Un gigantesco terremoto estremece el corazón de la democracia chilena

Un gigantesco terremoto estremece el corazón de la democracia chilena, cuya principal réplica muestra el escándalo y la corrupción desatada por la acción de los principales núcleos mafiosos que controlan el capital financiero y cuyos tentáculos están presentes en los principales centros de poder.

El llamado caso Penta – caracterizado correctamente como la máquina para defraudar al fisco- compromete fundamentalmente a la UDI, pero también afecta seriamente el porvenir del conjunto de las demás fuerzas políticas.

Hasta hora los tentáculos de la mafia comprometen al ministro DC Alberto Undurraga junto al diputado Roberto León y al destacado dirigente DC y ex embajador Marcelo Rozas. Paralelamente otros antecedentes señalan como implicados al senador PS Fulvio Rossi y al ex ministro de Pinochet y ex parlamentario de RN Alberto Cardemil. En este cuadro, los escándalos le dan un tiro de gracia al díscolo Andrés Velasco.

La dimensión de este escándalo de evasión tributaria y corrupción, se agrandó por el numerito del hijo de la presidenta, Sebastián Dávalos por el préstamo de $ 6.500 millones que obtuvo su esposa Natalia Compagnon y por otras gracias que se están conociendo en estos días.

Este proceso pone al desnudo los métodos con los cuales el capital financiero o mejor dicho, la mafia, está operando para controlar el poder y asegurar sus negocios bloqueando toda posibilidad de profundizar la democratización, llama la atención la pasividad e inmovilización de los partidos democráticos y de las principales organizaciones sindicales para desmontar el andamiaje de la corrupción.

La principal orientación de los partidos de izquierda no puede ser que aquí hay que dejar que las instituciones operen sin presiones. Por el contrario, es el momento de convocar a una potente movilización para limpiar a las fuerzas populares de la corrupción y de la quinta columna que trabaja para el capital financiero.

No puede ser que los máximos dirigentes no digan nada sobre el compromiso que tienen importantes dirigentes y parlamentarios con los intereses de las empresas mafiosas, como es el caso de la que controla el yerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou.

El pueblo y en particular los obreros del campo y la ciudad, masivamente volverán a confiar en los partidos democráticos, si ven con claridad una fuerte acción de masas y una Nueva Mayoría con las manos limpias, decantada y limpiada de los que tienen vinculación con los mafiosos.

En el pasado reciente, siempre se nos habló que el fascismo estaba esperando el llamado de la selva para volver a reprimirnos, y por eso nada dijimos con las primeras salidas de madre de los oportunistas y aceptamos un conjunto de prácticas sectarias que permitieron a la quinta columna tomar el control de nuestros partidos o asumir cargos públicos.

Pero ahora llegó el momento de movernos con fuerza para limpiar las orgánicas desde las bases y fortalecer la unidad democrática con la perspectiva de luchar por agrupar las fuerzas necesarias para avanzar hacia el socialismo.

Debemos tener presente en no repetir errores del pasado, las críticas no pueden quedar en el papel en un destacado lugar de buenas intenciones de las directivas nacionales, la política hay que llevarla a la práctica organizando y movilizando a los partidos para estar al frente de la movilización general contra la corrupción.

La lucha política por la democracia y las reformas, nos exigen combatir sin ambigüedades a la corrupción junto con reorganizar y fortalecer los partidos y las organizaciones sindicales para materializar el programa de Nueva Mayoría con la fuerza y la orientación que responde a los intereses materiales de las grandes mayorías nacionales.

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