8 de marzo: No más abuso

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“Violación” Edith Alonso, foto: Claudia Bonicelli

El horizonte político de nuestra época irrumpe a partir de las demandas de movimientos sociales autoconvocados, democráticos y horizontales, que se configuran de manera distinta a las prácticas políticas tradicionales, por ejemplo la del “partido” dirigido por cúpulas y organizado a partir de una lógica burocrática y vertical.

Bajo este signo la celebración de este año del día de la mujer, el 8 de marzo, tomó una connotación distinta. Su rasgo fundamental fue la participación callejera en distintas marchas autoconvocadas por organizaciones sociales ligadas a movimientos feministas.

Las mujeres históricamente excluidas de la educación, del trabajo y de la acción política, tienen una larga tradición de luchas en defensa de sus derechos. Desde fines del siglo XIX, inspiradas en los relatos del socialismo utópico y del anarquismo, exigieron el derecho sobre el cuerpo. En la actualidad ellas aún no gozan plenamente de la libertad de adueñarse del propio cuerpo y decidir sobre él. Muchos poderes ejecutivos, legislativos, comunicacionales, en pleno siglo XXI continúan negándoles el derecho al aborto. Pero, sigue habiendo mujeres víctimas de hombres que abusan de ellas y de organizaciones criminales que las fuerzan a trabajar en la prostitución, sometidas a un régimen de esclavitud ¿Cuántas mujeres desaparecen al año en nuestros países? El femicidio y la trata de blancas constituyen males graves existentes en nuestras sociedades que tienen naturalizadas estas prácticas de maltrato indignante y deshumanizador.

Las luchas de las mujeres han permitido el surgimiento de derechos a favor de ellas, aunque continúan siendo discriminadas en varios ámbitos de la vida social. No es casual que las persecuciones políticas de mayor connotación en estos días estén siendo realizadas en contra de mujeres. Como ejemplos latinoamericanos podemos citar el caso de la Presidenta Dilma Roussef en Brasil que fue expulsada del Gobierno, la persecución política y difamación constante hacia Cristina Kirchner o las líderes culturales como la Machi Francisca Linconao y dirigentes sociales como Milagro Sala.

Sin embargo, a pesar de que aún hay mucho por conseguir y batallar en torno a la equidad la fuerza política de las mujeres es una realidad innegable, sus voces se hacen oír como nunca antes en la historia; las compañeras reclaman mejores condiciones de vida y no se acobardan denunciando los abusos de individuos y de corporaciones esclavistas propias del neocapitalismo que sigue sin ser anulado a pesar de los evidentes daños que causa a la condición humana. La tarea liberadora es necesaria en favor de las víctimas que padecen la violencia de individuos y del sistema.

“Ni una menos” constituye una rebelión que surgió en la Argentina y se extendió a otros países. Es un acontecimiento político que puso en cuestión algunos “patrones”, pilares organizadores de la cultura. Esto surge porque hay un convencimiento y una decisión colectiva que dice “No” a los mandatos patriarcales establecidos históricamente, agudizados por el neoliberalismo salvaje y deshumanizado.

La presencia de las mujeres constituye una oportunidad para introducir en el mundo nuevos modos de subjetivación, otras maneras de estar, de vivir la sexualidad, el amor, de hacer política y construir lazos sociales no basados en la dominación y el sometimiento. Representa una novedad en la cultura y en tanto tal resulta una esperanza que se opone a la lógica masculina del poder y la competencia.

Esto puede traer consecuencias promisorias para la vida.

Nora Merlin y Alex Ibarra.
Grupo de Trabajo Surandino

-Artículo publicado también en Le Monde Diplomatique

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