaves dictatoriales. Tampoco ha existido en esos gobiernos  el más mínimo intento por poner un atajo efectivo a la expoliación casi gansteril de las AFP’s e Isapres, o reconsiderar esa ignominiosa dádiva –que tan dispendiosamente regalaron algunos mandatarios ‘progresistas’- de las concesiones de carreteras y autopistas…y por cierto dar de una buena vez marcha atrás en la entrega del agua potable y la energía eléctrica a consorcios extranjeros. Pero, sin prensa realmente libre, sin prensa verdaderamente independiente, ningún evento en favor de la democracia podrá ser efectuado. Los mandantes del duopolio tienen absolutamente claro que con prensa libre se les pone pesada la pista.

Un ejemplo de lo anterior es la decisión (que fue un acuerdo entre Alianza y Concertación) de no devolver el antiguo diario “Clarín” a su legítimo dueño, el ingeniero catalán y ciudadano español Víctor Pey, quien pese a haber ganado el larguísimo juicio iniciado en 1996 en el CIADI contra el Gobierno de Chile, este, a través del Consejo de Defensa del Estado y de otros organismos, no ha querido cumplir el fallo judicial para poder seguir privilegiando al duopolio derechista-neoliberal EMOL-COPESA, al que los gobiernos de la Concertación no sólo le rindieron pleitesía y cientos de millones de dólares en avisaje e inmorales amnistías tributarias, sino que además pavimentaron los caminos para que ese duopolio controle hoy el 98% de la circulación nacional diaria de prensa escrita.

Estas son solamente algunas de las bases sobre las que se ha alzado, sostenido y engordado la colusión Alianza-Concertación-Empresariado. Queda claro que la derecha jamás ha perdido las riendas de la conducción económica, social, educacional y comunicacional del país. Ello ha sido así gracias a las traiciones de aquellos otrora ‘progresistas’ que surgieron como hongos luego del triunfo del NO en 1988, y que se han transformado en enriquecidos mayordomos obedientes y serviles dispuestos a extremar sus esfuerzos para evitar que se produzcan cambios que puedan no ya beneficiar al pueblo sino, principalmente, afectar en algo a sus patrones transnacionales.

Pero, a muchos seguidores a ultranza de la Concertación (llamada ahora ‘Nueva Mayoría’),esos que continúan participando en las procesiones oficialistas creyendo que en verdad Chile sobresale del resto de las naciones latinoamericanas en materias económicas, culturales y tecnológicas, les interesa poco y nada lo que pueda estar sucediéndole a nuestras etnias originarias, pues siguen voceando –y lamentablemente están  íntimamente convencidos de ello- que la Concertación y la Nueva Mayoría han hecho excelentes gobiernos. Y tal vez tengan razón….. 

A menos, claro, que debamos aceptar como “buen gobierno” a estos tristes años de pésimo Transantiago; descalabro de Ferrocarriles; robo en descampado de las AFP’s; brecha económica en aumento negativo; escándalo y corruptela en varias instituciones fiscales; educación pública en franco descenso; entrega gratuita y voluntaria de nuestros recursos naturales a grupos financieros sin patria, Dios ni ley; abandono de las regiones; casas Serviu que se deterioran con la primera lluvia; tasa de desempleo que no baja del 7%; salarios mínimos similares a los de cualquier nación centroafricana; aislamiento de Chile en América Latina; exclusión de nuestro país del anillo energético; educación y salud basadas en el lucro; delincuencia desatada; previsión social cara y jubilaciones económica y socialmente inaceptables; autopistas, carreteras y calles principales en manos extranjeras; agua potable, electricidad y teléfonos en poder de empresarios predadores; contaminación de ríos y lagos en beneficio de capitalistas predadores; desprecio absoluto por las organizaciones sociales, sindicales y estudiantiles; legislaciones que favorecen únicamente al empresariado; evasión de impuestos generalizada; libertad de prensa asfixiada desde La Moneda a través del avisaje oficial; dependencia absoluta de la voluntad y conveniencia económica de países industrializados; un gobierno que aseguró ‘alegría para todos’ pero que ha satisfecho exclusivamente las necesidades e intereses de un exiguo sector (precisamente de aquel que nunca ha requerido de apoyo oficial); trabajadores, etnias originarias, pobladores, estudiantes, pensionados, gremios, sindicatos, pescadores, pirquineros, portuarios, empleados, pequeños agricultores, trabajadores del agro, pequeños comerciantes, pymes y profesionales manifestando una abierta disconformidad con el actual estado de cosas; etc., etc.

¿Ese es el ‘buen gobierno’ que cegatones y fundamentalistas defienden con dientes y muelas?  Todo lo anterior se corresponde perfectamente con  planteamientos y acciones que son típicas y propias de la derecha política y la derecha económica. Hay aún concertacionistas devotos que tienen que inventarse un país que dejó hace mucho de existir para opinar lo que opinan. Son aquellos que se quedaron pegados en el SI y el NO de 1988 y que tratan de revivirlo a como dé lugar para seguir agarrados al gobierno, a la teta fiscal y a la mitología mentirosa que hoy sostiene esas posiciones.

A esos concertacionistas (fundamentalistas sitos hoy en la Nueva Mayoría)  yo les recomendaría que leyesen la obra “Democracia Tutelada”, de Felipe Portales,  para que se vayan ubicando en la realidad. Esas denuncias a la derecha golpista después de todos los renuncios, cobardías, acomodamientos en Directorios, arreglines y acuerdos de manos tomadas de estos 27 años resultan por lo menos hipócritas. Los gobiernos de la Nueva Mayoría o ex Concertación -y sus tecnócratas de MIDEPLAN y de algún Organismo Internacional, la mayoría ex MAPUs-, vienen falseando crecientemente, desde 1997, la encuesta CASEN para disfrazar la pobreza real y simular que el modelo económico neoliberal que subordinadamente coadministran no es tan desigual ni tan malvadito.

Pésimo sabor de boca causa el desfile-peregrinación creciente de los gobiernos de la Nueva Mayoría en pleno a los aquelarres empresariales del CEP, ENADE, CPC, SOFOFA , ICARE, Consejo Minero y Asociación de Bancos en Casa Piedra, u otros lugares por el estilo, para recibir aplausos y declaraciones de amor del empresariado más ultramontano y predador…o coscorrones, si hay alguna medida de un ente estatal que afecte el 2% de las ganancias o amenace la política de destrucción sindical.

Lo que ha hecho Codelco y lo que hacen BancoEstado, Metro, Polla y otras empresas y entes estatales, con ejecutivos de nombramiento presidencial, con la Ley de Subcontración, está definitivamente a la derecha de la derecha. La política cuprífera de la Concertación -que ha desnacionalizado seis veces más cobre que la dictadura y ya provocó US$ 210.000 millones de pérdida patrimonial- es otra imagen potente sobre las características “progresistas” -o siquiera nacionales- de estos gobiernos pusilánimes, serviles y faltos de proyecto nacional alguno que no sea convertir a Chile en una factoría, o satélite de las trasnacionales, asociada con un puñado de grupos económicos.

Que los aún existentes y persistentes fanáticos y cegatones vayan a Tomé (Bellavista) o a Cabrero (MASISA) y pregunten por el resultado de las políticas económicas e industriales prostituidas y entreguistas de estos 34 años. ¿Qué porcentaje del empleo textil, en cuero y calzado y metalúrgico de hace 30 años sobrevive? Chile tiene ventajas comparativas enormes en los tres rubros, tanto por sus materias primas como por sus técnicos y operarios especializados. Pero, la orden desde el exterior fue clara:  nada de desarrollo industrial propio…sólo se permitiría explotación  y venta de recursos naturales. Vale decir, la orden era una sola, fuerte y contundente: DEPENDENCIA.

¿A partir de qué crímenes los delitos cometidos por la Nueva Mayoría y la ex Alianza por Chile dejan de ser tales, y se convierten en ‘resentimiento de anarquistas amargados’ según proclama la flor y nata de ambas coaliciones integrantes del duopolio? Un golpe de Estado, un magnicidio, la quiebra de todo el sistema financiero chileno, una transición mentirosa que consagró la impunidad de criminales civiles y militares, el cogobierno de las víctimas y los verdugos, la corrupción de los hijos de los asesinados más conocidos, un Congreso lleno de mafiosos, gobiernos de pacotilla al servicio de los poderosos, robos descarados al fisco y al bolsillo de los chilenos, como lo acaecido en los conocidos escándalos que remecen la conciencia del electorado: Soquimich (SQM), Penta, Caval, Exalmar-Bancard, Codelco, Ley de Pesca, Sanitarias, Forestales, Mineras, etc., han sido y siguen siendo la característica principal de esta sociedad de patrones y mayordomos llamada Duopolio.

Más allá de las ironías, ¿quiénes son los que traicionaron al pueblo del plebiscito del NO a las pocas horas de haberse ganado esa consulta histórica? Hubo de correr mucha agua bajo los puentes para que el país aceptara una verdad dolorosa: le habían engañado, le habían traicionado, le habían mentido. La Concertación, en un acto propio de traidores, arrió las banderas del triunfo y se sometió a los devaneos capitalistas y a las exigencias de los asesores de Pinochet con el nada convincente argumento de que “no se podía apurar la transición”.

En ese caminar de bueyes, desde Aylwin hasta Bachelet, la derecha económica obtuvo las mayores granjerías, garantías y ganancias líquidas de toda su historia…en desmedro de los trabajadores, por cierto, quienes hasta hoy ven con decepción cómo “sus” gobiernos (que creyeron eran de izquierda) les condenaron a vivir sometidos por un sistema que tiene poco de civilizado, mucho de clasismo y todo de injusticia.

¿Y con esos antecedentes indesmentibles, usted –amigo lector- quiere que yo vote por candidatos de la Nueva Mayoría? Definitivamente, ella y la derecha pueden estar ciertas que no contarán con mi sufragio. Mi aguante y mi cuota de paciencia, se agotaron. En esta elección próxima, cualquier candidato –sea quien sea- que no pertenezca a las huestes duopólicas, tiene mi visto bueno y mi apoyo.

*Fuente: El Clarin

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