La memoria viva del Cerro Chiguaihue

“Si el Cerro Chiguaihue hablara” es el título de la obra que ganó, el lunes 24 de noviembre, el premio Escrituras de la Memoria Inédita que entrega el Consejo del Libro y la Lectura.

En conversación con Radio Universidad de Chile, el historiador Martín Correa, autor de la obra, se refirió al documento de memoria viva que cuenta la historia de este cerro, rodeado de comunidades mapuche y tierras en proceso de reivindicación, ubicado en provincia de Malleco, comuna de Ercilla: la estigmatizada “zona roja del conflicto”.

Martín, cuando este año falleció el comunero mapuche Rodrigo Melinao comenzó a circular por las redes sociales tu columna “El Cerro Chiguaihue se cubre de sangre mapuche, una vez más”, en una primera aproximación pública de este trabajo. Cuéntanos cómo surge el libro y los primeros antecedentes de este cerro que, según entendemos, era un fuerte… Partamos desde el principio.

El libro está hecho en conjunto a las comunidades del Cerro Chiguaihue, de la estigmatizada “zona roja del conflicto mapuche”. Habla de cómo ha sido una zona permanentemente violentada, donde la muerte ha estado siempre presente, desde la ocupación militar de La Araucanía hasta nuestros días; desde cuando el ejército chileno ocupó al sur del Río Malleco, y se da la verdadera “Guerra de Arauco”, que la historiografía enseña como “la Pacificación de La Araucanía”.

El mismo Premio Nacional de Historia, Sergio Villalobos, presentó hace poco un libro sobre las memorias de esta ocupación militar, “La Pacificación” según dice él, donde hace referencia a que el Ejército cumplió un papel “civilizador” en la zona. Allí publica las memorias del Ministerio de Guerra, y se salta desde 1862 hasta 1883. Pero desde 1868 hasta 1871 es precisamente cuando el ejército ocupa Malleco y se forma el “Fuerte Chiguaigue”, que era el núcleo de la ocupación militar desde ese sector hacia el sur desde el Biobío.

A medida que los soldados van avanzando se van formando líneas de fuertes en los ríos. En el Río Malleco se forma un frente de fuertes: El Huequén, Cancura, Lolenco, Perasco, Curaco y el Chiguaihue, entre ellos. Este último era el centro del movimiento militar de la época, con un ejército altamente armado, un ejército de 800 militares según las memorias del Ministerio de Guerra, dirigidos por Pedro Lagos, que fue quien se tomó el Morro de Arica y entró a Lima victorioso. Estamos hablando de los mejores cuerpos del ejército de la época. Las mismas memorias del Ministerio dan luz de la tragedia que significó la guerra.

Según contabas, dentro de la historia “no oficial” sabemos que en esa zona se vivió un alto grado de violencia.

En ese lugar se llevaron a cabo grandes batallas, donde hubo muchos mapuche muertos, donde se quemaron cementerios, se quemaron rucas y luego se redujo a las familias mapuche a unos espacios mínimos, por algo se llaman “reducciones”, que son los Títulos de Merced, y se da forma al gran “Fundo Chiguaihue”, de propiedad en ese entonces de Juan Mackay, como premio por haber entregado las tierras en Lebu para que se formara el “Fuerte Lebu”.

Posteriormente, en el proceso de la Reforma Agraria, es el primer fundo tomado por comunidades en el año 1962 y es donde después, en 1967, muere el primer mapuche; Carlos Collío, asesinado por Ignacio Silva Correa, entonces dueño del Fundo Chiguaihue. Allí se forma el Asentamiento Miguel Callupán y el Centro de Producción Manuel Pillán, nombre del antiguo lonko de la zona, quien no fue reconocido con títulos. Allí es también donde llega la Forestal Mininco, y llena de eucaliptus y de pinos, lo que era el antiguo Fundo Chiguaihue.

El gran Fundo Chiguaihue fue dividido en varios fundos pequeños, muchos de los cuales ya han sido recuperados por las comunidades mapuche, mientras que los otros están siendo demandados actualmente, en el entendido de que forman parte del antiguo lof (territorio), que no fue respetado en la radicación, cuando los mapuche fueron dejados en espacios de cerca de 600 o 700 hectáreas para 300 familias, y por otro lado, se formó el fundo de dos mil 500 hectáreas para una sola familia.

Esa situación de violencia de la que hablabas se ha extendido hasta nuestros días ¿no?, ¿Qué más ha ocurrido en los terrenos colindantes al Cerro Chiguaihue?

Esa zona es además donde empieza, a partir del 1997-1998 el primer movimiento reivindicativo de tierras y donde son asesinados Álex Lemún, Jaime Mendoza Collío, Rodrigo Melinao y, hace semanas, Víctor Mendoza Collío, todos crímenes que hasta el día de hoy están en la más absoluta impunidad.

Por otro lado es la zona donde se les ha estigmatizado como mapuches violentos. En algún momento fueron los mapuches flojos, borrachos, bárbaros que había que civilizar, hoy son mapuches terroristas y violentos. Todo esto es relatado simbólicamente por el Cerro, que ha sido el elemento que ha estado presente en todos los tiempos. Han cambiado las familias, si bien son herederos y descendientes directos de los primeros habitantes.

Si el testigo histórico, que es Cerro Chiguaihue, hablara sobre lo que ha visto y lo que hoy está ocurriendo ¿Cómo dirías tú que podríamos calificar su relato?

El Cerro contaría todo lo que narramos en este libro junto con las mismas comunidades. Es una historia de muerte, de represión, de hostigamiento policial, con el retén de Pidima donde hay una cantidad importante de zorrillos, de miembros del GOPE que salen todas las noches a recorrer la zona. Se viven allanamientos permanentes, a las cuatro de la mañana, dirigidos hasta hace muy poco con el ex fiscal antimapuche Luis Chamorro, que hoy ejerce su labor como abogado defensor de los camioneros que se tomaron recién la carretera ante “la violencia en La Araucanía”, los mismos que están en un conflicto abierto con las comunidades mapuche. Vemos entonces que los dirigentes mapuche no estaban lejos de la verdad.

En este contexto doloroso también hay una historia humana, de lucha y dignidad que rescatar.

Sí, es una historia de mucha dignidad de varias familias que viven en el sector: la comunidad Wente Winkull Mapu, Rankilko, Rayén Mapu, entre otras, que son las que han ido reconstruyendo el antiguo lof.

Uno podría contar la terrible historia de la que ha sido testigo el Cerro Chiguaihue pero también es narrar la hermosa historia que habla de la recuperación de los espacios territoriales, de los antiguos cementerios, los palihues, los lugares ceremoniales, los espacios de reproducción económica, material y cultural.

Hoy en la zona se ha logrado, en gran parte, reconstituir el antiguo espacio y esta historia, más que dolerse de la historia, que si bien es muy dolorosa da fuerza para seguir luchando. Es decir, quienes cayeron allí lo hicieron por las mismas luchas de quienes están tratando de recuperar los espacios territoriales, ni siquiera la tierra, estamos hablando del territorio y el control del mismo.

Cuando la historia sigue en desarrollo ¿cuál dirías que es la vigencia e importancia de esta obra hoy?

La vigencia está dada por los hechos mismos. No es un libro de memoria como recordatorio de algo que pasó en el pasado, es una memoria vigente, una memoria viva, que se vincula con el pasado y se transforma en herramienta política cuando se tiene la percepción de que las cosas poco han cambiado.

O sea, fue el lugar donde se ejerció más violencia en la Pacificación de La Araucanía, durante el proceso de Reforma Agraria, fue donde los dueños de fundos se presentaron armados y reprimieron fuertemente a las comunidades que estaban ocupando los predios en lo que son antecedentes próximos a la formación de Patria y Libertad, y que hoy día está fuertemente militarizado y se encuentra allí este famoso retén de Pidima, que es una versión moderna del Fuerte Chiguaihue.

Si uno le pregunta a cualquier persona que vive en el sector, no va a encontrar mayores diferencias con lo que pasó hace 100 años, porque ese tiempo, para la memoria mapuche es ayer, son tres generaciones de abuelos, no es nada en la historia de un pueblo.

Finalmente, si sigue el escenario de conflictividad, ¿por qué crees que en este contexto hay un reconocimiento a esta obra?

Yo creo que porque es un libro que leyó un jurado. Si lo hubieran leído las autoridades no sé si lo estarían premiando. Las cinco personas que lo leyeron decidieron que la memoria que se está rescatando allí habla desde los que hacen la historia, las propias comunidades. Es un trabajo que fue realizado a petición de ellas mismas, para documentar la justicia de sus demandas, para hacer camino para seguir luchando. O sea no es un libro que yo haya escrito desde mí, por mí y para mí.

“Si el Cerro Chiguaihue hablara” ganador de la categoría Memoria Inédita será publicado, a más tardar en marzo por Ceibo Ediciones.

Para ver otros ganadores de este premio puede seguir el siguiente link.

Discurso de Martín Correa en la entrega del premio

11/12/2014

Por Paula Correa / Radio U. de Chile

*Fuente: Observatorio

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