La importancia de Redes internacionales e interdisciplinares para el bien pensar desde la periferia

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Entrevista a Eduardo Devés (E.D), filósofo e historiador de las ideas, fundador de la Internacional del Conocimiento. Realizada por Alex Ibarra Peña (A.I) del Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada.

A.I: Profesor Devés, agradezco se haya decidido a darme esta entrevista a unos meses de haberse realizado un encuentro más de la Internacional del Conocimiento. Sin duda, este encuentro intelectual es uno de los más grandes encuentros que se realizan en Chile y que se hace con la intención de repetirlo cada dos años. ¿Nos puedes contar como surge este proyecto?

E.D: Soy yo el que agradece Alex tu intensa actividad como promotor del quehacer intelectual del pensamiento en Chile y tu interés por mis trabajos.

El congreso de la Internacional del Conocimiento se ha realizado en nuestra Universidad de Santiago de Chile por cuarta vez. Hemos tenido poco menos de 1500 personas inscritas, de unos 30 países y de cientos y cientos de instituciones de educación superior.

Este proyecto surgió en el seno de la actividad de las redes intelectuales y su gestión. Lo imaginamos con Cristián Parker, Fernando Estenssoro y Ricardo Salas, como un lugar de encuentro interdisciplinario, internacional…

A.I: Este encuentro y otros como El Corredor de las Ideas del Cono Sur, las Jornadas de las Ideas que se realizan en Talca, dan cuenta de un trabajo importante en la creación de encuentros que favorecen el tránsito de las ideas. ¿Cómo llegaste al convencimiento de la importancia que tiene el establecimiento de redes de intelectuales? ¿Valoras estos encuentros sólo desde una perspectiva académica?

E.D: Estas iniciativas continúan una trayectoria de americanismo que proviene en primer lugar desde Leopoldo Zea, quien creó y guió por unos 20 años la SOLAR y la FIEALC y que en los 1990s realizaron sendos congresos en Chile, contando con la energía y generosidad de Carmen Norambuena y Javier Pinedo.

He dicho antes que este proyecto surgió en el seno de las redes intelectuales puesto que es un proyecto que tiene raíces en el Corredor de las Ideas, en las redes SOLAR y FIEALC donde tanto hemos participado desde Chile con Javier Pinedo, en los numerosos seminarios internacionales que organizamos con Carmen Norambuena, en los encuentros Argentina-Chile organizados con Carlos Mayo y Pablo Lacoste, en los encuentros Bolivia-Chile organizados con Fernando Cajías y Sergio González, en los encuentros Perú-Chile organizados con Patricia Arancibia y Vilma Derpic y tantas otras iniciativas… Numerosas personas se han desplegado en estas redes transversalmente: el gran nuestramericanista recién fallecido Leonardo Jeffs, el ya mencionado Pinedo, Silvia Fridman, José de la Fuente, Adriana Arpini, Yamandú Acosta, Clara Jalif, Roxana Forteza, Edmundo Heredia, Beatriz González de Bosio, Claudio Maíz, Elián Araujo, Adalberto Santana, Claudia Wasserman, Alfredo Lobato, Horacio Cerutti, Hugo Biagini, Eni de Mesquita, Mario Oliva Medina, Lancelot Cowie, y, por cierto, el propio maestro Zea, que inspiró mucho con su ejemplo y sus ideas.

En toda esta dinámica inicial fue imprescindible la gestión de Carmen Norambuena, a la cabeza del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, al que me incorporé en 1994. La gestión posterior de Cristián Parker consolidó y proyectó más el proceso de “redificación” que veníamos realizando ya con tanto entusiasmo.

Debo decir, por otro lado, que estas redes han sido decisivas para mis trabajos sobre el pensamiento latinoamericano e incluso el pensamiento africano y periférico en general. Imaginar viajes de investigación sin amistades es notoriamente más difícil que cuando se las tiene, es a la vez más fecundo, pues el acceso a los lugares, el conocimiento de personas e incluso el tránsito por las ciudades, las universidades y las bibliotecas se simplifica.

Y valoro los encuentros y las redes no solo desde una perspectiva estrictamente académica, sino asociada a esta la amistad entre los pueblos, al goce de experiencias que de otra manera no hubiera tenido, a la emergencia de un sentimiento americanista que se ha transformado para mí en un lugar de enunciación, a la creación de una opinión pública de la América del Sur Global y de esa amplia y difusa frontera mundial que es el latinoamericanismo, presente en Corea, Israel, Alemania, India, Dinamarca, Senegal, Canadá, Hungría, USA, China, España y tantos otros lugares donde se encuentran las fronteras mundiales de Nuestramérica

A.I: Refiriéndome ya a algunas de tus producciones escritas de la década de los ochenta, existe un libro con poca difusión, pero que ha adquirido una cierta valoración sobre todo desde una perspectiva filosófica, en cuanto a que hay ahí la descripción de un momento histórico de parte de la intelectualidad chilena, estoy hablando como ya sabrás de “Escépticos del sentido”. ¿La visión que me atrevo a decir pesimista o abrumadora cómo se compatibiliza con tu entusiasmo por establecer grandes encuentros intelectuales? ¿Quieres observar algo sobre este libro?

E.D: Comencé a escribir ese trabajito en diciembre de 1981, durante una breve estadía de semanas en Bélgica, publicando una primera versión a comienzos de 1983 y la segunda en 1984. Fue escrito en el riñón de la dictadura y como tal está signado por la sombra de la muerte. Pienso, sin embargo, que no logré expresarme bien allí y ser suficientemente claro. El objetivo del discurso es rebatir el “escepticismo del sentido” en el cual había caído, mucha gente cercana a mí, mucha de cuya sensibilidad yo compartía.

La clave fue comprender y expresar esa sensibilidad para luego argumentar contra ella. Es decir, argumentar de manera análoga a Renato Descartes, que podría encontrarse un “cogito” que permitía falsear las propuestas escépticas, que en síntesis sostenían que no había mejor ni peor y que daba lo mismo las opciones que se tomasen… Mi posición fue que los seres humanos, y mucho antes, podían discriminar el sentimiento de bienestar del sentimiento de malestar y que ello permitía, al menos en una instancia, aunque no mucho más allá, señalar que no todo daba igual.

Es un libro de superación, de salida, de motivación, de apuesta por la vida, aunque no de agenda.

A.I: Sin desmerecer otros de tus textos, a mi modo de ver, tu obra monumental es la historia del pensamiento latinoamericano escrita en tres tomos, la cual ha gozado de amplia recepción, cuestión que sin duda te ha llenado de satisfacción, ya que la producción de un texto es coronada cuando es leída y utilizada por otros. ¿Estás de acuerdo en esta consideración? ¿Te sientes satisfecho con el resultado de este trabajo?

E.D: A ver Alex, esta pregunta es capciosa. Quedaré por pedante, tanto si respondo que sí como si respondo que no y quedaré por pedante si respondo que mi satisfacción es “relativa” y peor, si respondo que es “compleja” pues entonces quedaría por doble pedante y tonto. Muchos tontos cuando no saben que decir, dicen que “en el fondo las cosas son complejas” o todavía “más complejas”.

A.I: En este texto que recién mencionábamos, y en otros también, le otorgas bastante importancia al pensamiento económico. ¿Cómo ves la relación de los intelectuales con el saber producido por la ciencia económica? ¿Te parece fundamental la producción de reflexión a partir de la economía en los estudios latinoamericanos?

E.D: La ampliación del horizonte de interés de los estudios eidéticos es infinita. Mi inquietud clave puede formularse así: El maestro Leopoldo Zea publicó El pensamiento latinoamericano en 1976. Se trata de una obra que mucho me ha inspirado, pero en esa obra existen al menos dos cuestiones que quise superar: la primera, es que no aparecen pensadoras mujeres y la segunda que no hay pensamiento económico y que no se nombra al que es, a mi juicio, el pensador más importante de la segunda mitad del siglo XX en la región, Raúl Prebisch. Estas dos grandes ausencias traté de remediarlas. Intenté también realizar otras ampliaciones: países, temas, figuras. Desde el presente advierto otra, que es una deuda mía: l@s pensador@s indígenas están muy poco presentes en mi trabajo. Esto que venía concientizando, se me hizo patente con la importante obra de Claudia Zapata, y cada vez me va pareciendo una falencia mayor.

Pero debo notar Alex que ese trabajo quedó corto o parcial y trató de ser complementado con una mejor formulación de la disyuntiva (periférica) ser-como-el- centro / ser-nosotros-mismos, que me parece mejor que modernización/identidad. Por otra parte, me pareció clave ampliar justamente las investigaciones para mostrar como esa disyuntiva no se daba solo entre nosotros sino en todas las intelectualidades de las regiones que habían sufrido los embates del centro-europeo. En este marco escribí sobre el pensamiento africano sud-sahariano y sobre el pensamiento de las regiones periféricas, en general.

A.I: Hace poco, en una clase que daba, notaba que a los estudiantes les llama mucho la atención de eso que llamaste el pinocheguevarismo para denominar la larga década de los sesenta. Dicha década, sigue siendo objeto de atención por algunos investigadores no sólo como estudio de un momento histórico pasado, sino que para comprender parte del momento histórico contemporáneo que se vive en Chile. ¿Consideras que la violencia no es un hecho político, en tu libro la distinguías como una cuestión bélica y no política?

E.D: ¿Podría un pacifista asumir la violencia como componente irremediable de la política? ¿Podría un ácrata aceptar la insolencia de los poderes…? Si me apuras un poco aceptaré que la violencia y la soberbia de los poderes son cuestiones de nuestra condición mamífera y que no los extirparemos definitivamente. Que volverán y re-aparecerán y re-emergerán como las mil cabezas de la hidra. Pero mi posición utópica es disolver los poderes y su violencia y criticar la frase estúpida que el poder viene del fusil. Frase reaccionaria y enemiga de la inteligencia y contradictoria en sus términos, porque incluso, en este esquema violentista, el poder estrictamente no nace del fusil, sino de quien es capaz de inventar un arma mejor y organizar mejor a quienes las disparan.

La capacidad de la justicia viene de la sensatez de la inteligencia y de un corazón generoso, no de la espiral violentista del fusil. Esa espiral dice que primero derroto a un enemigo principal, luego a los enemigos secundarios dentro de mi grupo, en seguida a los enemigos terciarios de mi sub-grupo, a los enemigos cuaternarios de mi sub-sub-grupo y así hasta quedar sólo. En verdad, esto no ocurre pues me matan antes. En esta paranoia, todos son enemigos y mi seguridad sólo está asegurada (valga, aquí sí, la redundancia) cuando estoy solo sobre la tierra. Ingenua frase como todas las del realismo extremo, pues solitario soy más vulnerable.

Tú querías hablar de los 1960s. Los largos 1960s son la década más importante del siglo XX, junto con aquella que va entre 1910 y 1920, año más año menos. Las dos son partos de la historia y por esto de irrupción de la juvenilidad. La herencia más importante de los 1960s es haber producido una inmensa cantidad de gente que se niega a envejecer. No me refiero a que no quiere envejecer. Eso es obvio y desde que el mundo es mundo mucha gente busca la fuente de la eterna juventud. Quiero decir algo menos obvio: no se resigna a repetir, no a estancarse, no se resigna a vestirse de ancianos, no a que su corazón se enfríe, no se resigna a alimentar palomas ni a perder la imaginación y la creatividad. Es una hermosísima tragedia y en un doble sentido, pues ello no les libera completamente de envejecer y además quitan el sol a las nuevas plántulas que no pueden retoñar por falta de la luz que estos árboles les quitan.

A.I: Eres un reconocido intelectual por toda América Latina, para muchos más ligado a la disciplina histórica, sin embargo para varios, me incluyo en éstos, haces aportes para la disciplina filosófica, sobre todo en los círculos que valoran el método proveniente de la historia de las ideas. ¿Te sientes cómodo en ese reconocimiento como filósofo? ¿Cuál es tu relación con la disciplina filosófica en Chile? ¿Qué visión tienes de ésta?

E.D: Me sentiría muy agradecido si alguien me reconociera como filósofo. No me han reconocido como tal. Filósofo es una palabra llena de prestigio y consideración y que en el uso cotidiano no alude a una disciplina sino a la sabiduría, a diferencia de todas las otras. Por eso nos llamamos profes de filosofía. En todo caso, me siento más un pensador o profe de pensamiento latinoamericano y de las regiones periféricas, que filósofo o profe de filosofía, propiamente tal.

No quiero escamotear tu pregunta: me siento menos identificado en el gremio de la filosofía. Creo que una muestra de esto es que conozco a la gente mayor y muy poco a la gente joven, cosa que muestra mi alejamiento del gremio.

En un momento, sentí que debía alejarme de la práctica de la filosofía en Chile para poder pensar. No quiero ser dogmático en esto y sé que hay numerosas aproximaciones y que he considerado validas en mi vida unas cosas y luego otras. Sentí la necesidad de distanciarme del gremio pues me parecía que allí no se pensaba a la manera que me parecía válida o importante o pertinente o significativa, y te voy dando varias palabras para expresar los matices o la variedad de los sentimientos.

La Academia de Humanismo Cristiano fue un espacio para instalar semi-disciplinarmente esta preocupación.

En esta línea, se encuentra, por otra parte, la edición de los escritos de Luis Emilio Recabarren y Alberto Gallegos Rojas. Obra filosófica o de pensamiento, no sé bien como llamarla en tu nomenclatura. Expresiones de parte de las ideas emergidas, expresadas en Chile.

Por otra parte, me siento cómodo en lo que se ha llamado los “estudios eidéticos”, para seguirte la frase. Pero, en verdad, no me “siento cómodo”, no me siento apoltronado, sino intranquilo en un espacio disciplinar en construcción y que se busca a sí mismo.

Con Carlos Ossandón comenzamos a delinear un perfil intelectual mientras éramos estudiantes, así nos fuimos distanciando, más/menos, de la filosofía europea, académica, para intentar acercamientos a la condición de nuestros pueblos, o eso nos parecía. En este transitar coincidimos con dos amigos que provenían de los estudios literarios, primero Javier Pinedo y luego Bernardo Subercaseaux y por cierto con gente que ha perseverado más profesionalmente en el gremio de la filosofía como Carlos Ruiz S., Cecilia Sánchez, entre otras personas.

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