El “NO” griego del 5 de julio

El atronador “No” dicho a las propuestas de los acreedores por el 61,31% de los votantes en el referendo del 5 de julio –el primero en Grecia después de 41 años– dibuja con claridad un país escindido en dos bandos: el de los partidarios del memorándum y el de los anti-memorándum.

Los criterios básicos para situarse a uno u otro lado de la línea divisoria son la edad y la posición social, dos parámetros estrechamente vinculados, pues el paro y la pobreza se hacen sentir con especial virulencia entre los jóvenes.

En la franja de edad que va de los 18 a los 24 años, el “No” alcanzó el 80% de las preferencias, mientras que el “Sí” superó al “No” únicamente entre los mayores de 65 años.

La división parece todavía más nítida si se hace una lectura de la geografía electoral: el “No” ganó en todas las provincias del país, pero arrasó especialmente en los municipios habitados por clases populares de bajos ingresos, como las periferias de Atenas y Tesalónica. Por el contrario, los barrios de clase media alta –o alta, sin más– de esas mismas ciudades se inclinaron por el “Sí”.

También votaron afirmativamente unos pocos municipios rurales –por ejemplo en la provincia de Seres, en tiempos, feudo particular de Constantino Karamanlís, el fundador de Nea Dimokratía (el partido equivalente al PP español) y tío de Kostas Karamanlís, primer ministro entre 2004 y 2009, desaparecido de la escena política durante los últimos seis años y reaparecido recientemente para hacer campaña por el “Sí”.

En cuanto a la Grecia insular, allí el “No” se impuso de largo, incluso en bastiones tradicionales de Nea Dimokratía, como Quíos, algo que se comprende con naturalidad si se toma en cuenta la oposición de los isleños a un posible incremento de los impuestos que se aplican a las actividades turísticas.

Las dificultades del bando del “Sí” para encontrar una figura política de referencia, han quedado evidenciadas por la dimisión del presidente de Nea Dimokratía, Andonis Samarás, quien se hizo con las riendas del partido a finales de 2009 y ocupó el cargo de primer ministro desde junio de 2012, cuando ganó las elecciones, hasta el 25 de enero de 2015. De forma provisional, la vacante ha sido cubierta por Evánguelos Meimarakis, un peso pesado del partido y ex presidente del parlamento, pero la batalla por la sucesión está aún por librarse y los posibles aspirantes se hallan en fase de negociación con las diversas facciones internas.

Los sectores políticos que se decantaron por el “Sí” tienen que hacer frente, además, a un déficit de credibilidad, pues muchos de sus integrantes están vinculados a sonados casos de corrupción, como los suministros del estado, el escándalo de las comisiones pagadas por la empresa alemana Siemens o las llamadas “relaciones trilaterales” entre bancos, medios de comunicación y grandes empresas, denominadas también “el entramado”.

Por su parte, el gobierno de Syriza se enfrenta a la posible falta de liquidez de los bancos y todo parece indicar que el control de capitales continuará realizándose durante mucho tiempo todavía. El miedo que provocó el cierre de los bancos, tras el anuncio de referendo, fue amplificado por la rumorología, pero también por las declaraciones a veces contradictorias de los miembros del gobierno, como las referidas a la posibilidad o no de acceder a las cajas de seguridad bancarias, un tema que seguía creando controversias el mismo día de la votación. Tales desacuerdos suelen atribuirse al nerviosismo imperante, pero también pueden ser indicios de que el gobierno carece de un plan definido ante un probable endurecimiento de la postura de los acreedores. La apuesta del gobierno, que constituyó la base de la propuesta oficial griega presentada el 22 de junio, es que las cargas se redistribuyan, de manera que no afecten sólo a los asalariados y a los jubilados sino que las clases económicamente acomodadas asuman también la parte que les corresponde.

La dimisión del, muy popular en Grecia, ministro de economía, Yanis Varufakis, se interpreta como un sacrificio hecho en el tablero de ajedrez de las negociaciones, con vistas a que el gobierno pueda llegar a un acuerdo con sus prestamistas “difícil pero justo”, como dijo el primer ministro Alexis Tsipras la misma noche del domingo.

El marco de las negociaciones ha sido redefinido en la reunión mantenida este lunes por los seis partidos con representación parlamentaria (no participó en el encuentro Amanecer Dorado, el partido filonazi de extrema derecha) con el presidente de la república, Prokopis Pavlópulos.

Según el comunicado conjunto hecho público, tras seis horas de deliberaciones, “objetivo común es la búsqueda de una solución que asegure: la cobertura de las necesidades de financiación del país; reformas que tengan como guía una justa distribución de las cargas y la promoción del desarrollo; elaboración de un programa de desarrollo económico fuerte y de aplicación inmediata que tenga como prioridad combatir el paro y alentar el espíritu emprendedor; el compromiso de abrir un debate sobre la viabilidad de la deuda pública griega”.

El nuevo ministro de economía, Euclides Tsakalotos, de 55 años, prometió su cargo el lunes por la tarde. Realizó sus estudios en la universidad de Oxford, ejerció la docencia en la universidad de Kent, es profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la universidad de Atenas y se le considera seguidor de la escuela keynesianista. Su último libro, editado en griego, lleva por título: Sin vuelta atrás: crisis capitalistas, necesidades sociales, socialismo.

El autor, Kostis Kekeliadis, es periodista griego

 

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