El joven ayuda al viejo, el sano al enfermo, el rico al pobre…

¿Qué pasaría si en una sociedad si los padres se desentendieran de sus hijos pequeños? Estos morirían o se verían obligados a mendigar, o bien, a trabajar, como David Copperfield. Si los  trabajadores no ayudan a quienes ya no pueden trabajar, los ancianos morirían de inanición; si el sano no ayuda al enfermo, no queda más recurso que condenarlo a una muerte segura; si el rico no socorre al pobre, así sea con la caridad para que sobreviva, la sociedad entera se hunde en el egoísmo y la codicia.

Ronald Reagan y Margaret Tatcher, genuinos representantes del neoliberalismo, sostenían que la sociedad no existe, sólo hay familias e individuos, y con  esta mentalidad se elimina del todo la solidaridad, es decir, cada persona tendrá que arreglárselas con sus propias uñas y dientes.

El eje del sistema de capitalización individual se encuentra en la teoría del individualismo más radical, en el sentido de que cada individuo tiene que enfrentar la vida solo, desde su nacimiento hasta la muerte.

Detrás de la masiva manifestación por el NO+AFPs subyace una crítica radical al modelo impuesto por Augusto Pinochet y José Piñera – en ese entonces ministro de Trabajo y Previsión Social – y aceptado y perfeccionado por los sucesivos gobiernos de la Concertación, modelo que siempre favorece a los más ricos en desmedro de los más pobres.

¿Qué le resta a los chilenos de a pié si continúa el modelo actual? El ideólogo conservador estadounidense y seguidor de Reagan, C. Murray,  definía muy bien cuál sería el destino de un joven pobre, en la década de los 80:

“Los estímulos visibles de una sociedad puede realistamente ofrecer a un joven pobre, con un nivel medio de capacidad y laboriosidad, son sobretodo estímulos de penalización y desaliento: si no aprendes, te echamos; si delinques, te metemos entre rejas; si no trabajas, te aseguramos que tu existencia va a ser penosa, que cualquier trabajo te va a resultar preferible. Prometer más, es un fraude”.

Si extrapolamos esta pintura a nuestra época veremos que los estímulos sociales se han minimizado, en cambio las penalizaciones han aumentado: cada día tenemos más cárceles inhumanas, universidades del delito, donde se atropellan cotidianamente los derechos humanos.

Los niños del Sename, en vez de ser protegidos por el Estado – como es su obligación – son enviados a la muerte en vida; a los viejos se les condena a una jubilación menor a la del salario mínimo; a los jóvenes pobres, a la cárcel o patear piedras; a los enfermos pobres, a negarles la atención oportuna en hospitales colapsados por la alta demanda y carencia de médicos – como en los hospitales San José, San Juan de Dios, y otros -.

Los partidarios del modelo neoliberal se niegan a reconocer que en Chile se aplica el darwinismo social, que lleva a una muy disimulada eugenesia, es decir, pretender eliminar físicamente a niños, viejos y enfermos, pues están dentro del rango de los incapacitados para la lucha por la vida y, como no trabajan, no sirven para nada. En la selección natural de las especies, es lógico que desaparezcan.

Nada más  aterrador que llegar a viejo en Chile, sobre todo si se es pobre, y se le culpará de no haber ahorrado el dinero suficiente para tener una jubilación decente – serás el culpable de haber sido cesante en los períodos de crisis económica del sistema

José Piñera, padre de las AFPs chilenas – y de vendedor de su modelo a otros países del área – miente como carretonero: cuando muestra su famoso papelito en que muestra que Chile creció como un avión, a partir de 1975, olvida que justo un año después de la entrada en vigor, del sistema de capitalización individual, ( 1981), el año 1982 Chile sufrió la peor crisis económica de su historia, y el PIB cayó en un 14,3%, y la cesantía aumentó a un 23,7%, es decir, se destruyó todo el aparato económico chileno, en especial el industrial; todos los bancos colapsaron y fueron salvados por El estado, sobre la base de la deuda subordinada – que  los bancos aún no pagan -, y la mayoría de los chilenos pobres fueron condenados al  Empleo Mínimo, y Planes para jefes  para Jefes de Hogar (PEM y el POJH).

La mayoría de las personas que en la actualidad se acogen  a la jubilación tuvieron una juventud condenada a la cesantía, al trabajo informal, o bien, a pasar las horas con su mirada al techo. Extrañarse de que no hayan capitalizado en esa época es un verdadero insulto a la dignidad de las personas,  pues también son víctimas de la dictadura al igual que los exonerados, exiliados, fusilados o de detenidos desaparecidos.

Los adoradores del neoliberalismo, junto a los traidores de la Concertación – muchos de ellos comprados por las AFPs, para cargos en sus directorios – se han coludido con Diarios, Radios y periodistas venales de la televisión – incluso del canal del duopolio – de estatal tiene sólo el nombre –  para presentar un cuadro dantesco del sistema de reparto, que se aplicó en Chile en la época republicana. Nada más fácil para estos plumarios que mostrar los aspectos más reprobables que se le puede atribuir a este sistema de reparto,  (las 34 Cajas de Previsión, la Jubilación Perseguidora y la diferencia del  sueldo y el salario entre la jubilación de empleados y obreros).

Personalmente, soy partidario del fin de las AFPs y substitución por el  sistema de reparto, que no tiene por qué ser un calco del que se aplicó antaño en Chile, sino que adecuarlo a los tiempos actuales, con una sola Caja de Previsión y la eliminación de cualquier sistema de privilegios – como ocurre actualmente con las Cajas de Previsión de la Defensa Nacional -.

Una sociedad en que se prescinde de solidaridad del sano hacia el enfermo, del joven al viejo, de los padres con los hijos, del rico con el pobre, es una sociedad enferma, carcomida por el egoísmo, y que sólo conduce al ataque alevoso de los unos contra los otros, si  no luchamos todos para cambiarla, vamos directa al despeñadero.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

08/08/2016

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