El sobresalto de los pueblos europeos que se cierne sobre las elites occidentales

El voto inglés continúa haciendo estragos y F. Hollande, el pusilánime presidente galo, ha anunciado que junto a los países fundadores de la UE, particularmente junto a Alemania, Bélgica e Italia, se propone “refundar”  la UE, o al menos llevar a cabo cambios imprescindibles, toda vez que la moribunda Europa hace agua por sus cuatro costados y como resultado del Brexit, otros pueblos han manifestado su voluntad de ejercer integralmente la soberanía nacional, usurpada por el contubernio entre los tecnócratas de la burocracia de Bruselas y los dirigentes de los países de la UE.

Desde el 23 de junio, el clarísimo voto emitido por el pueblo inglés no ha cesado de recibir andanadas de ataques y denuestos. Haciendo uso de un ejercicio democrático que quisiéramos ver por casa, con respecto por ejemplo a la cuestión de la Asamblea Constituyente que podría alzarnos al estatuto de nación civilizada, el pueblo inglés ha considerado que debe tener en sus propias manos la decisión de cuestiones claves.

Desde que se conoció el resultado libremente expresado, una andanada de improperios proferida por el establishment europeísta ha acogido la decisión soberana del electorado inglés : “El pueblo inglés es estúpido”, “el pueblo inglés es xenófobo”, “el pueblo inglés es racista”, “el pueblo inglés es anticuado”,” el pueblo inglés es viejo”, “el pueblo inglés es inculto”, ”el pueblo inglés es feo”, “el pueblo inglés no sale de su anquilosado trono”, “el pueblo inglés nos había acostumbrado a otra cosa”. “El pueblo inglés debe votar nuevamente y rectificar su error”. “El pueblo inglés debe pedir perdón”, “el pueblo inglés no está a la altura de su historia”. “El pueblo inglés saldrá de la historia”.

Hay que remontar a las guerras napoleónicas o a la batalla de Mers el Kevir en 1940 (1), para encontrar tal ira anti inglesa. Un odio mezclado al desprecio de clase y de casta. Una anglofobia a la que se debe agregar la “prolofobia”. El proletario inglés es odioso y las elites europeístas mediáticas, artísticas, económicas, políticas e intelectuales -inglesas, francesas, alemanas, italianas, belgas holandesas y hasta españolas- se han lanzado contra él con  una saña inédita. Dicha saña se explica porque el reciente voto no es un voto como los otros. En efecto, los electores ingleses han enviado un mensaje doble: la nación es el único espacio democrático y los ingleses prefieren sacrificar un poco de su bienestar material y salvaguardar su identidad. La Inglaterra inglesa ha votado por el Brexit. La Inglaterra mundializada, cosmopolita y multicultural ha votado  por seguir formando parte de la UE.

Ahora bien, este voto no proviene de un país ex centrado como Grecia o inadaptado al liberalismo como Francia. No, el sufragio libremente expresado proviene del corazón ideológico y financiero de la mundialización. El Brexit hay que ligarlo al éxito de Donald Trump en las primarias de EEUU, cuando impuso al establishment  y al PR un discurso hostil al libre intercambio, a Wall Street y a la inmigración: Boris Johnson y Donald Trump no solo tienen el mismo discurso, los dos encarnan un cambio histórico : el fin de un periodo, el fin de una generación, aquella de los años 60-70, que vió nacer la alianza ideológica entre los libertarios y los liberales, entre los defensores de las minorías y los apologistas del individuo-rey. Juntos han consagrado el reino del derecho y del mercado, de la diversidad y la abolición de las fronteras. En los EEUU ha significado el encuentro de los hippies de Berkeley y los Chicago Boys de Milton Friedman. En Inglaterra el encuentro de los Beattles y Margareth Thatcher. En Francia el matrimonio de Alain Madelin y Daniel Cohn-Bendit (2).

Esta revolución que ha llegado desde el oeste ha avasallado a toda Europa y al resto del mundo. No ha sido la primera vez en la historia que esto ocurre, la “gloriosa revolución de 1688” en Inglaterra, la  “revolución” de 1776 en EEUU, habían precedido la revolución francesa de 1789, antes que los “sans culottes”  franceses expandieran por toda Europa las ideas de igualdad y libertad. Cada vez una ola llegada del mar se expandía por todo el continente. Vivimos sin lugar a dudas un periodo similar. Una revolución traída nuevamente por los vientos del oeste. Esto ocurre desde los pueblos mismos y amenaza a las elites occidentales, sus privilegios e ideales. La saña con la que han reaccionado ante el Brexit, indica que han decidido defenderse con todos los medios a su alcance.

Notas:

  1. Puerto en la región de Oran, en la costa argelina, donde la flota inglesa hundió a la flota francesa el 3 de julio de 1940, para evitar que cayera en manos de petainistes o de los alemanes. 1300 marineros galos perecieron.
  2. Madelin, Alain ex diputado y ministro de economía y finanzas en varias ocasiones en los gobiernos de J; Chirac y Edouard Balladur. Liberal y atlantista a ultranza.

 

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