Ignacio Walker quiere ascender de “príncipe” a “rey”

La última encuesta Adimark, publicada en los primeros días de marzo, demuestra que todos los partidos tradicionales – incluida la Democracia Cristiana – ocupan los últimos lugares en la calificación de los partidos políticos – con bajísimo nivel de aceptación por parte de los ciudadanos – y, por el contrario, agrupaciones nuevas como Revolución Democrática y el PRO tienen  buena acogida entre los encuestados.

La UDI, actualmente, es el Partido que tiene más rechazo ciudadano y, muy cerca le siguen los democratacristianos y los radicales. La Democracia Cristiana es un Partido en decadencia, no sólo en Chile,  sino también en los demás países del mundo: En Europa, específicamente en Italia, este Partido que era el principal en el principal en el período pos segunda guerra mundial, desapareció del mapa a causa de la corrupción y sus tratativas con las mafias sicilianas, y culminó con el proceso llevado a cabo por los “jueces de las manos limpias” y la  consecuente destrucción del sistema político italiano y, finalmente, la asunción al poder del corrupto empresario Silvio Berlusconi. El único partido democratacristiano aún vigente es el alemán – al cual pertenece la Canciller Ángela Merkel – aliado con la Socialdemocracia.

En América Latina, el COPEI murió con el fin del gobierno de Rafael Caldera y el triunfo del Hugo Chávez – En España (Gil Robles) y en otros países de América Latina la Democracia Cristiana no ha tenido ninguna trascendencia -.

En el caso chileno, está claro que después del fracasado gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle – que se presentó a la reelección en 2009 – la Democracia Cristiana, en plena decadencia, no tiene ni la más remota posibilidad de encabezar una combinación de la llamada Nueva Mayoría – todo indica que va a terminar con una restauración concertacionista, liderada por Ricardo Lagos -.

La familia Walker – dueña del Parlamento y también lo ha sido de la Democracia Cristiana – se empeña actualmente en que la Democracia Cristiana lleve un candidato propio aun cuando tenga asegurado el último lugar en las primarias – ya ocurrió en las anteriores primarias con el precandidato presidencial Claudio Orrego -.

Hay que distinguir a los “príncipes” del resto de los militantes del partido democratacristiano donde sabemos existen personas valiosas y progresistas, como Jaime  Hales, Andrés Aylwin, Nolberto Díaz, entre otros, sin embargo, este Partido ha sido secuestrado por una mafia de derecha neoliberal integrada por Gutenberg Martínez-Soledad Alvear, Mariana Aylwin y por supuesto el trío de los Walker, quienes han dedicado todos sus esfuerzos para desfigurar las reformas propuestas por la Nueva Mayoría, concentradas en el programa ofrecido por la  candidata a la presidencia de la República, Michelle Bachelet, en 2013, y por el cual logró triunfar en esas elecciones.

Hoy, el sector de los “príncipes” ha logrado imponer una especie de restauración en que el ministro del Interior, Jorge Burgos, pretende jugar el papel de “Primer Ministro”, lo que suena a todas luces ridículo en una monarquía presidencial. Este personaje no tiene el carácter, menos las cualidades para ocupar este cargo, pero aprovecha que la Presidenta se ha visto debilitada para desobedecerla – siguiendo las órdenes de los jerarcas democratacristianos – y propiciar un mini-golpe de Estado, bastante tragicómico, dentro un gobierno que sólo está dispuesto a administrar el statu quo.

¿Qué posibilidades tendría el “príncipe” Ignacio Walker de convertirse en rey? Andrés Zaldívar, viejo “zorro” y derechista democratacristiano, tiene clara la película: desde ya ha anunciado su apoyo a Ricardo Lagos – único líder que podría lograr  la restauración concertacionista -, pero el posible candidato democratacristiano quiere, contra viento y marea intentar una aventura, que sólo puede conducir a la Democracia Cristiana al camino propio, y de seguir en la Nueva Mayoría, pero ocupar el lugar de perdedor en las primarias si se realizaran – sabemos que el profesor Ricardo Lagos Escobar le gusta ser elegido por aclamación y no competir con candidatos de menor calado, como es el caso de Ignacio Walker o de algún otro “intruso”.

Lo más seguro es que la comedia del candidato democratacristiano va a terminar en el más rotundo de los fracasos, por lo demás, este partido decadente no va a morir, sino que seguirá sometido a los socialistas y al PPD, pero sobrevivirá gracias al “balón de oxígeno del reparto de cargos fiscales, tal cual lo han hecho hasta ahora.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

05/03/2016

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