El otoño de nuestra indignación

25 de octubre de 2014

Breviario de lo que nos viene sucediendo

Ahí sigue la pinta en la base de una de las fuentes de Paseo de la Reforma: “Pienso, luego me desaparecen”. Fue escrita con una perfecta letra plateada el 8 de octubre de 2014 y, dos semanas después, sigue ahí. Hoy –miércoles 22– asistimos a la marcha de las indignaciones –“Protesta Global Todos Somos Ayotzinapa”–, a la que rasca el aire para asir un futuro de agitaciones nacionales e internacionales cuyo desenlace es esperanzado: “Que se vayan todos”. Un sitio ideal sin políticos, sin mediadores corruptos; sólo la gente representada por sí misma. Y aquí, vaya que hay mucha gente, marchando en silencio, indignada, llorosa, iracunda. Llenan el Zócalo de la capital de México, como no se había visto en anteriores movilizaciones: Guardería ABC, Reforma Energética, Cadena Humana contra la Ley de Telecomunicaciones, los maestros contra la Educativa. Algo ha cambiado. Pero ¿qué es? Es el ánimo.

La frase cartesiana –“Pienso, luego…”– ha venido construyéndose en estos días en los que la educación y la cultura parecen ser el último reducto de lo tocado por las “reformas estructurales” o, como dice un cartel, de la “Reforma del Establo”. Son, por supuesto, los universitarios, los estudiantes del Politécnico que no habían salido a las calles en masa prácticamente desde aquel julio de 1968. Pero lo son, también, los maestros y alumnos de las normales rurales como Ayotzinapa. Una vez más se ven los rostros la ciudad universitaria y el patio rural. El signo está frente al Palacio Nacional: los mesabancos de madera cruda, vacíos, donde ya sólo se sientan las fotocopias de los rostros de los ausentes.

La historia se cuenta en desbandada: a un movimiento de las escuelas del Politécnico contra una reforma aparentemente administrativa que significa su fin como fuente de educación científica y tecnológica, se le une una desesperación por los desaparecidos –43– de una normal legendaria, en Ayotzinapa, Guerrero. Normales rurales formadas por el cardenismo para abastecer de letras a las comunidades agrarias e indígenas. Un Politécnico, también formado por el cardenismo para abastecer de científicos a la industria nacional. Los dos en riesgo de desaparición. Se asume que el delito es pensar.

(Fragmento del texto que se publica en la revista Proceso 1982, ya en circulación)

*Fuente: Proceso

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