Presidenciales en Argentina: sorpresa y ballottage

Buenos Aires (28.10.15)
Habrá ballottage en Argentina. Así lo decidió la ciudadanía que volverá a las urnas el 22 de noviembre, cuando se realice la segunda vuelta. El oficialista Scioli quedó por debajo de los 37 puntos y el opositor Macri superó el 34%. El resultado contradijo todos los pronósticos e incluso se asemeja a un terremoto político que tiene como epicentro la populosa provincia de Buenos Aires donde se impuso la alianza Cambiemos.

El resultado de las presidenciales fue sorpresivo. Hasta las elecciones todas las encuestas y especulaciones giraban en torno a si Mauricio Macri podría forzar un ballottage quedando a menos de 10 puntos del mejor posicionado Daniel Scioli. Con la escasa diferencia de algo mas de 2 puntos, el escenario mudó inesperadamente construyendo una virtual paridad. Macri no solo logró consolidar el 30% de las Primarias, sino que además capturó otros 4 puntos. En contraste, Scioli redujo un punto y medio del porcentual que había obtenido en las Paso. La primera foto luego del resultado electoral parece dejar a Macri –aún siendo el segundo- bastante más fortalecido de cara a la segunda vuelta que se realiza el 22 de noviembre.

En paralelo a las presidenciales, se eligieron 11 gobernadores que completan el mapa federal. Si bien 6 fueron a manos del Frente para la Victoria y quedarán bajo su órbita 17 de los 24 distritos, el triunfo del Frente Cambiemos en la provincia de Buenos Aires marca un hito en la historia. En la más populosa provincia del país se impuso María E. Vidal, quien hasta ahora se desempeña como vicejefa del gobierno de Mauricio Macri en la Ciudad. Esa elección provincial es el epicentro del terremoto que tiñó el mapa político de amarillo, color con el cual se identifica el Pro de Mauricio Macri, nave insignia del Frente Cambiemos. La sorpresa en Buenos Aires, termina con 27 años de gestión peronista (de todos los estilo) y se consolida al Frente Cambiemos en un bastión de donde provienen dos de cada tres argentinos. Más aún la electa gobernadora fue quien finalmente traccionó la boleta de Mauricio Macri a nivel nacional. La victoria en Buenos Aires y el 53% de votos que el Frente Cambiemos obtuvo en la provincia de Córdoba, completa un predominio significativo de Cambiemos en la denominada “zona núcleo” de la producción agropecuaria.

El llamado a las urnas definió la composición del parlamento que iniciará funciones el próximo 10 de diciembre, sea quien fuere quien gane el ballotage. La renovación de parlamentarios se realiza en forma escalonada y por mitades. Por tal razón, las fuerzas políticas ponían en juego lo logrado en 2011, cuando el oficialista Frente para la Victoria había obtenido el 54% de los votos. La merma para el FPV y aliados es relevante. Perdió 25 diputados y quedó con 117 bancas, más lejos del quórum y ya no será una fuerza mayoritaria. Detrás quedó el interbloque de Cambiemos con algo más de 90 diputados, sumando 28 nuevos escaños. La tercera fuerza en disputa a nivel nacional comandada por Sergio Massa se consolidó como tercera fuerza parlamentaria que -con 36 diputados- podrá inclinar la balanza en la Cámara Baja. En resumen, allí será necesaria la negociación política para iniciar debate y votar. En el Senado la situación es diferente. Como la renovación es por tercios y quien se impone se lleva dos de los tres asientos correspondientes a cada provincia, el Frente para la Victoria aumentó su participación en dos Senadores consolidando la mayoría que ya tenía junto a aliados.

El kirchnerismo se encuentra abroquelado y redefiniendo los lineamientos de cara a la segunda vuelta. Si bien un par de encuestas habían ubicado a Scioli en 36% de las preferencias, en promedio de ellas lo dejaba en los números de la Paso y la mayoría lo colocaba incluso por encima del 40%. El resultado de las presidenciales fue una ducha fría para el candidato del oficialismo. La decisión del kirchnerismo puro de ubicar como aspirante a la gobernación bonaerense a Aníbal Fernández -supuestamente para condicionar a un Scioli presidente- terminó por inclinar a la ciudadanía a favor del Frente Cambiemos, que pasó del 29% obtenido en las Paso, al 39% que consagró a Vidal. Si bien no se perciben fisuras, hacia adentro del kirchnerismo debe haber consideraciones cruzadas en torno a las decisiones tomadas. La incógnita que queda de aquí a la segunda vuelta es si Scioli se diferenciará -y cuánto- de la Casa Rosada. En definitiva, la virtual paridad obliga al candidato a capturar parte del electorado que quedó huérfano luego de la primera vuelta. Esto es, principalmente el 20% que votó a la alianza UNA comandada por Sergio Massa.

El diputado Massa terminó su carrera presidencial, está fuera del ballotage. Sin embargo quedó consolidado. No solo porque resistió a la polarización y el voto útil, sino porque su fuerza parlamentaria cuenta con el número suficiente en Diputados para terciar entre los dos grandes conglomerados políticos. Intenta también incidir en el escenario de la segunda vuelta. La decisión de apoyar -o no- a algunos de los contendientes dependerá de cuánto tomen ellos de las propuestas que presentará Massa. El ex candidato parece más cercano a inclinarse por Mauricio Macri. Claro que la decisión de Massa no implica necesariamente que sus votantes hagan lo que Massa diga. En concreto, en el massismo  confluyen sectores antikirchneristas (que de seguro votarán a Macri) y sectores peronistas uqe probablemente prefieran a Scioli. Quizá el mejor escenario para Massa sea una victoria de Macri y consolidarse él hacia adentro del peronismo luego de la derrota kirchnerista.

Resumiendo. El inesperado resultado de las presidenciales constituyó un nuevo escenario. Los pronósticos anticipaban una holgada ventaja de Daniel Scioli que -incluso- lo podría dejar en La Rosada sin la escala de una segunda vuelta. Por el contrario, la realidad de las urnas acuñó una diferencia menor a los tres puntos con el dato significativo de una merma de Scioli en el porcentual que había logrado en las Paso. Si bien el candidato oficialista no bajó en términos cuantitativos, la mayor participación ciudadana lo dejó por debajo del 38% que había logrado inicialmente. La lectura de los números consolidan a Macri ascendiendo y a Scioli intentando recuperarse. En términos simbólicos, el resultado marca que el kirchnerismo no es imbatible. Macri pasó de rogar votos para quedar a menos de 10 puntos, a levantar la bandera del final de época. Scioli deberá gestionar su relación con Cristina Kirchner. En principio, deberá despegarse parcialmente del gobierno para ampliar su coto de caza hacia los votantes independientes. Por otro lado, deberá abrazarse al ideario más estrictamente peronista relativizando el peso de las concepciones k, con el objeto de seducir a aquellos que votaron por Massa en la primera vuelta. Las estrategias ya comienzan a desplegarse. Se verán en el ya anunciado debate que se llevará a cabo el día 15 de noviembre. Se trata de una elección de final abierto donde Scioli probablemente se apoye en su experiencia de gobierno y en la necesidad de construir sobre lo ya hecho. Macri de seguro seguirá con la estrategia que ya le dio buen resultado: construir empatía con la gente común, asegurar que no modificará lo que (ahora) considera valioso del kirchnerismo y -obviamente- polarizar atrayendo a aquellos que están dispuestos a probar cualquier cambio para que finalice la era k.

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