Argentina: Vergüenza ajena

Sábado 16 de abril de 2016

Es seguro que hasta los adherentes críticos al kirchnerismo tomamos ahora mayor conciencia del coraje y la capacidad enormes que tuvieron Néstor y Cristina para liderar la lucha contra esos tremendos poderes locales y extranjeros que bancan el golpe actual.

Acaso no haya vergüenza ajena sin algo de ingenuidad. Sin ir tan lejos, los argentinos K, y aun sus adherentes críticos, no entendemos cómo a gran parte de los votantes macristas todavía no se les cae la cara de vergüenza. Pero lo curioso es que también desde el extranjero sienten vergüenza ajena, esta vez por los argentinos sin distinción, o por la Argentina a secas. Porque ellos tienen más claro que “nosotros” (sin distinción) que las empresas fantasma, edulcoradas aquí por los medios bajo la expresión inglesa “offshore”, no son una opción meramente legal, sino la mejor manera de evadir cargas fiscales y lavar dinero, cuando no también (con frecuencia) de traficar armas, drogas, etc. Ellos saben perfectamente que el asunto no se agota en una discutible legalidad, sino que es lisa y llana corrupción moral, tanto más inaceptable en un “Jefe de Estado”, aun cuando fuese “solamente” (nada menos que…) por dirigir ese tipo de “empresas”, familiares por añadidura. Y por eso mismo, en un sitio extranjero de apuestas como Paddypower, Macri figuró primero como candidato a renunciar por los Panamá Papers (ahora el favorito es el británico David Cameron).

¡Qué ingenuos, estos extranjeros! Ignoran el cinismo alegre de este “gobierno” plagado de offshore y lacayos del imperialismo financiero. Ignoran sobre todo que este monstruo cuenta con la protección del poderoso Tío Sam, ¡oh yeah! ¡La misma protección que tuvieron Videla, Pinochet, Sadam Hussein en sus buenos tiempos, y tantos otros dictadores!

Ignoran que el monstruo actual cuenta además con la complicidad de “nuestros” grandes exportadores de granos, y obviamente con la de sus camaradas buitres, que mientras tanto ya habrán regalado migajas de sus negociados a no pocos legisladores para que voten por ellos. Lo mismo que Clarín, claro, para que convaliden las derogaciones de la ley de medios. En suma, ¡qué inverosímil es que caiga un “gobierno” con tanta banca! ¡Más bien somos nosotros, los argentinos de a pie, K y anti-K, los que nos vamos así derechito (bien por derecha) a la bancarrota! Pero desde el exterior no dejan de indignarse y sorprenderse. Los académicos extranjeros especializados en el estudio de tales “offshore” remarcan que jamás esas pantallas mafiosas se constituyeron para otra cosa que para lo ya indicado más arriba.

Por su parte, expertos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU previnieron a tiempo (en vano…) que “Argentina” (de nuevo a secas, en bloque) pasaría a ser el primer país en burlarse de los principios que ella misma, hace menos de un año, hizo declarar en la ONU por amplísima mayoría contra los fondos buitres, y que se reactivaría así el peligro de una depredación financiera internacional sin precedentes. Y sí, “el cambio” argentino es más que rotundo: es un golpe, y la avanzada incluso de un contraataque de la usura mundial. Pero por el momento, pareciera que no hay nada que hacerle: las penas son de nosotros, la indignación es ajena… Y la vergüenza también.

Porque mientras tanto, parte de la dirigencia kirchnerista ya está comprada, cuando no se apresuró a venderse solita. No hay quienes coordinen una convocatoria para luchar en serio contra esta entrega, ni siquiera contra la corrupción de Macri y su entorno. Algunos a lo sumo entran al jueguito tan escénico como inútil de los tribunales. Eliminada además toda disidencia crítica en los medios, seguramente no son pocos los que se bancan los aumentos tarifarios mirando por TV cómo este “gobierno” procesa a Báez, a Jaime, a la misma Cristina, etc. Se refuerza así el discurso oficial sobre los culpables de la “herencia” recibida. Y es curioso, pero los “cabeza de globo” (como diría mi amigo Aldo) no razonan: ¿cómo es que todo aumenta justo ahora que los “kk” ya no están ahí robándonos? ¿No será que los tarifazos, así como los miles y miles de despidos, tienen mucho más que ver con las fortunas siderales que le pagaremos a los buitres, aunque esos “acuerdos” financieros no hayan recibido ni ahí la cobertura mediática de aquellos procesados? ¿Y cómo es que Milagro Sala o Báez ya están presos aunque no tengan condena, cuando Larreta o Niembro, también procesados, siguen bien sueltos, el primero gobernando Buenos Aires, y el segundo (cuyo hijo tiene una empresa fantasma) a pesar de no haber tenido manera de explicar dónde están los millones que le hizo dar Macri, que además “le prestó” otros millones a su amigazo Caputo? Pero es clarín que no es la “Justicia” sino los fans de “Mauri” los que tienen los ojos vendados… Ellos creen a ciegas en esa divina “Justicia” que ya exoneró al propio Macri, y que volverá a limpiarle cualquier mugre, sin ninguna duda.

En la confusión, la indignación del inmenso resto se dispersa ante una dirigencia frágil y fragmentada, sin que ni siquiera esté claro, por ejemplo, cuánto se consigue con los paros ante la prepotente sordera oficial, ni quiénes y cómo se valen de esa fuerza de oposición. Es una indignación que no alcanza tampoco para esas grandes movilizaciones espontáneas que pueden provocar los momentos críticos, esos en los que hasta el poder mediático mide pérdidas y se da vuelta. Es una indignación que no alcanza sobre todo si está viciada de resignación, o como si el shock del golpe fuese demasiado fuerte y nos dejara sin reacción. ¿O será esta resignación el síntoma de que ya casi todos nos estamos corrompiendo un poco? Quizás… Pero a la vez es seguro que hasta los adherentes críticos al kirchnerismo tomamos ahora mayor conciencia del coraje y la capacidad enormes que tuvieron Néstor y Cristina para liderar la lucha contra esos tremendos poderes locales y extranjeros que bancan el golpe actual. Es seguro que esta conciencia no se detiene, que se va extendiendo silenciosamente a algunos votantes de Macri, y que irá poco a poco redefiniendo sus vías de acción. Hasta que algún día la vergüenza deje de ser ajena y la lucha vuelva con fuerza tan renovada como incontenible…

10 de abril de 2016

-El autor es Doctor en Filosofía por la Universidad de París 8

*Fuente: Con Nuestra América 

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