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Felipe Berríos: “Las mafias en Antofagasta son manejadas por chilenos”

02.12.2016

felipe-berriosInstalado en Antofagasta donde la inmigración latinoamericana ha llegado con fuerza, el sacerdote Felipe Berríos sale al paso de quienes intentan hacer del miedo al inmigrante una bandera electoral. “Hay que atajar esa campaña desde la raíz, hay que ponerse firmes, porque si no vamos a crear un odio que no solo es falso, sino que es además estúpido”, dice.

La inmigración se ha instalado en la agenda de la peor forma posible. No a partir de los beneficios y desafíos que representa, sino como parte de una campaña política que para algunos busca imitar a la que llevó a la presidencia a Donald Trump. Para otros, es la ocasión de rescatar el nacionalismo de Sebastián Piñera, cuestionado recientemente por comprar acciones de una pesquera peruana en medio del litigio limítrofe con nuestros vecinos.

La inmigración no es un asunto sencillo que se pueda reducir a comidas nuevas, bailes o colores de piel inusuales en las calles de Chile. Es también un asunto de recursos escasos, de bolsones de pobreza, de servicios públicos colapsados y sometidos a nuevas demandas. Y de algunos empresarios que usan la mano de obra indocumentada para mantener los sueldos bajos, lo que alimenta el recelo del chileno pobre contra el inmigrante pobre. Y de mafias que hoy  lucran con la trata de personas, uno de los negocios más rentables del crimen organizado, y que ya llegó a Chile.

Para el sacerdote Felipe Berrios, instalado en “La Chimba”, un campamento en Antofagasta donde la mayoría de las familias son inmigrantes, estamos lejos de enfrentar el tema con la complejidad que requiere. E insiste en que hay que poner freno decididamente a los intentos de alimentar el odio contra uno de los sectores más débiles: los que llegan a Chile buscando una mejor vida.

-¿Qué le parecen las iniciativas que sorpresivamente aparecieron esta semana exigiendo un cambio a la Ley de Inmigración y la expulsión de extranjeros que delinquen?
No quisiera creer que es el producto de una especie de campaña electoral que imita lo que hizo Donald Trump en Estados Unidos.

– A Trump le resultó, pues salió electo criminalizando a los mexicanos, latinos y musulmanes.
Le resultó, incentivando tal vez lo peor que tiene el ser humano: la desconfianza, la xenofobia y sospechar de todo lo que es distinto. Espero que no sea una imitación de eso. Y también creo que es un muy mal comienzo si empezamos a mirar con sospecha al inmigrante. Además, nadie debe olvidar que en Chile existe un Estado de Derecho, el que también protege a los migrantes como a todos los ciudadanos.

-En un país con tanta desigualdad, renta poner en el radar público un blanco –en este caso, los inmigrantes latinos- en quienes depositar el origen de la ira y la frustración por la falta de acceso a bienes y derechos.
Sí, mi experiencia tanto en Latinoamérica como en África negra me ha mostrado que, en realidad, los ricos y los más pobres son iguales en todas partes del mundo. Los ricos usan la misma manera de vestirse, viajan a los mismos lugares, tienen casi las mismas casas; y los pobres viven las mismas miserias y abandonos. Tal vez por sus deseos aspiracionales, los sectores medios, que son los que diferencian más a los países, son más propensos a toda clase de chovinismo y prejuicios, muy alimentados por campañas de toda índole, comerciales y políticas. Como bien dice usted, a veces pareciera que necesitamos distraer la atención de los problemas más profundos que tiene la sociedad, como son la desigualdad y el clasismo. Por eso, es un caldo de cultivo excelente para esta clase de campañas.

– ¿Renta incentivar el odio?
Sí, para despertar el miedo. El miedo vende.

– ¿Cómo ha constatado usted que vende ese miedo?
Hay distintas clases de miedo: el miedo a que me asalten, a que me quiten lo mío, el miedo a que pueda llegar otra persona con más cualidades que yo para el trabajo que hago, a que me confundan con una clase social a la cual yo no quiero pertenecer, a no responder a los patrones que me ha puesto la propaganda de lo que es felicidad o de “personas de bien”. Son distintos miedos que activan ya sea las campañas para que la gente consuma más o para que adhiera a ciertas maneras de pensar. Y se hacen despertando estos miedos, que son irracionales.

-En el origen de esta campaña, podría estar un mensaje subliminal que busca asfixiar el reclamo creciente por la desigualdad y por reformas que la corrijan: “Oiga, su problema no es la desigualdad, sino los inmigrantes que le quitan su trabajo”.
Exactamente. O también: “Nunca vamos a poder salir de la pobreza o la desigualdad si llega gente de afuera a quitarnos el trabajo”. Y claro, estos son resortes que funcionan, pero son tremendamente peligrosos. Un ejemplo de eso es que la humanidad todavía no olvida lo que pasó con Hitler.

-¿Cómo graficaría esa amnesia respecto a lo que ocurrió con Hitler?
Algunos creían que era una cuestión de campaña, tal como se dijo de Trump en Estados Unidos: es sólo una cuestión de campaña, después va a cambiar. De Hitler se decía lo mismo, y no cambió. Es más, de un pueblo tan romántico, tan culto como era el alemán, sacó lo peor de sí mismo contra los judíos, que hoy día pueden ser el símil de los inmigrantes que vienen a Chile.

-Eso se entiende bien cuando se escucha decir a Trump que “los mexicanos” -y con eso engloba a todos los latinos- nos mandan lo peor: a violadores, criminales y narcotraficantes.
Mire, sobre ese punto –y lo digo con mucho pudor- mi hermana acaba de editar un libro, junto a un grupo de sociólogos, sicólogos, historiadores, cuyo título es  El ADN de los chilenos”. Después de un estudio científico, allí se demuestra que los chilenos somos todos mestizos: no hay nadie 100% europeo ni 100% amerindio, somos todos mezcla. Y eso es una riqueza para nosotros.

-Esa conclusión puede ser leída como un insulto por otros chilenos.
Claro, por la gente que cree que porque es más rubia, o con los ojos claros, o que dice que tal origen de tal nacionalidad son mejores para el trabajo, o mejores para pensar, o que los mapuches son propensos al alcoholismo, se creen superiores. Ese estudio científico demuestra que son puros prejuicios culturales, acompañados de años de historias falsas. Y también de chistes, con los que hay que tener un cuidado tremendo, porque podemos ahora enfocarlos en un arma peligrosa -puede ser el fenómeno que está pasando en Chile- sin entender que es una riqueza para nosotros que vengan inmigrantes.

 Esta inmigración no la organizó el Estado, como otras inmigraciones de nuestra historia. Esta la ha hecho el mercado. Y al mercado solo le importa la ganancia y se desentiende de los otros problemas

-Otra mentira que esconde el discurso que dice que “los inmigrantes nos quitan el trabajo”, es que la “importación” de mano de obra barata sirve para mantener en el suelo los salarios de, por ejemplo, los temporeros.
Claro, se explica más ese abuso si se entiende que esta inmigración no la ha organizado el Estado de Chile, como otras inmigraciones pasadas en que el Estado invitó o acogió a migrantes. Esta vez es una inmigración que ha hecho el mercado. Y al mercado solo le importa la ganancia. Se desentiende de los otros problemas y la pelota se la pasa al Estado.

-Y se trata de personas que muchas veces vienen huyendo de condiciones terribles.
Claro, entre los inmigrantes tenemos grupos que huyen de la miseria y otros que huyen de la violencia, como los colombianos. Y es tremendo, porque no reconocemos su aporte a pesar de que ellos hacen trabajos que los chilenos no estamos dispuestos a hacer. Y está comprobado por las estadísticas, que los inmigrantes pagan sus imposiciones e impuestos: colaboran con el país, vienen a trabajar y quedarse.

-Antofagasta es una de las regiones con mayor explosión de inmigrantes en los últimos años…
Casi el 10% de la población. Y puedo decirle que la violencia es más bien comunicacional que real. Por ejemplo, me ha tocado ya en dos partidos de fútbol entre Colombia y Chile, en que son los medios de comunicación los que empiezan a decir que habrá violencia. Entonces se preocupan las autoridades y llegan carabineros a caballo, carros policiales, y eso crea un ambiente. Y al final, no pasó absolutamente nada en ninguno de los dos partidos. Y una vez que hubo una pelea fue semejante a las que que se producen cuando juegan Colo Colo y la Chile.

Felipe Berrios en el campamento La Chimba.

Felipe Berríos en el campamento La Chimba.

-¿Los medios de comunicación incentivan la violencia?
Exactamente, hay una incentivación de los medios de comunicación cuando replican y responden a estos rumores y prejuicios. Con ocasión del último partido de fútbol, incluso me llamaron periodistas preguntando: “¿Cómo está la situación en Antofagasta?”. Y claro, había resguardo policial, pero no estaba pasando absolutamente nada.

-El negocio del odio y la xenofobia entonces renta para políticos, medios de comunicación que buscan aumentar su rating y algunas empresas que buscan impunidad para pagar salarios miserables.
A mi juicio estamos frente a un problema: se ha instalado en Chile una “híper prevención”, o sea, hay en las autoridades un miedo a que se les señale con el dedo porque no han hecho su labor entonces sobreactúan.

-Y yendo al fondo del problema: ¿han hecho las autoridades su trabajo respecto a esta explosión de inmigración?
Es complicado explicar el problema, porque tenemos que tocar la ideología del mercado. Eso significa que estamos ante un desafío mayor. Lo mismo que pasa con el problema de la salud, la educación: no podemos arreglar con parches de leyes cuestiones que son inherentes a un sistema, a una ideología más profunda y que tenemos que cambiar en Chile. Porque, por ejemplo, todos están de acuerdo que es mejor que se mezclen los alumnos en las escuelas, pero no quieren que sus hijos se mezclen…

¿Los medios de comunicación incentivan la violencia? Exactamente, hay una incentivación de los medios de comunicación cuando replican y responden rumores y prejuicios

-Y tienen que mezclarse porque de lo contrario seguiremos consolidando ghetosy todo lo que ello conlleva: pobreza, discriminación y educación y salud para pobres distinta a la de los más pudientes.
Quiero ser responsable al decir lo que sucede con los inmigrantes: lo que yo he visto aquí es que más que discriminarlos en los hospitales y escuelas por ser inmigrantes, los discriminan por ser pobres.

-¿Qué hace de Chile hoy un país atractivo para los inmigrantes de Latinoamérica?
Yo les he preguntado a los inmigrantes con los que vivo en este campamento, por qué no vuelven a sus tierras si viven acá en condiciones precarias. Y por ejemplo, en el campamento “Luz Divina 6”, que son como 100 familias, prácticamente todos ellos han recibido subsidios, y dicen: “en mi país jamás habría tenido acceso a una casa. Aquí llevo cuatro o cinco años y voy a recibir una vivienda, y mis hijos van a tener una vivienda”. Hay cinco razones que se repiten por las que dicen que les atrae estar en Chile. Primero, la mejor educación. Es cierto, a la educación en Chile le falta mucho, pero comparativamente, si un niño peruano o boliviano llega con tercero medio, aquí baja inmediatamente dos cursos, es decir a Primero Medio. Esa es más o menos la diferencia. Otra razón es la mejor salud. Yo les digo: “¿si es mejor la salud porqué se van a atender a su país?”. Y me responden: “sí, es mejor la salud en Chile, pero en mi país yo puedo conversar con el médico”.

-La atención pública en Chile no deja tiempo para que el médico pueda explicarle mejor su situación al paciente…
Aquí en Chile en sectores populares, no. Tercera razón: les gusta la libertad de la mujer. Aunque en Chile para mi somos muy machistas, pero en comparación las mujeres acá tienen más libertad para educarse, para opinar, para trabajar e incluso pueden ser protegidas si son golpeadas por sus maridos…

– ¿Aquí hay menos violencia contra las mujeres que en otros países?
Aquí, si le pegas a una mujer corres el riesgo de que tus vecinos aleguen o llamen a Carabineros y te lleven preso. Y pasa, aquí en el campamento hemos llamado a Carabineros porque estamos viendo una pelea y eso es novedoso en Latinoamérica. Y la cuarta razón es el cuidado por los niños. No puedes dejar a los niños solos en las casas, porque el vecino llama a Carabineros y te los pueden quitar por descuido.

La experiencia me ha mostrado que los ricos y los pobres son iguales en todas partes del mundo. Los ricos usan la misma manera de vestirse, viajan a los mismos lugares, tienen casi las mismas casas; y los pobres viven las mismas miserias y abandonos. Los sectores medios, que son los que diferencian más a los países, son más propensos a toda clase de chovinismo y prejuicios, muy alimentados por campañas de toda índole, comerciales y políticas

-Lo que usted dice da tiritones, porque que les quiten los niños significa que la solución es que los manden a una casa del Sename, donde ya sabemos que sufrirán todo tipo de abusos además del abandono.
-Lo interesante es que, en otros países, esos niños simplemente no sólo no van al Sename, sino que el niño cae al bracero, o al canal, o se quema la casa con el niño y ni siquiera es noticia. Por eso digo que hay que tener cuidado solo con criticar al Sename, porque las fallas del Sename se insertan en donde vale la persona que produce y consume. Y ni los viejos ni los discapacitados ni los niños producen ni consumen como se quiere. Por eso, no sacamos mucho con ponerle plata al Sename sino cambiamos la cultura.

Y la última razón que escucho de ellos es que este país les gusta porque es estable, sus hijos pueden tener proyección hacia el futuro. Esas son las razones más importantes que ellos esgrimen para venirse a vivir a Chile.

 -Esas respuestas avalan otro argumento que se ha escuchado: que como Trump se apronta a cerrar más las fronteras de Estados Unidos a los latinos, es viable esperar en Chile -por las razones que describe- una oleada de inmigrantes que se va a volcar hacia el sur.
Obviamente por las condiciones nuestras, van a tener más interés en venir a Chile que a otros países latinoamericanos, y ahí hay una contradicción: hay sectores que alegan que Chile está pésimo y, por otro lado, nos damos cuenta de esto otro. Bueno, tenemos que estar abiertos y con alegría a que venga gente de otros países porque la diversidad cultural es una riqueza: nos hace más inteligentes, más alegres e inclusos

-¿Ha cambiado Antofagasta con los extranjeros?
Obvio que ha cambiado. Vamos a aprender a vestirnos no sólo de gris y estamos aprendiendo a cocinar mejor y a valorar la diversidad… ¡Qué contradictorio es todo esto! Ahora surge este temor a los inmigrantes y no nos damos cuenta de que Chile se hizo con inmigrantes. Pero nadie alega contra los croatas, los alemanes, los ingleses, los españoles…

– Porque mientras sean europeos está bien.
Claro y aunque el europeo que llegaba era pobre, le abríamos las puertas. Pero si se trata de un latino, moreno y pobre… Y no nos damos cuenta de que nos enriquecen el ADN, culturalmente y, además, nos ayudan económicamente. Ahora, tenemos que ser inteligentes en cómo los acogemos. Obviamente, si los tiramos a la periferia, si ponemos tantas trabas…

Qué distinto sería si autoridades, gente conocida o los curas nos atendiéramos en hospitales públicos, hiciéramos cola en los policlínicos, fuéramos una y otra vez a los campamentos, a las poblaciones más periféricas y apartadas, porque a lo mejor así  la sociedad se fijaría en esos lugares.

-Tirarlos a la periferia es abrir la puerta a que se formen cinturones de miseria alrededor de algunas ciudades, como ha pasado en Antofagasta.
Exactamente, esto es reflejo de algo más interesante que hay detectar, porque hay un muro que es todavía mucho más cruel que el que promete Trump, y es el muro de los prejuicios, no es de cemento ni se puede fotografiar y hacer campañas con él: es el muro ideológico que tenemos internamente.

-¿Cómo es ese muro personal y colectivo?
De rechazo al que es distinto, al que tiene la piel de otro color o habla de otra manera. El rechazo que antes había hacia el más pobre, ahora los prejuicios apuntan hacia los inmigrantes. Estamos ante muros que son invisibles y que son mucho más tremendos que un muro de tres metros de concreto.

-Sebastián Piñera identificó el peligro delincuencial con las bandas de extranjeros que se han instalado en Chile.
Yo respondería diciendo que en el último tiempo hemos visto muchos delincuentes en el país y que son chilenos. Segundo, hemos visto también -y soy testigo- que la policía realmente chequea a la gente que entra. Y que la mayoría de las mafias que tenemos en Antofagasta son manejadas por chilenos. Entonces, esa idea de que las fronteras están abiertas, entra cualquiera, comete delitos y no le hacen nada, es falsa. La policía es estricta con quien comete un delito sea chileno o extranjero. Hay que tener cuidado cuando se dice y repite esa frase, porque da la sensación de que aquí se deja entrar a cualquiera y se hace vista gorda porque es inmigrante, y no es así.

Lo que es tremendamente grave es que esa frase produce sospechas contra el inmigrante. Y eso además, es una sinrazón histórica, porque Chile se ha hecho de inmigrantes.

-¿Y cómo paramos esa criminalización del inmigrante latino? Ya entramos a la campaña presidencial  y será un tema.
Tenemos que ser muy firmes. Jesús fue expulsado de su país y nació en Belén, que no era su tierra. A modo de ejemplo. para leer los apellidos de diputados y senadores pareciera que tengo que hablar otra lengua, porque hay una cantidad de nombres de origen alemán, belga y otras nacionalidades. Es cosa que también revisemos a nuestros ancestros.

-¿Cómo se debe enfrentar esa campaña?
Insisto: hay que atajar esa campaña desde la raíz, hay que ponerse firmes, porque si no vamos a crear un odio que no solo es falso, sino que es además estúpido.

-Principalmente, porque las cifras respecto del porcentaje de extranjeros involucrados en delitos en Chile demuestran que esa criminalización es falsa.
Claro, es falsa. Un prejuicio, que es peor que una mentira, porque las mentiras las puedes identificar, pero lo complicado del prejuicio es que se van tomando por ciertos y nadie sabe de dónde surgen ni quién los promueve, pero todos vamos alentándolos. Se comete un asalto, entonces no nos centramos en el asalto sino que le ponemos apellido: “colombiano asaltó”, “peruano asaltó”. Pero las cifras desmienten esos prejuicios.

-Uno de los economistas más connotados, Joseph Stiglitz, afirmó en un estudio que publicó CIPER que las mafias internacionales más importantes y dañinas son las que usan y abusan de los paraísos tributarios. De ello no se habla.

Bueno, hay muchas cosas que no se hablan. La globalidad en que vivimos ahora, con medios de comunicación y redes sociales fuertes que hacen que uno esté inmediatamente enterado de las cosas, tiene muchas cosas positivas y también otras muchas negativas. Entre estas últimas, está el incentivo a los nacionalismos, la mentira y la concentración del poder. Por ejemplo, cuando se habla de los desastres ecológicos se nos olvida que una de las mayores cosas que van en contra de la ecología es la concentración de la riqueza. Y es esa concentración la que permite la existencia de los paraísos fiscales.

El Mercurio publicó un análisis de Bloomberg que dice que mientras Estados Unidos e Inglaterra cierran sus fronteras, Chile mantiene abierta su puerta a los extranjeros. Suena a crítica…
No lo veo como una crítica. Ojalá sea así, porque habla muy bien de los chilenos. Y si no nos mueve una cuestión de inteligencia, de darnos cuenta de que los seres humanos estamos hechos para convivir y mientras más grande sea la diversidad más ricos somos humanamente; veámoslo por último desde la sobrevivencia. Porque con la tasa de crecimiento que tenemos no vamos a poder sostener ni a los viejos ni la producción. Necesitamos mano de obra.

-¿Es urgente cambiar la Ley de Inmigración?
Mientras más cortapisas le ponemos a la gente… Lamentablemente Chile termina para los chilenos en La Serena y a lo demás le llamamos “el norte”. Pero la realidad dice que aquí en Arica, Iquique, Antofagasta, Calama, estamos mucho más cerca cultural y físicamente de Perú y Bolivia que de Santiago. Y por la tremenda frontera que tenemos, somos incapaces de controlarla. Entonces, mientras más cortapisas ponemos, más incentivos hay para que sean las mafias las que traigan a la gente y controlen nuestras fronteras. Nosotros no tenemos que pelear contra los inmigrantes, sino contra las mafias que los explotan.

-Y los que ganan dinero con la trata de personas, como el empresario y ex candidato presidencial Francisco Javier Errázuriz, quedan en la impunidad. Después de haber traficado con trabajadores paraguayos y haber zafado de ese juicio por demencia, apareció muy lúcido en un remate.
Creo que tenemos ciertos polvos mágicos en Chile, porque tenemos a otro que llegó en silla de ruedas y después salió andando… Parece que el clima de Chile cura la demencia. Lo que tenemos que hacer es acoger a los inmigrantes y darles visa de trabajo, una manera también de saber lo que está pasando con ese ciudadano. De otra manera, son las mafias las que los dominan, los hacen ingresar “en negro” a Chile, y luego les venden contratos de trabajo para que simulen ante Extranjería.

– ¿Eso está pasando en Antofagasta?
Sí, y en Santiago, y por eso tenemos que ser inteligentes. Exigir más visas y poner más trabas es no entender el mundo moderno. Mire lo que está pasando en Europa. Yo vivía en el Congo, en Burundi, donde la gente estaba hambrienta y miraba la televisión. Esa es la posibilidad que tienen ahora: pueden ver a través de la televisión lo que pueden tener en Europa, entonces están dispuestos a arriesgar sus vidas para llegar allá. Porque entre la vida que tienen y lo que pueden tener allá hay un universo de diferencia.

-Hay quienes se aprovechan de los inmigrantes que llegan ilegales a Chile y pagan salarios bajo el mínimo. No hay capacidad fiscalizadora de la autoridad para terminar con eso y muchos inmigrantes trabajan en jornadas extenuantes por salarios míseros. Esa explotación subsiste y sin control.
Y por otro lado, tenemos sindicatos que bregan por que se prohíba contratar inmigrantes. Es complejo el concepto de “salario mísero”, porque en el mundo globalizado en que es “fácil” el traslado, lo miserable que puede ser para mí que me paguen $260.000 al mes, en otro país es un lujo.

Felipe Berrios

Felipe Berríos – Campamento La Chimba

-Pero estamos en Chile, convengamos que un empleador que paga menos que el salario mínimo, está profitando de gente sin papeles y, además, alterando el mercado laboral al bajar la vara de los salarios. Eso genera resentimiento, porque el trabajador chileno dice: “yo me niego a trabajar por esa miseria, pero estos inmigrantes lo aceptan”.
Creo que todos debemos atacar un sistema que establece que la moneda de cambio es el dinero. Y no es así: ¡es la calidad de vida! El país, y todos nosotros en ese empuje, se desarrolla si hay mejor calidad de vida. Alguna vez tenemos que dar ese paso. Mientras creamos que la moneda de cambio es el dinero, habrá explotación del ser humano por el ser humano.

-Su reclamo de calidad de vida para la gente que debe pasar tres horas en transporte, bajos sueldos, deudas y la imposibilidad de ocuparse cada día de los hijos, es un lujo asiático.
Por eso mismo no podemos medir el desarrollo de Chile solo por los ingresos per cápita, sino que por la calidad de vida. Así, podríamos darnos cuenta que si en una pega yo gano $400.000 y en otra $1 millón, hay que evaluar cuál de las dos alternativas me brinda mejor calidad de vida, quizás la de $400.000 me permita una mejor calidad de vida. O que puedo tener mejor calidad de vida en regiones que en Santiago. A mí me han concientizado desde chico que si el dinero es la vara con que se mide la vida, eso me va a distorsionar los valores, la justicia, la economía, todo.

-Supongo que está consciente de que para muchos sus palabras suenan a la prédica de un sacerdote jesuita y nada más.
No es la prédica de un cura. Veo a la gente enojada, fue lo que más me llamó la atención cuando volví de África: que los chilenos andamos todos enojados, con rabia. Y decía por qué están enrabiados, si están todos gordos y llenos de cosas, y yo vengo de un país donde la gente está flaca, no tiene cosas y está feliz. Entonces, empecé a darme cuenta de que no es el dinero lo que mide la vida. No es la prédica de un cura, porque muchas veces los curas también estamos midiendo las cosas a través del dinero. Tendremos que darnos cuenta en algún momento de que la diferencia entre un país desarrollado y uno no desarrollado no es la plata, sino la calidad de vida. Porque ahí me doy cuenta de que si pago salarios miserables y gano $15 millones al mes, vivo en una casa lujosa, cómoda y protegido con guardias, no es calidad de vida lo que tengo, sino solo más plata. Porque no voy a ser feliz, ni mis hijos van a ser felices, si ando con miedo a que me roben. Vivir como si residiera en un país rico y los demás como si estuvieran en Bangladesh, no es calidad de vida.

-En Antofagasta la desigualdad se manifiesta de manera brutal. La gente de “La Chimba” tiene muy poco. ¿Cómo los ve mirar esos otros barrios y el casino donde hay abundancia?
En Antofagasta tenemos un ingreso per cápita de US$37.000, pero como dice Nicanor Parra, tenemos dos panes, yo me como dos, tú ninguno. Promedio: un pan por persona. Entonces, ese ingreso per cápita de US$37.000 es desequilibrado total: hay gente que vive como en Europa, y otra gente que vive en un campamento en que no tenemos agua potable, ni alcantarillado ni electricidad… Bueno,  tenemos electricidad porque estamos colgados.

Eso lo produce una cultura de mentalidad extractiva -la que tenemos en Chile- de sacar y sacar y ganar yo lo que más pueda sin importarme el daño ecológico ni el daño humano que produzco. Y el desafío es pasar a una cultura inclusiva: darse cuenta de que no soy más rico ni más desarrollado si tengo más plata, sino si mi país es mejor porque mis conciudadanos  viven mejor.

– ¿Y lo ve mejor a su país desde que se instaló nuevamente a vivir aquí?
Creo que sí, hemos avanzado en muchas otras cosas… Y esas cosas nos hacen darnos cuenta de otras que antes pasaban inadvertidas y que ahora se ven que son delito. Tenemos que avanzar mucho más y soy optimista. Tenemos que dar pasos decisivos y hacer reformas profundas, hay que hacerlas, y se nos está quedando afuera la regionalización y la salud.

-Cristián Dueñas, un investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, dijo: “Existe un riesgo de racismo activo en las calles. Me preocupa que, sin políticas claras, cualquier populista o demagogo pueda impulsar ataques racistas”.
Estoy de acuerdo con eso, y por eso también me asusta mucho la crítica constante en contra de los políticos. Que tenemos partidos políticos y políticos de mala calidad, puede ser cierto, pues ellos son un reflejo de la sociedad chilena, pero cuidado, no se ataca el problema destruyendo a los políticos, la política y a los partidos. Se ataca pidiéndoles a los mejores jóvenes y a la mejor gente que ingresen y sean activos en la política. De lo contrario, es caldo de cultivo para los poderosos que son los que marcan el paso, y para los demagogos que se agarran al poder. En eso nos falta lucidez. Los más interesados en que se subrayen los aspectos podridos de los políticos y en que se deteriore el sistema de partidos en Chile, son los más poderosos y los demagogos.

¿Es urgente cambiar la Ley de Inmigración? “Mientras más cortapisas ponemos (a la inmigración), más incentivos hay para que sean las mafias las que traigan a la gente y controlen nuestras fronteras. No tenemos que pelear contra los inmigrantes, sino contra las mafias que los explotan (…) Exigir más visas y poner más trabas es no entender el mundo moderno”

-Los parlamentarios que representan su zona, ¿han propuesto políticas públicas importantes en favor de los inmigrantes?
No soy experto en el tema. Vivo con inmigrantes y llevo años compartiendo con ellos en Chile y fuera de Chile, en los campos de refugiados. Y creo que sí hay gente en Chile interesada en el tema y no demagógicamente. Pero también veo que hay un peligro tremendo con el Brexit y el triunfo de Trump de que esto se convierta en una herramienta demagógica que nos traiga muchos problemas. Lamentablemente, a veces copiamos lo peor de los países que están más avanzados.

-Hemos visto en el último tiempo una procesión de candidatos y dirigentes políticos que, cuando van a Antofagasta, visitan su campamento, “La Chimba”, como si fuera una pecera.
¡Yo quería pasar inadvertido! Cuando volví del Congo, venía machucado, tal vez ha sido la experiencia que más me marcó en la vida, y le dije al provincial lo que quería: repensar mi servicio, la iglesia, Chile, desde la marginalidad. Lamentablemente se supo que yo volvía para acá, fue noticia y había periodistas. Y ahí pensé en la estrategia del judo, de usar la fuerza del otro para lo que yo quiero. Y me dije: “Ya que estoy aquí voy a tratar de mostrar cómo viven los inmigrantes en los campamentos de Antofagasta”. Por eso encuentro tremendamente interesante que vengan a la pecera, porque aquí puedo mostrarles lo que es vivir en un campamento. Cómo vive esta gente que se levanta temprano a trabajar, lo que pasa cuando uno no tiene agua ni alcantarillas, cuando hay moscas y ratones. Y puedo mostrárselo a personas que van a ser candidatos a senador o Presidente de la República. Es una oportunidad única de mostrarles una realidad a la que, de otra manera, no tienen alcance. Que distinto sería si autoridades, gente conocida o los curas nos atendiéramos en hospitales públicos, hiciéramos cola en los policlínicos, fuéramos una y otra vez a los campamentos, a las poblaciones más periféricas y apartadas, porque a lo mejor así  la sociedad se fijaría en esos lugares.

-¿Ha trabajado usted alguna propuesta para mejorar la situación de los inmigrantes?
Hay propuestas concretas, como los desalojos selectivos. Quienes vivimos en campamentos, que ahora en Chile en su mayoría están compuestos por migrantes, sabemos perfectamente quienes son los mafiosos. Muchas veces no son más de cuatro o cinco que echan a perder la convivencia, trafican con drogas o migrantes. Y son intocables. La gente los conoce perfectamente y está dispuesta a denunciarlos, pero para eso hace falta que las autoridades actúen pronta y efectivamente contra ellos. Otra propuesta: ubicar en las ciudades las zonas de mayor concentración de migrantes y hacer de esos lugares o barrios “zonas protegidas por el Estado” y que las autoridades intervengan directamente a quienes viven allí, chilenos y migrantes, ayudándolos con regularizar sus papeles, trabajos y otras dificultades. Invitar a ONGs a trabajar en esos lugares e ir arrebatándole esos territorios al dominio de  las mafias. Son acciones concretas que no significan muchos recursos, concentran esfuerzos y cambian la calidad de vida de las personas, migrantes y vecinos.

*Fuente: CiperChile Actualidad y Entrevistas

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  • olga larrazabal

    Chile históricamente nunca ha tenido más del 2% de población inmigrante. Por eso siempre hemos sido muy pocos, y por eso existen más de 80 familias que pueden trazar su origen en la conquista. En el siglo 18 con la llegada de los Borbones a España, comenzaron a entrar algunos franceses, Pinochet, Labbé Letelier, pero sumando y restando son mínimos. Después de la Independencia, traen alemanes al Sur, que venían con familia, piano y pastor luterano, pero son una cantidad ínfima, que se notan mucho por haber sido cultos y laboriosos, y llevan casi 200 años en Chile. A fines del siglo 19 llegó una oleada de españoles, pero serían 1500 por año, lo que no es nada. Al comienzo del siglo 20 llegaron los eslavos de Croacia a Antofagasta y Pta Arenas, los árabes y los judíos de Salónica y algunos del Imperio ruso, y después de la 2 Guerra llegaron algunos fascistas camuflados y exiliados de la guerra civil Española. Pero eso no pasa del 2% de la población. Y por eso este país se ha estancado en creatividad, conocimiento y vive mirándose el ombligo y no avanza. Y no lo digo yo, lo dicen expertos de grandes universidades, que el problema de Chile es que está llena de chilenos y falta aire fresco y sangre fresca.