Uruguay: 46 años de Frente Amplio

Hoy la ciudad uruguaya de Colonia se verá conmovida por la movilización festiva con sus banderas y cantos. El calendario, con la predictibilidad con la que se inscriben distraídamente las efemérides, nos advierte la necesidad de volver a dar cuerda al perezoso reloj de la historia. También nos obliga a una compleja exploración de los irregulares y caprichosos plisados de la memoria. Las fechas poco saben de impaciencias sociales y políticas y menos aún de impostergables evaluaciones de filos o herrumbres de los instrumentos de labranza con los que se ara el destino. La conmemoración de hoy recuerda la creación del Frente Amplio uruguayo (FA) un 4 de febrero de 1971. El único orador, su presidente Javier Miranda, tendrá la responsabilidad de revolver el arcón de las evocaciones y enumerar las conquistas, aunque creo que su mayor contribución sería diagnosticar también las flaquezas y malestares, condición sine qua non para intentar algún alivio. Exactamente lo inverso al acrítico discurso de apertura del aún vigente congreso partidario sometido a cuarto intermedio. La exposición de los problemas no necesariamente contiene sendas hacia sus soluciones. Sólo podemos aseverar que su negación los consolida o profundiza.

Contentarnos con la excepcionalidad histórica de la acumulación política originaria, la inédita vocación unitaria de construcción y defensa de rumbos consensuados entre vertientes ideológicas y teóricas tan diversas, atiende exclusivamente a la indispensable continuidad de la confluencia. Esta predisposición genética nacida en el ´71 requiere tanto de reafirmación cuanto de nutrición cotidiana de sus células constitutivas, particularmente las de base, que constituyen sus tejidos y encarnadura. De lo contrario sentirá, como actualmente, síntomas de anemia y hasta de asfixia, con riesgo de derivar en una morfología esquelética y anquilosada.

En cualquier caso, el FA es la única fuerza política que irriga, con mayor o menor intensidad según épocas y consecuentes relaciones de fuerzas, las arterias de la transformación social del Uruguay desde aquel ´71. En la resistencia al pachequismo, al genocidio, a la demolición social posterior o, como actualmente, en el lento proceso de reconstrucción del tejido social.

Si tuviera que resumir en un párrafo los alcances de estos 46 años de construcción de una herramienta política unitaria desde la heterogeneidad señalada, diría que fue la invención de desataduras ante dogmas y artificiosas certidumbres para poder batirse en una arena sangrienta y hostil con libertad y creatividad pragmática. Para alcanzar más libertad y más derechos. Es sin duda una experiencia histórica con muy pocos o nulos antecedentes de esta amplitud en la larga marcha de los oprimidos del mundo, los humillados y los excluidos, hacia sus emancipaciones y conquistas siempre parciales, siempre inacabadas. Un recorrido por una trilla difusa y enmalezada. Sin embargo, no deben soslayarse por ello las dificultades y los tropiezos como las fuerzas centrífugas amenazantes en su interior, ni la magnitud de los desafíos externos que pueden incluso abatir los logros alcanzados y que siempre deben ser puestos a consideración y sometidos a minucioso examen, exigencias y revisiones. Tampoco las incertidumbres o exasperaciones ante las dilaciones y la multiplicación de las urgencias.

Hoy debe ser en consecuencia un día tanto de celebración cuanto de balance, donde el arcoíris de tradiciones ideológicas -incluyendo particularmente las independientes- que hace 46 años comenzó a elevarse en la banda oriental, pueda resplandecer continuo y completo, de extremo a extremo. Y estimular el ritmo de marcha invitando a atravesarlo porque se sospecha que, más allá, se encontraría el horizonte. Ahora bien, para completar el espectro, no hacen falta sólo sectores y grupos políticos activos sino también comités de base que hoy lejos de estar movilizados, lamentablemente agonizan por falta de organización y cuidado.

No expongo esta preocupación por primera vez. Por el contrario, vengo insistiendo con ello al límite de la extenuante recurrencia. Aun cuando la deserción de los comités de base era más incipiente, a propósito de la celebración del 40° aniversario del FA dediqué dos contratapas sobre el tema (30/1/11 y 6/2/11). Si tuviera que fechar el inicio de la declinación diría que fue el 31 de octubre de 2004 cuando el FA ganó el Poder Ejecutivo nacional con mayoría absoluta y el candidato ganador, el actual Presidente Tabaré Vázquez, mandó a las masas a festejar. No niego que entonces hubiera motivos para el festejo, como tampoco los que hoy se harán en Colonia. Por el contrario, no son pocas las conquistas que gracias al FA logró el pueblo uruguayo en un contexto regresivo internacional y más recientemente regional. Pero así como resulta previsible la crisis e inevitable caída de cualquier proyecto emancipatorio cuando se abre el abismo político entre dirigentes y dirigidos, o entre representantes y representados, otro tanto es esperable si en materia de actos, la separación es entre masas festejantes y orador(es) autonomizado(s).

A modo de ejemplo, a la casilla de mail oficial del Comité de Base en el que milito, el Morroni de Buenos Aires, llegó como única información un flyer de convocatoria al acto. Algo muy similar a lo que cualquiera recibe como promoción de un concierto o la inauguración de un pub. Ni una línea intentando asegurar o facilitar la concurrencia, menos aun auscultando preocupaciones, demandas o inclusive ideas que puedan ayudar al orador a nutrir su pieza retórica que de este modo quedará librada a su exclusiva percepción o lucidez. Para la amplia mayoría de los frenteamplistas, la invitación es a mirar el acto por TV, sin obligaciones, como miramos los partidos amistosos del verano, sin puntos en disputa, solo para ir previendo cómo vendrá el campeonato. No me opongo a los afiches, pero ellos solos no podrán recrear las prácticas de movilización y participación inscriptas en los cromosomas frentistas y las prácticas de décadas. Tal vez algo de esto esté comenzando a revertirse porque precisamente en la misma casilla se recibió una detallada acta de la reunión de la Mesa Política, la instancia de dirección cotidiana del FA. Un camino simple y directo (aunque aún unidireccional) para que las bases comiencen a recibir información y por lo tanto cuenten con insumos para el debate. Siempre presuponiendo que todos los comités hayan sido destinatarios y no sólo el Morroni, por ser particularmente demandante de información, aportes y contacto, o contar con alguien que tiene el privilegio de tener una página dominical en este medio, ya que si así fuera, los problemas de ausencia de circulación informativa e interacción serían más graves aún por criterios discrecionales.

Sin embargo, el estado actual de desmovilización no es atribuible al recientemente asumido Presidente Miranda. Por el contrario, a pesar de haber apoyado a Conde en la interna, veo con simpatía su independencia y sobre todo la superación de la anteriormente pretendida convergencia entre la presidencia de la fuerza y la función legislativa que contrariaba todas las experiencias históricas de indiferenciación partido-estado, con lamentable resultado.

El FA fue desde su fundación, y debe seguir siendo, la contracara de sus adversarios, los dos partidos tradicionales, no sólo por taxativas diferencias programáticas y de implementación concreta de políticas económicas y sociales, sino fundamentalmente por el modo de relacionamiento con su militancia y con la ciudadanía en general. Su finalidad originaria fue la acción política constante y cotidiana en el más amplio sentido, no exclusivamente ceñida al juego electoral ni a la simple ocupación de cargos. Recordarlo es también un modo de recuperación de las tradiciones organizativas y un llamado de atención sobre los riesgos de burocratización y concentración del poder en oligarquías partidarias.

Como modesta forma de participación, precisamente el Comité Morroni (que no podrá tener presencia en el acto) aprovecha la celebración para abrirse a las redes sociales, ya que desde las intervenciones de sus delegados al congreso, los materiales que elabora o sus luchas, subraya recurrentemente la imperiosa necesidad de conectar a los comités de base, a los esfuerzos productivos de militantes independientes y sectorizados para superar el aislamiento y orfandad en que se encuentran. Apenas un pequeño paso hacia más y mejores caminos de interconexión entre bases, sectores y movimientos sociales, más y mejores estrategias y tecnologías para reducir la brecha entre dirigentes y dirigidos. Interactuará por Twitter (@ComiteMorroni) Facebook (comitemorronidebuenosaires) y hasta por Instagram. A falta de canales institucionales de interacción y organización de la militancia, fueron concebidos caminos virtuales de redes, que con la excusa de exhibir algunas informaciones, reflexiones o intervenciones, procuren mantener contacto y estrechar vínculos con otros comités, sectores o militantes a fin de ayudar a revertir el desaliento a la participación del enorme caudal militante que aún anida en su seno aunque se encuentre arrumbado en la soledad del remanso privado.

Si las circunstancias no cambian, parafraseando la célebre oración del manifiesto comunista, la reactivación de los comités de base será obra de los comités mismos.

-El autor, Emilio Cafassi, es profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, cafassi@sociales.uba.ar

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