Una nueva derecha apareció en Brasil

15 April 2016

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Para comprender la crisis actual hay que remontarse a los primeros años del siglo XXI. En vísperas del impeachment a Dilma Rousseff, entrevistamos a Arthur Ituassu, colaborador habitual deopenDemocracy.

Diputados opositores celebran el voto a favor de iniciar el impeachment a Dilma Rousseff. 11 de Abril 2016. Foto: AP/Eraldo Peres. Todos los derechos reservados.

Mucho pueden cambiar las cosas en diez años o, al menos, pueden pasar muchas cosas. Sin lugar a dudas, los 10 años que van de 2005 a 2015 han sido políticamente intensos en Brasil. El profesor Arthur Ituassu acaba de publicar @openDemocracy (2005-15): fragments of Brazil’s recent political history, un e-libro que reúne una serie de artículos sobre política brasileña escritos para openDemocracy entre los años 2005 y 2015. Como dice el subtítulo del libro, se trata de fragmentos de la historia política reciente de Brasil y, más concretamente,  del restaurado camino democrático de Brasil, que se reanudó a mitad de la década de 1980 después de dos décadas de un régimen militar.

En este contexto, el libro de Ituassu aporta reflexión sobre la compleja dinámica de la democracia brasileña, y refuerza la convicción de que, a pesar de algunos contratiempos, la democracia es un requisito inevitable para que los brasileños puedan hacer frente a las injusticias históricas de su país. En vísperas del juicio político a Dilma Rousseff, Francesc Badia i Dalmases entrevista al autor.

DemocraciaAbierta (Francesc Badia) – Su e-libro coincide con una importante crisis en Brasil. ¿Ha sido esta crisis lo que motiva su aparición? ¿Qué puede aportar un libro como el suyo al debate actual?

Arthur Ituassu – No es fácil definir la actual crisis política en Brasil. Mucho de lo que sucede puede remontarse a 2005, cuando José Dirceu, el jefe de gabinete del presidente Lula, tuvo que dimitir acusado de corrupción en relación con el escándalo del mensalão . Fue este el primero de una serie de grandes escándalos de corrupción en el seno de la administración del Partido de los Trabajadores (PT), relacionado con una trama de compra de votos de congresistas a beneficio del gobierno. José Dirceu, que anda todavía en tratos con la Justicia, es una figura histórica y un líder del PT. Luchó contra el régimen militar. Como preso político, fue uno de los 15 presos que fueron canjeados por el embajador de Estados Unidos en Brasil, que había sido secuestrado por la resistencia en septiembre de 1969. Por su importancia como personaje político, su acusación por corrupción a los tres años de la primera administración de Lula, fue ya un signo precursor de la actual situación política. Esto es algo que espero que mi libro ayude a comprender: la crisis actual es un proceso político y social que se remonta a los primeros años del siglo XXI. Dentro de este proceso, han pasado y surgido muchas cosas. Tuvimos no sólo mensalão, petrolão (el escándalo de corrupción a nivel nacional de la petrolera Petrobras) y lava-jato (la operación de la Policía Federal de Brasil contra un esquema de lavado de dinero que se sospecha que movió más de 10.000 millones de reales en sobornos, ampliación de empresas, políticos y partidos).

También tuvimos prosperidad económica (la estatua del Cristo de Río en la portada del Economist), las grandes protestas populares de 2013 y el Mundial de la FIFA. Por no hablar de la reelección de Lula en 2006, la elección de Dilma Rousseff en 2010 y su reelección en 2014. Hay que recordar que después del régimen militar, Lula y el PT intentaron tres veces llegar a la Presidencia de Brasil sin éxito (en 1989, 1994 y 1998). En este sentido, es imposible, al menos hoy, comprender realmente las consecuencias de estos sucesivos acontecimientos políticos y sociales. Sin embargo, algunos nuevos elementos parecen relativamente claros.

Uno de estos elementos es que ha aparecido una “nueva derecha” en el espectro político brasileño. En marzo de 2010, escribí en openDemocracy que, tras dos mandatos de Lula, lo que se dirimía en las elecciones de aquel año era una “disputa entre izquierda e izquierda”, entre el PT y el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). De hecho, el PT y el PSDB han competido ferozmente en las últimas cuatro elecciones presidenciales (en 2002, 2006, 2010 y 2014), aportando cierta estabilidad de pesos y contrapesos a la dinámica política de Brasil. No creo, sin embargo, que esta “disputa entre izquierda e izquierda” se dé todavía. En la última década, ha surgido y crecido una nueva derecha conservadora. Hasta el PSDB, presionado por la incorporación de nuevos miembros jóvenes conservadores, ya no se parece a aquel viejo partido socialdemócrata de antes. Impulsado por su actividad en Facebook, el ultraconservador Jair Bolsonaro cosechó 400.000 votos en las elecciones de 2014, y fue el diputado al Congreso más votado en Río de Janeiro, un estado de tradición liberal.

Como telón de fondo, están los sucesivos y muy mediatizados escándalos de corrupción, la instalación de un sentimiento apolítico entre la población y el surgimiento de los evangélicos como importante fuerza política conservadora en la política y la cultura brasileñas. El Frente Parlamentario Evangélico tiene hoy no menos de 39 representantes en el Congreso, procedentes de todos los partidos. Los efectos de este estado de ánimo conservador ya se observan en cuestiones relativas al aborto, las drogas, los derechos homosexuales, y puede dejarse sentir en el futuro en la economía, con una interpretación muy tecnocrática y reduccionista del liberalismo.

Otro elemento nuevo de la actual crisis es la “judicialización” de la política y la sociedad brasileñas. No sólo Sérgio Moro (el juez que investiga a Lula y lleva el caso lava-jato), sino también el Tribunal Supremo y el Tribunal Federal de Cuentas han sido protagonistas en las recientes disputas políticas. Además, el encarcelamiento y la persecución legal de los directores de Petrobras, de los directores generales de poderosas empresas constructoras y de políticos de alto nivel, como el propio ex presidente Luís Inácio Lula da Silva, han causado un auténtico terremoto en un país acostumbrado a la impunidad de sus élites. Pero se hace muy difícil creer que el PT de Lula se ha inventado la corrupción política en Brasil y, por ello, el sistema judicial debe probar todavía que trata a todos los partidos políticos por igual y que no es un instrumento de las élites para dañar sólo a los izquierdistas.

DemocraciaAbierta – La última década, o los últimos 15 años, han sido unos “años de oro” para Brasil. ¿Cuáles son los principales cambios que ha observado?

Arthur Ituassu – Brasil ha cambiado mucho en los últimos 15 años, pero los cambios tienen que ver más con beneficios económicos que con beneficios públicos, más con la distribución social de los recursos económicos y el consumo y menos con la transformación social de unos servicios públicos igualitarios y de calidad. Además de los casos de corrupción, este es el motivo de la gran decepción de los ciudadanos con una administración federal de izquierdas en Brasil desde hace más de una década. La combinación de estabilidad monetaria, crecimiento de China y de su demanda de materias primas, incentivos industriales federales, políticas sociales de ingresos directos (como la famosa Bolsa Família), grandes proyectos de infraestructura y un gran mercado interno potencial muy cerrado impulsaron el auge económico de la última década, lo que ha beneficiado directamente a cerca de 40 millones de pobres y ha generado una entera nueva clase social (la llamada Clase C). Sin embargo, cuando todo esto es ya parte de un pasado reciente, cuando impera el desempleo y la recesión, lo que queda es un país fiscalmente roto, en el que no se provee un solo beneficio público adecuadamente. Las escuelas y los maestros del sistema de educación pública brasileño padecen todavía unas condiciones y unos salarios terribles. Los hospitales públicos son, como de costumbre, una verdadera tragedia. En todas las grandes ciudades de Brasil – y ahora también en las más pequeñas – hay violencia, crimen y armas. El transporte público de muy baja calidad es también algo común. A pesar de algunos avances, la justicia sigue funcionando mucho más para la gente rica que para los pobres. Encantados con el consumismo, nos hemos olvidado de continuar las reformas iniciadas en la década de 1990 como parte del proceso de redemocratización: la reforma política, de la policía y del sistema de pensiones. No todo está podrido, sin embargo, “en el estado de Dinamarca”: millones de brasileños han experimentado los beneficios de la inclusión económica, y es seguro que van a ejercer presión para mantenerlos.

DemocraciaAbierta – El liderazgo de Brasil en América Latina ha sido muy activo durante el período que cubre su libro. El rol de Brasil como actor del Sur Global, en los BRICS, en la integración de América Latina, se caracterizó por la presencia de una personalidad fuerte en la Presidencia: Lula da Silva. ¿Hasta qué punto el liderazgo de Dilma es la causa del derrumbe de Brasil?

Arthur Ituassu – El derrumbe no se debe tanto a una diferencia de personalidad, sino más bien a las recientes transformaciones geopolíticas globales. Se impulsaron acciones más efectivas en relación con América del Sur ya desde antes que Lula fuese elegido presidente. De hecho, las condiciones globales durante su administración abrieron el espacio para desarrollar una diplomacia y una estrategia más firmes y amplias, con el ascenso de nuevos polos estratégicos y el contexto comercial y financiero Sur-Sur. Los IBAS (India, Brasil y Sudáfrica) y los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) han intentado manejar este nuevo espacio diplomático. Por supuesto, a la política exterior de Brasil le influenció el cambio en la Presidencia. Lula es una estrella política mundial a la que el presidente de los Estados Unidos Barack Obama elogió fervientemente ante las cámaras en una reunión de la ONU en abril de 2009. La presidenta Dilma Rousseff, sin embargo, se ha mostrado siempre muy incómoda ante cuestiones de política internacional y con los mandatarios extranjeros, incluso con su propio ministerio de Asuntos Exteriores, el Itamaraty. Pero se da el caso también que la crisis estadounidense de 2008 está relativamente resuelta, China no está creciendo tan rápidamente pero su presencia económica en Latinoamérica ha aumentado exponencialmente, los regímenes de izquierda en América del Sur – sobre todo en Argentina, Bolivia y Venezuela – se han debilitado por crisis internas, y México y la Alianza del Pacífico han dividido al subcontinente. Con todo esto y una grave crisis política y económica interna, el colapso de Brasil era inevitable.

DemocraciaAbierta – La publicación de sus ensayos para openDemocracy se produce en un momento en que la hegemonía de los grandes medios de comunicación y de Globo en particular es abrumadora y está jugando un papel clave en la crisis actual. ¿Qué pasa con los medios independientes? ¿Qué tan grande es el nicho para iniciativas como DemocraciaAbierta?

Arthur Ituassu – Los debates acerca del papel de los medios de comunicación en la política brasileña están en el centro de la actual crisis política. Esto puede verse como otro elemento nuevo de la situación actual: la legitimidad de un establishment mediático muy concentrado. Una encuesta reciente (Endelman, 2016) muestra que mientras el 76% de los ricos en Brasil dicen confiar en los medios de comunicación, sólo el 52% de los pobres confiesa lo mismo. En estos  momentos, la idea de que los grandes conglomerados mediáticos trabajan siempre para las élites y en contra de los políticos y los partidos de izquierda – incluyendo el caso de la destitución de la presidenta Dilma Rousseff – es ampliamente compartida y coloca un gran signo de interrogación sobre la legitimidad del rol del sistema de medios del país. En este sentido, los medios de comunicación independientes, sobre todo en Internet, están creciendo rápidamente y crean un contexto muy propicio para iniciativas como Democracia Abierta.

*Fuente: OpenDemocracy

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