La Asamblea Constituyente y los oportunistas de siempre

La democracia abstracta es el instrumento del que se sirve la élite para explotarnos. Es lógico que sea así porque a través del Estado y de su régimen resguardan sus privilegios. Por lo tanto, sobre la convocatoria a una Asamblea Constituyente debemos explicar con claridad los matices y pasos que se plantean para que en verdad construyamos el país que nos merecemos, entre ellos: ¿Por qué un plebiscito y quién debe convocarlo? ¿Qué se consultaría, cuáles serían los mecanismos para la Asamblea, cómo se crea y quién la forma? Por último, ¿cómo se aprueba otra Constitución y qué participación tendremos en ella los trabajadores?

No hay que pecar de ingenuos: la historia señala con gran nitidez que la mano de las fuerzas armadas siempre estuvo en todas las constituciones. Ni hablar de la ilegitima del ’80. Ese sector hoy sigue silencioso pero hay que considerarlo. Del mismo modo no es extraño que actores como Lagos o la oportunista «bancada transversal de parlamentarios por la Asamblea Constituyente» pretendan adueñarse de nuestras reivindicaciones a través de maniobras varias. Es lo que otra vez no podemos permitir porque con los «acuerdos» en la medida de lo posible se nos condenó al neoliberalismo. Además, cuando el trabajador crea poder popular, cuando así nos incorporamos a la actividad política al tomar conciencia de que nos impusieron una «democracia» de baja intensidad, a la medida del libertinaje del mercado, cuando a pesar de ello empezamos la reconstrucción de un Chile nuevo y cuando en el ardor del combate empiezan a esbozarse los principios de un gobierno del pueblo, la patronal clama contra la «arbitrariedad» que significa «someterse» a las decisiones mayoritarias. Se preguntan: ¿cómo pueden esos rotos gobernar? Yo invertiría la interrogante: ¿cómo aún soportamos esta situación?

Mi actitud optimista respecto de los grandes cambios que se vienen se debe a que la realidad nos muestra que esta «democracia» se resquebraja mientras los asalariados intentamos organizarnos a través del movimiento social para impulsar nuestras consignas. Algunos compañeros me interpelan preguntándome porque entonces no convocamos a una gran marcha y acabamos con esta farsa. No es fácil porque en Chile al intentar sindicalizarnos o al apoyar una manifestación podemos perder el empleo, incluso la vida: la represión y las amenazas de despido son una herramienta más de la patronal para mantenernos quietos. Pero, cuando vemos que detrás del llamado al paro existe un movimiento que nos defiende y que tiene un proyecto de país clasista y combativo indudablemente la mayoría estará dispuesta a jugarse por sus derechos.

Es correcto que desde el movimiento social incluyamos la autoconvocatoria a la Asamblea Constituyente porque ésta es la manera para eventualmente crear un tipo más elevado de régimen que no solo reivindica la voluntad popular sino que además nos incentiva a organizarnos. La consigna de la Asamblea Constituyente Autoconvocada es fundamental porque se hace en condiciones que posibilitan que las elecciones sean expresión de soberanía. Es decir, debemos apuntar al rechazo general que existe contra las prácticas espurias y corruptas de la casta política- empresarial; de ahí que la exigencia de un plebiscito y de una Asamblea Constituyente debe ser autoconvocada: se deberá politizar en su sentido estricto y no partidario, para que se convierta en el eje movilizador. La meta es transformar la sociedad en términos democráticos. Por eso la derecha duopólica no es opción.

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