Chile limita al norte con el Perú

La elite de la elite, de los iquiqueños, no se reconoce como iquiqueña, se  reconoce como Tarapaqueña. En el centro cultural doña  Vicenta, todas las semanas, recuerdan en presente los quinientos años de tradición de nuestra región.

Aquí – dicen –  nació  el movimiento sindical chileno con Elías Laferte, Juan Emilio Recabarren y otros grandes del sindicalismo chileno, en esta tierra –  agregan – el Heroico Arturo Prat, rindió su vida en defensa de la patria,  más arriba en pleno desierto, se pelearon  una  docena de  batallas de  la guerra del 79, y en el año  91 se  enfrentaron las  tropas Balmacedistas  con las golpistas del congreso en Pozo Almonte y otros lugares de la región.

Al  volver la vista atrás,  se recuerda que por estos lados anduvo el inca Sayre Tupac, cuando estas tierras formaban parte del  Collasuyo,   afirman que en la plaza de Iquique ajusticiaron a muchos líderes indígenas,  con motivo de la rebelión de Tupac Amaru. Otros con lujo de detalle, recuerdan que  en el pueblo de Tarapacá,  descansó Pedro de Valdivia, mientras caminaba a la muerte, que lo esperaba en  la batalla de Tucapel que lideró  el gran Lautaro.

En esta región  – aquí al lado en Alto Hospicio – estaba  Huantajaya , una mina de plata  tan rica  que  en 1792 se  envió una “papa”  de plata pura a  España que pesaba  362 Kg. Aquí  Thomas  North y su socio Harvey, apostaron contra el mercado,  comprando miles de certificados salitreros, que posteriormente el estado chileno reconoció, todo lo cual les permitió adueñarse  de la flor y nata  de las “oficinas” salitreras

Estamos en la tierra de  Arturo  Godoy, del Tany Loayza de  Eduardo Maravilla Prieto, de la  fiesta de la Tirana, de los limones y alfajores de Pica, de la boya de la Esmeralda,  de la playa Cavancha y  en la tierra  donde se  funden bolivianos, peruanos y tarapaqueños, que para todos los efectos tienen las mismas costumbres, las mismas, canciones, las mismas tradiciones, las mismas comidas, la misma sangre y en  opinión todos;  somos la “ misma cosa”.

Constituimos una región inmensa, que   tiene  más  superficie que  Holanda y  duplica  la  superficie de  Israel,  y  apenas tenemos unos cuatrocientos  mil habitante. Somos la región de Tarapacá, que después de 138 años, sigue  teniendo el   status de “hija adoptiva y   en consecuencia se la  quiere “ en la medida de lo  posible”. Se  confía en ella – también – en  la medida de lo posible y aunque pasen mil años seguirá  siendo “hija adoptiva”  hundiendo  sus raíces en la más  rancia tradición tarapaqueña.

Para los políticos  santiaguinos: somos una región extrema,  fronteriza  con Bolivia, escasamente poblada y en litigio permanente  con nuestros vecinos. Peor imposible. – eso dicen –

No importa, aun así hemos progresado y lentamente en  casi cincuenta años, logramos  consolidar un gran corredor de comercio,  que a puro  ñeque  logramos  posicionar como la plataforma de negocios más importantes de la macro región norte. Nuestros principales clientes ¡obvio! son Bolivia y Perú  con quienes  “ tenemos nuestra propia; “ unión Europea”, con un tráfico intensísimo por los caminos de la macro región.

La  zona franca, borró todas las fronteras y en los hechos, ha  sido el principal instrumento de integración de los tres países. No ha  sido fácil. En los últimos años, con terca persistencia, de uno u otro lado se  encrespan, levantan la voz y se amenazan en todos los tonos, mientras en zona franca seguimos haciendo negocios y teniendo las mejores relaciones con nuestros  clientes Bolivianos y peruanos.

Sin embargo tanta  conflictividad, al final da sus frutos. Para muestra un botón; en el período 2012 – 2016  –  período de conflictividad extrema con Bolivia – las ventas globales de  zona franca, han bajado un % 25  y la tasa de desempleo de Iquique escaló a un % 8.9

Hay que sincerarse: en esta pelea callejera, Chile no tiene nada que perder, porque  no hay intereses afectados de la elite capitalina,  baste decir que el año pasado las ventas de productos  chilenos a  Bolivia apenas  llegaron a los 400 millones de dólares, cifra que representa el 0.6% del total de las exportaciones  chilenas, en tanto que las ventas de zona franca a  Bolivia   sumaron casi los  dos mil millones de  dólares, representando  el 60% del total de las ventas de zona franca.

Otro gallo cantaría, si  los intereses económicos del empresariado chileno, estuvieran profundamente afectados.  Sin ninguna  duda,  los  soldaditos bolivianos habrían sido devueltos  al día siguiente, los periodistas bolivianos habrían desarrollados su trabajo sin trabas de ninguna naturaleza y las visas  consulares para diplomáticos no existirían.

En resumen,  los  soldaditos  bolivianos   están presos, porque el intercambio económico entre Chile y Bolivia no es relevante para  el empresariado. Todo lo demás es  fraseología, música barata y populismo.

Tal como están las cosas, la guinda del pastel, sería  escuchar del Canciller: “que hay que dejar que las instituciones  funcionen”.

Capaz que lo diga.

 

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