La especulación de las finanzas

En los países centrales la élite cada vez tiene menos argumentos para jactarse de su estrecho modelo socialdemócrata que alguna vez pretendió ser un sistema que estuviera por encima de la lucha de clases. Esa cuestión no es menor porque al desmantelar aquel reformismo imponen el neoliberalismo, régimen que es bastante más injusto: las medidas neoliberales involucran la disolución de las conquistas y derechos de los trabajadores. Además, implica que el sector financiero se hace responsable de lo político creyéndose objetivo y más allá de todo interés particular.

Ahí entra en el juego del control social sobre el pueblo los medios de comunicación masivos. Estos medios, que están fuertemente vinculados con la especulación, entonces actúan sin considerar ningún límite para cumplir con la función que les corresponde en la defensa de un grupo socialmente minoritario pero poderoso, que de hecho puede producir crisis cuyas víctimas somos nosotros que, aislados y sin rumbo, no tenemos ningún poder real para batallar contra el patrón. Es grave porque pueden acabar con un país mientras los medios orientan e imponen su propia realidad.

Es importante saberlo porque el neoliberalismo es la respuesta a esa preocupación de los dominantes por la caída de la tasa media de la ganancia del capital producida por las medidas políticas y sociales del mal llamado “Estado de Bienestar”. Después del ’68, lo que parecía un armónico consenso entre el capital y los asalariados se convirtió en un avispero revolucionario en el que varias formas políticas y culturales ponen en cuestión el reparto de la riqueza. La respuesta fue que en los ’70 y ’80 la patronal tomó directamente las riendas del gobierno. Ahora la élite ante la necesidad de liquidar la insurrección plantea el ajuste.

La forma con la que el neoliberalismo se moviliza para recomponer la tasa media de la ganancia- sustento material de los beneficios del capital- tiene un fuerte contenido político que busca la disciplina del pueblo para que aceptemos la caída del salario, etc. Sin embargo, también involucra recetas contraproducentes para el desarrollo del capitalismo. Por eso lo irracional del régimen que ataca nuestra calidad de vida y recorta beneficios que conllevan una escasez crónica de la demanda que impide el crecimiento económico.

El neoliberalismo así entendido, o sea, como un régimen reaccionario, a pesar de ello dice buscar alguna vía de escape para acabar con su nihilismo social, político y económico pero en la práctica no le importa resolverlo. No lo hace porque la patronal se lleva muy bien con la razón de éste. No tiene problema alguno con esta realidad porque acumulan cada vez más riqueza, porque con el neoliberalismo los activos financieros, la bolsa, el crédito y los mercados inmobiliarios serán la carta material del régimen para conseguir que a pesar de la miseria no cuestionemos el sistema.

La fórmula es simple: por un lado, la caída del salario real conlleva marginación de amplios sectores sociales de los “beneficios” del consumo y, por otra parte, aquella variante funciona de modo tal que los recursos que el capital expropia de esa manera al trabajador, son devueltos en la forma del crédito que alimenta el consumo, que sostiene el empleo precario y que luego vuelve al circuito especulativo acrecentado en favor de la patronal. Es la forma en que se expresa la financiarización del capital.

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