¿A quién favorecen los bombazos?

General SchneiderLa historia de Chile está plagada de actos que hoy llamamos terroristas con toda facilidad: entre ellos, los atentados a personajes públicos que terminaron con la vida del general Schneider en 1970; o del ex ministro Pérez Zujovic en 1971. El primero, realizado por una coalición de militantes de la extrema derecha y, el segundo, llevado a cabo por la extrema izquierda. Ambos buscaban cambiar el rumbo de la política en función de sus propios intereses. Los unos para evitar que Allende asumiese la presidencia; los segundos, para desencadenar una guerra armada en el país que –pensaban- les sería propicia. Los unos como los otros, no lograron sus objetivos.

Sería largo y reiterativo relatar los múltiples atentados y asesinatos realizados por la dictadura. Algunos de ellos apoyados por operaciones de inteligencia para culpar a terceros de su acción. El caso más notorio -por su despliegue como por la saña comprometida- fue publicar en diarios externos desconocidos y en La Segunda (propiedad de Agustín Edwards en Chile) acerca de enfrentamientos entre opositores para “explicar” el asesinato de cientos de militantes en las cárceles clandestinas de la Dirección de Inteligencia de la dictadura. Curiosamente, como se aprecia en la gráfica, el mismo diario colocó un titular muy interesado el día siguiente de que estalló la bomba en el metro.

El retorno del miedo

Las acciones encubiertas que pretenden culpar al enemigo de algo que éste no ha realizado son comunes en todos los países. Recientemente, por ejemplo, apareció que los jóvenes israelitas muertos que desencadenaron las represalias armadas contra Gaza nunca fueron ultimados por palestinos. Ejemplos de este tipo hay miles. Se supo que el comando de la derecha que asesinó al general Schneider pretendía solo raptarlo y aparecer luego, como un comando de izquierda para despertar la ira y promover una reacción golpista de los militares. El excesivo nerviosismo e impericia de los conjurados hizo salir un balazo de más, con los resultados que se conocen.

Si tuviese que examinarse el bombazo de este 8 de septiembre hay dos elementos básicos. No se trataba de una bomba de gran poder destructivo, es decir se buscaba efectos mediáticos más que un objetivo físicamente identificable y, segundo, nadie reivindica hasta ahora el acto con lo cual ni siquiera los autores encuentran una relación directa entre el acto mismo y sus objetivos últimos.

Es obvio que en lo inmediato se intenta desestabilizar el sistema y por tanto al gobierno. Pero los unos, pueden hacerlo para llamar la atención de que la lucha por las reivindicaciones históricas de los pueblos son tomadas con demasiada lentitud. En cambio, los otros podrían hacerlo por considerar que las cosas están yendo demasiado lejos y que es el momento de retomar el miedo que permitió el sangriento golpe de estado. Es decir, tanto para los unos como para los otros, es inconfesable el método pero tampoco es muy popular el objetivo. Por ello, en estos casos en lugar de encontrar responsables del acto se intenta responsabilizar de él al adversario o enemigo.

En la historia reciente, es decir, la de los últimos digamos 10 a 15 años, hay grupos por pequeños que sean, cuyos discursos son muy compatibles con ambas alternativas. Recién este 11 de septiembre aparece una inserción de una página completa de El Mercurio –que no es barata, al menos para un ciudadano cualquiera- justificando y reivindicando el golpe de Estado. En las tres o cuatro decenas de firmantes encabezados por el ultra derechista Hermógenes Pérez de Arce se puede encontrar identidades políticas idénticas a los asesinos de Schneider. Con qué derecho atacan al comunismo por privar de derechos o libertades a las personas si ellos mismos justifican la dictadura de Pinochet con todos sus crímenes juzgados y -ahora sí- conocidos por todo el mundo?.

Hermógenes Prez de ArcePero, asimismo, no cabe duda que puede haber unas decenas de personas que creen que poner bombas en nombre de un confuso anarquismo podrá remecer la sociedad para cambiarla. Nunca las cosas han pasado así. Pero de que los hay, los hay. Incluso alguno de ellos quedó lisiado de por vida por una explosión prematura. Otro, en nombre de una lucha mapuche -en todo caso más respetable- terminó gravemente herido por una bala respondiendo a un incendio (hoy tiene 17 años de cárcel y, probablemente, hubiese sido más útil para su comunidad tenerlo con ellos). Los unos son tan Hermógenes como el otro. Apenas los diferencia el lugar o el personaje que atacan. La violencia, podría decir alguien, favorece a uno de los extremos y eso no es cierto tampoco. La violencia conduce a los enfrentamientos y los enfrentamientos los gana los que tienen las armas y, por ello, son los fascistas y no los anarquistas que tienen las de ganar.

Resulta muy importante, frente a esta oleada de amenazas (digo bien amenazas y no atentados) que el gobierno no se remita a asuntos policiales sino que tome la iniciativa para firmar un pacto nacional con todos los partidos. Especialmente importante es que la UDI asuma posición, contra el uso de las armas y las amenazas armadas para resolver temas políticos. Esto debiese incluir en un lugar privilegiado de los estatutos el respeto a la democracia y el rechazo a las dictaduras. Cabe, asimismo, solicitar en dicho pacto que todo partido que pretenda competir en democracia debe incluir en su primera definición estatutaria el negarse a cualquier uso de métodos dictatoriales para intentar resolver los problemas políticos del país.

– El autor, Rafael Urriola, es Editor Primera Piedrabombas

 

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