El Tío: La película de Ignacio Santa Cruz, sobrino de Jaime Guzmán

Dentro del surrealismo de una elección de Presidente, donde se ha hablado a calzón quitado sobre las torturas y asesinatos durante el gobierno de Pinochet, irrumpe en el monótono mercado fílmico chileno, una película cuyo nombre solamente provoca alzas de presión en muchos chilenos.  Y es que el que puso el tema sobre la mesa, es un actor al cual el destino lo hizo  ser sobrino carnal de Jaime Guzmán y la película tiene el provocador nombre de “El Tío”.  Pero en realidad debió llamarse:  “Yo no soy Jaime Guzmán”.

Dejemos en claro un punto, y es que el objetivo de esta película es el peregrinaje que Santa Cruz hace para dilucidar la verdad sobre si mismo, aceptarla y comprenderla.  Y en esta búsqueda, el tío es parte de los íconos familiares y le sirve como contrapunto artístico.

Un personaje especial, venerado y odiado con intensidad por muchos chilenos y único referente masculino en esa familia, asesinado cuando Santa Cruz tenía 10 años.

Jaime Guzmán, ideólogo de la Constitución que nos rige desde 1980, asesor de Pinochet en materias Jurídicas, fundador e ícono de la UDI, partido político que maneja la ideología asentada por Pinochet, Abogado Constitucionalista de la Universidad Católica, Profesor de Derecho y Senador designado, asesinado el 1 de Abril de 1991 por un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, no es fácil de  explicar ni de entender.

Primero Ignacio Santa Cruz produce una obra de teatro llamada de frentón  “Guzmán” que se estrenó en Abril, después de una investigación de varios años sobre el personaje.   Esta obra es el resultado de la obsesión del sobrino de explicar y comprender a este tío tan peculiar, en una familia sin padre ni abuelo.

La génesis de esta obra fue muy complicada dado que el personaje provocaba lipiria en la mayoría de los actores, libretistas y directores que junto con Santa Cruz le dieron forma teatral.

El otro tema complicado fue la homosexualidad de Santa Cruz, que también encontró resistencia en algunas personas incluso del medio artístico. Pero este tema, siendo parte constituyente de la personalidad de Santa Cruz y seguramente el objeto primario de integración y aceptación, era no solo ineludible sino que muy visible.

Lo genial es que con todos estos problemas de producción de la obra teatral, aumentados por la vida amorosa de Santa Cruz que de frentón se entrelaza con esta puesta de escena teatral, y algunos cuadros evocativos de la vida de Guzmán que dejan entrever las influencias familiares o religiosas que intervienen en la formación de una   personalidad bizarra  neurótica obsesiva, Santa Cruz hace una película.

Y le resulta bastante bien. Y uno se puede imaginar que para Santa Cruz esta película es la catarsis sobre su propia realidad, ya que ciertos temas familiares suelen abarcar varias generaciones y se repiten con frecuencia.

Familias matriarcales, niños sin imagen de padre, muertes prematuras, mujeres normativas afirmadas en normas morales férreas casi inhumanas, tan comunes en nuestra clase alta, que no crían hijos sino próceres emocionalmente castrados.  Y la Religión, que debería ser el consuelo, es usada como la cadena que ata y castiga al trasgresor.

La Ciudad de Dios no es un lugar de chinganas ni de festejos, es un lugar de normas y obligaciones, donde las castas superiores deben velar por el orden y las “buenas” costumbres.

Esa es la ideología que impregnó a Guzmán y sobre la cual construyó la Constitución de 1980, Constitución que por supuesto fue aprovechada por estas castas superiores que siempre tienen las cartas marcadas y el número premiado, para hacer sus buenos negocios y moralmente hacen lo que les da la gana.  Al resto del mundo lo condenaron a joderse y aguantar en los temas valóricos, que para ellos son todos los que ocurren entre el ombligo y las rodillas, AMGD (A Mayor Gloria de Dios).

La usura, el robo de los bienes comunes o del estado, la desprotección de los más desvalidos, eso no es lo importante. Lo importante es que una niña de 9 años violada tenga a su hijo, porque la vida humana es trascendente desde el momento de su concepción, San Jaime Guzmán dixit.

Bajo esta Constitución se mata gente, se tortura y se viola, y San Jaime tuvo que enfrentarse al horroroso hecho de que la vida real no es una idealización platónica, y él en su mundo sin pasiones lujuriosas construyó una norma que no solo no protegió al desamparado, sino que le entregó el discernimiento de las personas a un grupo que él, en su chifladura mística creía que eran santos.  O por lo menos bien comportados.

Santa Cruz no entra en estas disquisiciones, pero si muestra algunas discusiones en la cátedra de leyes donde se notan las  contradicciones ideológicas de este hombre, cuya lógica racional está basada en supuestos religiosos.

Lo surrealista del tema es que la UDI, sin ver la película, se ofendió cual damisela caprichosa, sin saber que el famoso Tío es solo un telón de fondo para la catarsis de Santa Cruz y que la película no revela nada que la mayoría de los chilenos no sepa.

Y también la familia del susodicho saltó públicamente, porque me imagino que la exposición de Santa Cruz de sus preferencias sexuales, ofendió  su concepto de mundo. Porque nadie acusó a Guzmán de homosexual activo en la película, aunque muchos pensaran en la platea del cine, que si lo era, en cambio la vida de Santa Cruz quedó bastante expuesta.

Santa Cruz supone que Guzmán tuvo sus encontronazos con la realidad, con su padre donde se le muestra como un petimetre asqueado e impaciente con el avejentado alcohólico que frecuentaba ambientes vulgares.  Con Manuel Contreras, que tenía más poder que Pinochet, que era la antítesis de un caballero y habitaba oscuros sótanos donde se violaban a las prisioneras políticas. Con sus alumnos, donde comenzaba las clases rosario en mano rezando el Ave María y disertaba con gran verba hasta que alguno de los asistentes le mostraba las contradicciones lógicas de su pensamiento, la contradicción filosófica de su Constitución, y los supuestos ideológico religiosos donde basaba sus construcciones filosóficas, que lo llevaban a conclusiones no necesariamente verdadera.

La película sale airosa manejando todos esos planos de la realidad, y no es banal ni frívola.

Y habiendo sido testigos de la catarsis de Santa Cruz, puede que nos haga pensar  sobre como personas inteligentes como Guzmán, pero absolutamente despegadas de las experiencia fundamentales de contacto humano y castradas en lo emocional, conciban mundos ideales e inhumanos y de ahí deriven ideologías que, por azares de la historia, puedan ser impuestas como estructuras rígidas a millones de personas.

Octubre, 2013

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  • José Maria Vega Fernandez

    Excelente.