EE.UU. no pide perdón por crímenes de guerra

Obama perdió una gran oportunidad histórica en su reciente viaje a Japón de pedirle perdón a ese país y al mundo –en representación de Estados Unidos- por las bombas atómicas tiradas contra Hiroshima y Nagasaki en 1945. Ambas constituyeron, más allá de las intenciones expresadas al hacerlo, los peores crímenes de guerra efectuados hasta ahora en la historia humana. Dirigir bombardeos a poblaciones civiles, y particularmente cuando se trata de un tipo de armamento horroroso, no tiene otro calificativo. Los cientos de miles de víctimas generadas –muchas de ellas instantáneas y otras tantas en el curso de décadas- nos muestran con elocuencia el incalculable daño causado.

Si ya el hecho mismo de abordar con un mínimo de verdad y justicia el terrible mal ocasionado, justificaba con creces la solicitud de perdón; más lo es cuando hemos visto desarrollos ominosos de la política exterior estadounidense en las últimas décadas. De partida, Estados Unidos ha sido renuente –desde los tiempos de la Unión Soviética- a comprometerse con Rusia en no ser los primeros en emplear las armas nucleares. Por otro lado, desde 2002 Estados Unidos no quiso renovar el Tratado de Misiles Antibalísticos de 1972, por el cual ambos países garantizaron no buscar una superioridad nuclear decisiva entre ellos. Peor aún, desde entonces los gobiernos estadounidenses han establecido una red de misiles antibalísticos en varios países de Europa Oriental sin siquiera comprometerse por escrito a negar que dicha red esté dirigida preventivamente contra Rusia.

Asimismo, otra peligrosa y temeraria política de Estados Unidos, en este sentido, ha sido la progresiva ampliación de la OTAN a países de Europa Oriental ¡e incluso a naciones limítrofes con Rusia y que hasta hace poco integraron la Unión Soviética, como Estonia, Letonia y Lituania! Tan grave ha sido este curso de acción que constituyó uno de los factores fundamentales que causó la breve guerra entre Rusia y Georgia en 2008. Y también, una de las razones –en conjunto con el golpe de Estado en Ucrania promovido reconocidamente por el gobierno estadounidense- que ha llevado a un conflicto armado interno en ese país y a la discutida recuperación rusa de Crimea.

Notablemente, estos desarrollos amenazantes de la política exterior estadounidense ya ni siquiera pueden contar con la eventual legitimidad de servir de contrapunto defensivo a una expansión del comunismo en Europa. O dicho de otra forma, Estados Unidos dilapidó penosamente la posibilidad de contribuir significativamente a un armónico desarrollo europeo luego del derrumbe de la Unión Soviética y el consiguiente fin de la guerra fría.

Por cierto, todo lo anterior se hace aun más peligroso cuando el actual candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos ¡plantea que Estados Unidos ha sido extraordinariamente débil en su política exterior! y amenaza con desarrollar políticas “impredecibles” (¡con armas nucleares cuyo uso dependería de su voluntad!) orientadas a conferirle aun mucho más poder al país del norte en el escenario mundial…

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