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¿Por qué hay chilenos que apoyan el “embarazo forzado” por violación?

¿Por qué hay chilenos que apoyan el “embarazo forzado” por violación?
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5 abril 2016
A_UNO_No al aborto
La única respuesta que se les ocurre a los chilenos pro “embarazo forzado” por violación, frente a esta masiva violencia machista, es la “protección de la vida por nacer” a todo evento, en un acto supremo de negación del dolor del otro, la ausencia absoluta de cualquier tipo de empatía con las víctimas y la evidente disposición a restarse de la búsqueda del bienestar común.

La penetración vaginal sin consentimiento de una mujer o niña con resultado de “embarazo forzado” constituye una expresión máxima de violencia machista. De acuerdo a investigaciones de la Universidad de Chile, en nuestro país el 70% de las violaciones son cometidas contra niñas menores de 14 años, especialmente por sus propios padres (Noseda, J.).

Según la ONU, el “embarazo forzado” por violación en tiempos de guerra constituye un crimen contra la humanidad y un atentado contra la integridad personal, social, sexual y existencial de una mujer, pues el semen del agresor se instala en el sistema reproductivo de la mujer dejando la huella de la prepotencia y del atropello en su cuerpo, causándole daños psicológicos de por vida. ¿Por qué entonces estos chilenos apoyan el “embarazo forzado” y están por la prohibición del aborto en caso de violación?

En nuestro continente el “embarazo forzado” ya tuvo sus momentos más dramáticos durante la época de la conquista, donde los españoles violaban mujeres, niñas y niños indígenas masivamente y luego los obligaban a la esclavitud sexual en cautiverio (Mira C., Esteban, Guerrero Vinueza). Las indias guaraníes preferían cometer suicidios colectivos antes que dar a luz al fruto de esas violaciones. Las españolas secuestradas y violadas por los indígenas preferían seguir en la esclavitud de las tribus antes que volver a sus comunidades por la vergüenza de llevar en su vientre el fruto de la violencia enemiga y ser rechazadas por haber perdido la virginidad (Alegría, Rebeca).

La década de las dictaduras durante los setenta, dejó una estela de abusos y violencia sexista por parte de las Fuerzas Armadas, uno de cuyos métodos era violar en grupos a las presas políticas por penetración violenta y/o quitarles los hijos a presas embarazadas antes de su detención para la adopción ilegal.

Las guerras de “limpieza étnica” protagonizadas por los serbios contra más de 30 mil mujeres musulmanas y croatas en la guerra de Bosnia, los “comandos de oficiales violadores” de mujeres de las tribus Mon, Karen, Chan y Rohingyas en Myanmar que actuaron impunemente durante cincuenta años de dictadura militar, las 200 mil violaciones de mujeres en la guerra de Ruanda, representan solo un botón de muestra de por qué el “embarazo forzado” se transformó en un concepto internacional equivalente a crimen contra la humanidad, que debe ser perseguido y castigado con penas máximas en el marco del derecho penal internacional.

La violación y concepción forzada como resultado del delito común, provoca los mismos efectos en sus víctimas: miedo, pánico, vergüenza, insomnio, trastornos para retomar una vida sexual normal, daños físicos graves, como hematomas internos y sangramientos que pueden llevar incluso a la muerte, sobre todo en el caso de violaciones múltiples y en grupo.

Son justamente estos rasgos los que conforman el “carácter autoritario” descrito por Theodor W. Adorno en sus investigaciones luego de la Segunda Guerra Mundial, donde reconoce la urgencia de impulsar el pensamiento crítico en la ciudadanía para evitar escenarios de violencia y atropello a los derechos humanos similares a los sufridos bajo el nazismo, el comunismo y todo tipo de dictaduras.La única respuesta que se les ocurre a los chilenos pro “embarazo forzado” por violación, frente a esta masiva violencia machista, es la “protección de la vida por nacer” a todo evento, en un acto supremo de negación del dolor del otro, la ausencia absoluta de cualquier tipo de empatía con las víctimas y la evidente disposición de restarse de la búsqueda del bienestar común.

Adorno planteó que el “carácter autoritario” está íntimamente ligado al deseo de someterse ante los símbolos del poder de cualquier especie (religioso, político partidario, ideológico) y al mismo tiempo de obligar a los otros a hacerlo también. El sujeto autoritario no soporta la crítica y desarrolla una rabia incontenible contra aquel que piensa distinto. Es xenófobo y reemplaza la complejidad del mundo exterior por un mundo interior alimentado por la lógica del blanco y negro que se expresa en una renuncia a formarse una opinión independiente sobre el mundo que lo rodea. El “autoritario” prefiere siempre el juicio colectivo preconcebido.

A nivel político el “carácter autoritario” es estimulado generalmente por el lenguaje “demagógico” (Horkheimer) de figuras públicas que destacan por su tendencia a reducir la complejidad de la sociedad a la simplicidad de las verdades construidas a partir de prejuicios negativos.

Esto les permite actuar con indiferencia y frialdad frente a la evidencia empírica de cualquier problema social que no responde a esta dinámica intolerante y al mismo tiempo les resulta fácil la exclusión de cualquier duda en su discurso. El análisis integral de un problema es ajeno a la mente autoritaria.

Son sujetos con una deformación del principio de realidad y una disposición a justificar cualquier crueldad en pos de sus convicciones. El diálogo es reemplazado por el sometimiento incondicional a sus principios y se opta por repetir una y otra vez eslóganes excluyentes y estigmatizadores del que piensa distinto. En situaciones de dictadura, estos sujetos pueden transformarse con más facilidad que los sujetos con pensamiento crítico en agentes criminales, colaboradores en la represión o en “cómplices pasivos”, pues suelen no interesarse por el destino de los diferentes o priorizar sus vidas privadas. En democracia actúan como reserva latente del pensamiento autoritario en todo el espectro ideológico.

El cuadro descrito aquí corresponde mayoritariamente a las conductas de los chilenos que protegen el “embarazo forzado” por violación sobre la base de un argumento único que sería su opción “pro vida”, despreciando cualquier información fidedigna que los saque de su esquema.

Contrasta con este fundamentalismo minoritario, el apoyo de la población chilena al proyecto del aborto terapéutico en sus tres causales, pues se ubica sobre el 75% en casi todas las encuestas realizadas últimamente (Cadem Plaza Pública, Corporación Humanas, CERC, UDP, CEP, Adimark).

En consecuencia, una respuesta muy probable a nuestra pregunta inicial es la siguiente: los chilenos que apoyan el “embarazo forzoso” por violación son sujetos de “carácter autoritario”, indiferentes a las realidades sociales, indolentes y fieles defensores de principios que solo existen en el mundo de sus propios prejuicios, que no tiene territorio ni población. Allí el ser humano concreto no cuenta, solo vale el principio.

*Fuente: El Mostrador

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1 Comentario

  1. olga larrazabal

    Nada como tener una religión/ideología fundamentalista para echarle la culpa a Dios o a los principios de nuestras mezquindades.
    Todavía me acuerdo cuando el Tribunal Constitucional declaró que la Píldora del día Después era abortiva. Habían salido 3 artículos de la Universidad Karolinska de Suecia, la que elige a los Premios Nobel de Biología, demostrando que no era abortiva. Pero como los miembros del T. Constitucional no estaban informados, y como dice la autora del artículo, pertenecían al gremio de los machos autoritarios e ignorantes agregaría yo, la prohibieron, sin importarles el defender la existencia de una célula contra la vida de una mujer. Han pasado casi 10 años y seguimos en la misma. En vez de preocuparse de la vida de los zigotos, deberían preocuparse de la vida de esos niños abusado y no deseados por sus familias, o de las adolescentes embarazadas por algún familiar abusador.

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