El regalo más hermoso en esta Navidad: Apareció Clara Anahi, la nieta 120, secuestrada hace 39 años en Buenos Aires

Información desmentida el día de hoy (25.12.2015, 22:55 horas)

Descartan que Chicha Mariani haya encontrado a su nieta Clara Anahí


 

 

Abuelas de Plaza de Mayo comunicó mediante su perfil de Facebook que encontraron hoy a la nieta N°120. Clara Anahí Mariani fue secuestrada cuando tenía tres meses de vida, el 24 de noviembre de 1976.

En la actualidad, la mujer tiene 39 años y ya se reencontró con su abuela, “Chicha” Mariani, una de las fundadoras de la entidad.“Luego de 39 años de incansable búsqueda se han reencontrado Chicha Mariani con su nieta Clara Anahí, en lo que representa uno de los mayores anhelos de la sociedad argentina en el camino de la restitución de los nietos desaparecidos bajo la dictadura cívico-militar”, indican en el texto.Chicha, fundadora de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, “jamás abandonó la búsqueda de su nieta y de todos los nietos en general, promoviendo en el campo de las ciencias genéticas se resolviera la posibilidad de establecer la identidad de los niños desaparecidos en ausencia de sus padres”, destacan en el comunicado.

“Clara Anahí” de 39 años “ha sido perseverante en encontrar el modo de llegar a su abuela y asegurar mediante los estudios genéticos su vínculo biológico”, manifestaron.

“En pocas horas ese vínculo adoptó las modalidades más afectivas y de alto compromiso amoroso. Compartimos con millones de personas en la Argentina y en todo el mundo, esta inmensa alegría y el reconocimiento a su solidaridad”, concluyeron.

*Fuente: Perfil

Imagen, que circula por las redes sociales, del reencuentro de la Clara Anahi y su abuela:

 

 

Devolverle vida a la ausencia

Hace poco más de un año, al cumplirse un nuevo aniversario de la desaparición de Clara Anahí y el asesinato de sus padres -Daniel Mariani y Diana Teruggi- Marco Teruggi escribió para Notas un homenaje a su tía y su prima.

“A los que están en la casa de 30 número 1136, que salgan con las manos en alto. Están rodeados por efectivos de las fuerzas conjuntas”. La frase suena como un disparo lento. La escuchan los vecinos que están almorzando con sus hijos, los centenares de efectivos que tienen rodeada la casa con autos y tanques, el comandante del primer cuerpo del ejército, Suárez Mason, el titular de la policía provincial, Ramón Camps, su jefe de investigación, Miguel Osvaldo Etchecolatz, los helicópteros que ya se acercan, los pájaros que huyen de los helicópteros, los árboles que se mueven sacudidos de toda su primavera de tilos ese miércoles 24 de noviembre de 1976, a la una y 20 de la tarde.

Y la escuchan Diana –que se llama Didi desde que entró a Montoneros-, los cuatro compañeros que están junto a ella en el comedor terminando de almorzar, y tal vez Clara Anahí, su hija de tres meses, que abre los ojos desde el cochecito. Inmediatamente comienzan a improvisar las barricadas con muebles, se alejan de las ventanas, buscan dónde ubicarse, recuerdan los entrenamientos y se preparan para resistir.

La frase no se repite. Hace calor en esa tarde que debía ser tranquila: Diana iba a llevar a Clara Anahí a ver a su abuela Chicha, y de allí se iría a la facultad donde es ayudante de cátedra. Daniel –a quien conocen como Cacho desde que lleva nombre de guerra- había salido a Buenos Aires media hora antes, luego de despedirse de su hija, de Diana, y de los integrantes de la casa operativa: Roberto, Daniel, Alberto, Juan Carlos.

(…)

No existe la posibilidad de rendirse: es una decisión que ha sido debatida, en la organización, entre ellos. Saben además de los campos de detención, de la Escuela de Mecánica de la Armada, las torturas, los vuelos de la muerte, lo han denunciado en el último número que imprimieron y repartieron con el citroën que ahora está siendo acribillado en el garaje.

Entonces Diana intenta salir por el fondo, llegar hasta la medianera perpendicular al muro de la imprenta. Lleva a Clara Anahí en brazos, envuelta en una frazada, tal vez ya no quedan municiones a esa hora, cuando ya varios compañeros han muerto, y ella sabe que queda poco, nada, y debe intentar lo que parece inalcanzable, ese escape, su hija.

¿Escucha en ese momento la orden de Etchecolatz a sus espaldas, “tirale negro que no se nos escape, dale rajala al medio”?, la escucha y corre más rápido, y abraza más fuerte la frazada, la vida dentro de la frazada.

El último estruendo que se escucha es el impacto del disparo de basuka contra el frente de la casa. El proyectil atraviesa tres paredes, convierte el aire en polvo y piedras, hace más fuego el fuego. Luego se escuchan las órdenes, el ruido de las botas sobre los escombros, el entrar y salir de la casa de los jefes del operativo, los colimbas apostados en la entrada, algunos autos arrancando. ¿Cuántos ven en esos movimientos a un hombre sacar viva a Clara Anahí de la casa, mientras cerca del limonero del patio ha quedado Diana que será enterrada junto a los demás compañeros como NN?

En aquellos días Marco se preguntaba:

¿O es que alguien piensa que tanta búsqueda, tanta calle, tanto tribunal será en vano? Su aparición será arrancar la luz de la sombra, como una voz del pasado que volverá a mirarnos de frente –así nos veremos a nosotros mismos-, devolviéndole vida a la ausencia.

Y así fue.

*Fuente: Notas

Artículo publicado en Derechos Humanos y etiquetado , , , . Puedes guardar el enlace permanente para futuras consultas.

Política de comentarios

  • Por favor, sé breve.
  • Los comentarios no relacionados con el tema del artículo no serán publicados.
  • Si deseas publicar tus textos, por favor envíalos a nuestro correo redaccion@piensachile.com y nos pondremos con contacto contigo.